Arón Piper, en Madrid, el pasado mes de mayo.
Arón Piper (29): "A los 17 años dejé la mala vida y fui a Madrid a perseguir un sueño. Antes mi futuro era acabar preso"
El actor, que rozó el abismo en la adolescencia, ha repasado el volantazo vital que lo salvó de la cárcel antes de convertirse en un fenómeno global.
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A los 17 años, Arón Piper (29 años) tenía dos opciones reales: el calabozo o el abismo. Mientras su generación terminaba el bachillerato, él acumulaba mudanzas rotas, un consumo diario de drogas en los parques de Avilés y una certeza sombría: su destino natural era la cárcel.
Hoy llena estadios como músico y firma audiencias millonarias en plataformas globales, pero su biografía no se entiende desde la alfombra roja, sino desde el volantazo desesperado que dio al huir a Madrid para no terminar entre barrotes.
Antes de que Élite reventara su vida en 2018 y le permitiera comprarle una casa a su madre, Piper ya sabía lo que era actuar. A los 14 años había puesto la cara en Maktub y rozado un Goya por la canción original de 15 años y un día, dirigida por Gracia Querejeta.
Pero el talento bruto no frena la caída cuando la cabeza está en otra parte. El desarraigo de saltar de Berlín a Barcelona, Gerona y finalmente al norte asturiano terminó de volar los puentes, empujándolo a una doble vida donde el cine era un espejismo y la calle, una amenaza diaria.
"Vivía dos vidas"
El cambio de paisaje no fue gratis. La llegada a Asturias descolocó por completo a un adolescente que no terminaba de encajar los golpes del nomadismo familiar. La respuesta inmediata fue buscar refugio en la quema de etapas por la vía rápida y la compañía equivocada.
"Vivía dos vidas, estaba con los porros y otras drogas. Ahora me doy cuenta de que pasé un momento no tan bueno por haberme ido de Cataluña. Porque no lo interioricé", relató el intérprete en una entrevista con El País, en 2023.
"A los 17 o así dejé de drogarme, dejé la mala vida y me vine a Madrid a perseguir un sueño. Antes no tenía futuro, no tenía nada. Mi futuro era acabar preso", proseguía diciendo sobre el incierto porvenir que tenía por delante en sus años de juventud.
En su caso, meter la ropa en una maleta y bajarse en la estación de Atocha frenó el descarrilamiento en seco. Pero levantó una tormenta interna. Al apagar los excesos de golpe, la resaca emocional se tradujo en un cuerpo que no daba tregua.
"Al dejarlo todo, te alcanza la realidad y te llegan las ansiedades", ha admitido Piper al recordar los episodios severos de depresión y los ataques de pánico que lo paralizaron durante meses mientras intentaba ganarse un sitio en los castings de la capital.
La rampa de despegue y el ruido mediático
Las cuentas empezaron a salir tras pelear apariciones en producciones como El secreto de Puente Viejo, La corona partida o Centro Médico.
El golpe definitivo de mesa llegó en 2018 con el personaje de Ander en Élite. La serie de Netflix no solo catapultó su nombre a escala internacional, sino que saneó de golpe la economía de su casa.
"Ha sido el trampolín a todo lo que viene después. Gracias a eso pude comprar una casa a mi madre y he tenido oportunidades que de otra manera no habrían llegado", reconocía en el podcast Nude Project.
El reverso del éxito masivo trajo una lupa permanente sobre su vida privada. Su noviazgo con la modelo Jessica Goicoechea entre 2020 y 2022 ocupó portadas de forma recurrente hasta su ruptura.
Poco después, unas imágenes virales bailando junto a la estrella del pop Dua Lipa en una discoteca madrileña terminaron por certificar que su nombre ya cotizaba en la conversación global.
Lejos de los parques de Avilés y de los años en los que no veía un mañana, Arón Piper gestiona hoy su carrera sabiendo que la decisión más importante de su vida no la tomó delante de una cámara, sino el día que decidió huir de la calle para no terminar en una celda.