Rossy de Palma en la presentación del Festival de Málaga en Madrid.

Rossy de Palma en la presentación del Festival de Málaga en Madrid. Gtres

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Rossy de Palma, 61 años, sobre su infancia: "No soñaba con ser actriz. Soy una persona bastante natural y no me quería definir"

La actriz recuerda con EL ESPAÑOL cómo fue la niña que nunca pensó en la fama y reivindica una vida sin etiquetas ni ínfulas.

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En un momento de madurez profesional y vital, Rossy de Palma (61 años) echa la vista atrás con la serenidad de quien ha aprendido a vivir con su propia identidad sin necesidad de estar encorsetada.

La actriz, icono del cine español y rostro imprescindible del universo de Pedro Almodóvar (76), habla con EL ESPAÑOL durante la presentación del Festival de Málaga en Madrid sobre una etapa poco conocida de su vida: su infancia.

Lejos de la imagen magnética que proyecta, Rossy fue una niña que no soñaba con focos ni alfombras rojas. "Bueno, yo no soñaba con esto, ¿eh?", confiesa con naturalidad cuando se le pregunta si de pequeña imaginaba estar donde está hoy.

Y añade, desmontando cualquier relato bonito: "Soñaba con cosas mucho más corrientes y molientes".

En su vida nunca hubo ambición profesional temprana ni de esa narrativa habitual del artista que desde niño sabía cuál sería su destino. En su caso, la aspiración era mucho más íntima.

Rossy de Palma en el festival de Cannes.

Rossy de Palma en el festival de Cannes. Gtres

"Soñaba con tener una felicidad dentro. La felicidad se tiene que tener dentro y da igual dónde estés, se está bien", explica. Una frase que resume buena parte de su filosofía de vida: el éxito no es una meta externa, sino un estado interior.

Rossy rehúye también del concepto de carrera entendido como una competición por ver quién es mejor. "No tengo esta cosa de carrerismo ni la carrera", asegura.

Se define como "una intérprete" conocida por su faceta pública, pero reivindica otras dimensiones de su trabajo menos visibles y más personales: "Hago muchas cosas que tienen que ver con la parte terapéutica del arte, de ser, de hacer cosas, la artesanía". Para ella, el arte no es solo exposición, sino también proceso, introspección y sanación.

Quienes la conocen destacan su ausencia de ínfulas, algo que también ha trasladado a la educación de sus hijos. Durante la conversación surge el recuerdo de cómo siempre ha defendido la normalidad y la tolerancia como pilares fundamentales.

Rossy de Palma en la presentación del 29 Festival de Málaga en Madrid.

Rossy de Palma en la presentación del 29 Festival de Málaga en Madrid. Gtres

Sin embargo, Rossy evita convertirlo en un discurso grandilocuente. "Esto más depende de las personas", apunta, esquivando cualquier tono moralizante.

Si hay una idea que atraviesa su infancia y que, según cuenta, marcó su manera de estar en el mundo, es su rechazo a las etiquetas. "Yo sí que lo que sabía desde muy niña, siempre decía: 'No me defino, porque eso es limitarse'", revela.

Una frase que sorprende por su lucidez temprana. "Lo decía muy pequeña ya, ¿eh? Y es verdad, porque uno no se conoce; entonces ya te define: 'Soy así, soy asá'".

Para Rossy, definirse es cerrarse puertas. "Yo siempre no me he querido definir, porque así estás abierto a todo", afirma. Una declaración que cobra aún más sentido en una trayectoria marcada precisamente por la ruptura de moldes y la reivindicación de la diferencia.

A sus 61 años, lejos de encasillarse en un personaje o en una etiqueta, Rossy de Palma sigue fiel a aquella niña que prefería no ponerse límites.

No soñaba con ser actriz, ni con la fama, ni con los aplausos. Soñaba, simplemente, con ser feliz por dentro. Y quizá ahí resida el verdadero secreto de su autenticidad.