Harald junto a su amigos pescadores.

Harald junto a su amigos pescadores. Asociación de pesca de salmón de Alta.

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Estos son los amigos pescadores de Harald V: el día que el rey estuvo a punto de noquear a su escolta en una jornada en el río

Los acompañantes y confidentes del monarca asistieron a su despedida en la catedral de Oslo, en un funeral sin barreras de clases.

Más información: La despedida de Harald V elimina las barreras de clases: la realeza europea y sus amigos pescadores, juntos en su funeral

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El rey Harald adoraba sus viajes a Mikkeli, una ciudad finlandesa al sureste del país y al río Alta, al noreste de Noruega. Lejos de las cámaras, los protocolos y las carreteras transitadas, ambas zonas se convertían cada verano en su particular santuario. Allí podía ser él mismo y, sobre todo, entregarse a su mayor pasión: la pesca.

Harald, un apasionado de la naturaleza, acudía siempre entusiasmado a su cita anual con el salmón, una tradición que compartía con muchos de sus compatriotas y que reforzaba su imagen de 'rey ciudadano'.

En estas jornadas, el monarca no era tratado con la reverencia habitual de palacio, sino como un compañero más, alguien con quien compartir el silencio del río y la espera paciente bajo la lluvia nórdica.

El príncipe Harald en uno de sus viajes de pesca en 1967.

El príncipe Harald en uno de sus viajes de pesca en 1967. Geety Images

Cuando se confirmó el fallecimiento del Rey, el pasado 28 de agosto a los 89 años, la conmoción llegó también a las orillas del Alta.

Harald V creció practicando deportes al aire libre como el esquí, la caza y la pesca, actividades que la Familia Real noruega fomentaba como parte esencial de su estilo de vida. Desde niño, su padre, el rey Olav V, le inculcó el amor por la naturaleza y le mostró un espacio donde podía desconectar de las obligaciones del Estado.

La primera vez que Harald fue al río Alta, considerado uno de los mejores y más exclusivos del mundo para la pesca del salmón atlántico, los responsables de la zona contrataron a tres de sus mejores pescadores para que remaran para el Rey y le enseñaran los mejores lugares de pesca.

Pronto, lo que comenzó como una misión real, se convirtió en una amistad que perduró a lo largo de tres décadas. Así que a nadie le extrañó cuando este miércoles, 9 de septiembre, los amigos pescadores de Harald se mezclaban con la realeza europea y otros invitados ilustres en la catedral de Oslo durante el funeral de Estado de Harald.

En una entrevista para la Asociación de pesca de salmón de Alta, el padre de Haakon (53 años) llegó a reconocer que lo más agradable de sus estancias estivales en el río era, sin duda alguna, la compañía de sus amigos.

Con ellos no solo compartía afición, también confidencias. "Solíamos decir que lo que pasa en el río, se queda en el río", confesaba uno de ellos estos días al medio noruego Vg, tras la muerte del monarca.

Entre las anécdotas que rodean las jornadas de pesca del rey Harald destaca un incidente ocurrido hace unos años durante la primera semana después de la apertura de la temporada, cuando aún estaba permitido pescar con cucharilla.

En aquella salida, el monarca iba acompañado, entre otros, por un agente de seguridad a bordo de la embarcación. Mientras el Rey lanzaba su caña desde el lado derecho de la barca, uno de sus acompañantes percibió que el lance iba demasiado bajo, justo por encima de la cabeza del guardaespaldas.

El temible presentimiento se confirmó: la cucharilla, equipada en aquella época con tres anzuelos triples, impactó de lleno en la sien del agente, que se desplomó hacia atrás, desmayado.

"¿Qué ha sido eso?", preguntó un sorprendido Harald. El anzuelo se había enganchado en el ala del sombrero del agente, y fue precisamente el sombrero lo que amortiguó el golpe; de no haber sido así, las consecuencias podrían haber sido fatales. El equipo tuvo que llevar al guardaespaldas a tierra para que se recuperara.

El rey Harald pescando en el río Alta.

El rey Harald pescando en el río Alta. Youtube

Quienes estuvieron allí lo recuerdan como la única vez en que el Rey había estado a punto de noquear a su propio guardaespaldas durante una jornada de pesca.

Su récord personal también ha quedado registrado. El mayor ejemplar que logró pescar Harald fue un salmón de 15 kilos y medio. Lo