Algunos de los componentes de la banda musical Triplets Ghetto Kids.
La dura historia tras Ghetto Kids, la banda callejera de niños de Uganda que bailará junto a Shakira en el Mundial 2026
Este grupo de talentosos jóvenes pasó de vivir en la absoluta pobreza de las calles de Kampala a obtener proyección internacional gracias a una fundación.
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"He estado viendo creaciones increíbles para el Dai Dai, la canción oficial de la Copa del Mundo, y voy a necesitar bailarines para el espectáculo de Medio Tiempo. Quiero que ese momento sea especial para todos vosotros e inolvidable. Por eso ya invité a los niños de Uganda".
Hace referencia la de Barranquilla a un grupo de bailarines que se hacen llamar Ghetto Kids. Esta frase la han entonado, hace unas horas, Shakira (49 años) en Instagram. En la grabación se aprecia la vastaemoción que la embarga ante su próximo reto de actuar en el Mundial 2026.
No obstante, esas líneas, a priori insignificantes, han hecho estallar de felicidad a unos niños de Kampala. Unos chavales talentosos, que, pese a su situación de pobreza, descubrieron un prodigioso don, que supieron cultivar y profesionalizar a su manera: el baile.
Esta es la historia, dura, de una banda callejera que jamás soñó que podría tocar el cielo, construir sueños o, directamente, permitirse soñar. Millones de personas han celebrado esta fusión poderosa de una superestrella global y un grupo de jóvenes que conquistan el mundo.
Aquí, dos datos incontestables: en TikTok, la banda cuenta con 12,9 millones de seguidores; y en Instagram, con 9. Tras esas cifras hay esfuerzo, dedicación y, sobre todo, la ayuda de una fundación que les cambió la vida a todos estos jóvenes.
Los Triplets Ghetto Kids -conocidos también como Ghetto Kids Uganda- no son un grupo de baile convencional. Son un fenómeno cultural, un símbolo de superación y un recordatorio de que el talento puede florecer incluso en los entornos más adversos.
Su historia comenzó hace más de una década, cuando un joven ugandés llamado Dauda Kavuma, profesor y trabajador social, decidió crear un espacio seguro para niños que vivían en condiciones extremas.
Esto es, huérfanos, víctimas de violencia, menores sin hogar o en riesgo de exclusión. Lo que empezó como un pequeño proyecto comunitario se transformó en una plataforma que cambiaría vidas. Creó una fundación que llevaba su nombre.
Kavuma, que creció él mismo en un barrio humilde, entendía mejor que nadie el poder transformador del arte. Su idea era simple pero revolucionaria: usar la danza como herramienta para sacar a los niños de la calle, darles estructura, autoestima y una oportunidad real de futuro.
Unos jóvenes del grupo durante uno de sus bailes.
Los primeros ensayos se hacían en patios de tierra, sin música profesional, sin espejos, sin recursos. Pero había algo que sí tenían: una energía desbordante y una alegría contagiosa que pronto llamó la atención más allá de su barrio.
El salto a la fama llegó en 2014, cuando los niños aparecieron en el videoclip Sitya Loss, del artista ugandés Eddy Kenzo (36). El vídeo se volvió viral en África y luego en todo el mundo.
De repente, los pequeños bailarines que ensayaban descalzos en Kampala estaban en los teléfonos móviles de millones de personas. Su estilo -una mezcla de danza africana, acrobacias y una expresividad arrolladora- se convirtió en su sello.
Pero lo que realmente conquistó al público fue su autenticidad; bailaban como si la vida dependiera de ello, porque en cierto modo así era. A partir de ese momento, los Triplets Ghetto Kids comenzaron a recibir invitaciones internacionales.
Actuaron en premios, programas de televisión y eventos benéficos. En 2017, su popularidad dio un salto gigantesco cuando French Montana (41) los invitó a participar en el videoclip de “Unforgettable”, uno de los mayores éxitos globales del año.
El vídeo, rodado en Uganda, amplificó su fama y visibilizó la realidad de los barrios más pobres del país. La colaboración fue tan significativa que Montana financió parte de la construcción de una nueva casa para los niños, con dormitorios, aulas y un espacio de ensayo digno.
Pero la viralidad no se detuvo ahí. Con la llegada de TikTok, los Ghetto Kids encontraron un escenario perfecto para su estilo explosivo. Sus coreografías, llenas de saltos, giros y sonrisas, se convirtieron en tendencia.
Millones de usuarios replicaban sus pasos, y celebridades de todo el mundo compartían sus vídeos. La plataforma les permitió conectar con una audiencia global sin intermediarios, mostrando su talento y su vida diaria; los ensayos, las bromas, las comidas comunitarias y estudio.
Los Triplets Ghetto Kids.
Pronto, la gente no sólo los admiraba; los quería. Detrás de cada vídeo viral había una historia personal marcada por la adversidad. Muchos de los niños habían perdido a sus padres por enfermedades, conflictos o pobreza extrema. Otros habían vivido en la calle antes de unirse al grupo.
Kavuma se convirtió en una figura paterna, y la casa del proyecto, en un hogar donde podían dormir seguros, comer tres veces al día y asistir a la escuela. La danza era el vehículo, pero la misión era mucho más grande: darles una vida digna.
El reconocimiento internacional llegó también desde la industria del entretenimiento. En 2023, los Ghetto Kids hicieron historia al convertirse en el primer grupo en recibir el Golden Buzzer de Britain’s Got Talent en mitad de una actuación, antes incluso de terminarla.
El público se puso en pie, los jueces se emocionaron y el vídeo volvió a recorrer el mundo. Para los niños, fue una validación poderosa: estaban demostrando que su talento no tenía fronteras.
Y entonces llegó Shakira
La artista colombiana, que ha colaborado con talentos emergentes de todo el mundo, llevaba tiempo siguiendo a los Ghetto Kids en redes sociales. Admiraba su energía, su disciplina y su capacidad para transmitir alegría incluso en los momentos más difíciles.
Cuando la FIFA confirmó que Shakira sería la encargada del espectáculo musical de la final del Mundial 2026, la cantante quiso que su actuación incluyera un mensaje de unión global. Y pensó en ellos.
La noticia fue celebrada en Uganda como un triunfo nacional. Medios locales destacaron el impacto del grupo en la juventud del país, y el gobierno elogió su capacidad para llevar la cultura ugandesa al mundo.
En Kampala, los vecinos del barrio donde nació el proyecto organizaron una fiesta improvisada. Para ellos, ver a los niños en un escenario global era un recordatorio de que los sueños, incluso los más improbables, pueden hacerse realidad.
Su querida Barranquilla
Shakira, en una actuación.
Shakira nació en Barranquilla, la ciudad caribeña que moldeó su identidad artística y emocional desde la infancia. Creció entre ritmos costeños, acentos diversos y una mezcla cultural que más tarde se convertiría en la base de su sonido único.
En sus entrevistas siempre ha recordado cómo la música que escuchaba en las calles -vallenato, champeta, cumbia, rock latino- se mezclaba con los discos que sonaban en casa, creando un universo sonoro que la acompañó desde niña.
Barranquilla fue también el lugar donde empezó a cantar en concursos escolares, donde escribió sus primeras canciones y donde descubrió que su voz podía abrirle un camino en el mundo.
Esa ciudad, con su energía vibrante y su espíritu festivo, se convirtió en el punto de partida de una carrera global.
A pesar de su éxito internacional, Shakira nunca ha dejado de sentirse profundamente unida a Barranquilla. Lo ha dicho en innumerables ocasiones: la ciudad es su raíz, su refugio emocional y el lugar que le recuerda quién es más allá de los escenarios.
Ha regresado para apoyar proyectos educativos, inaugurar escuelas y participar en iniciativas sociales, siempre con la convicción de que su compromiso con la comunidad es parte esencial de su identidad.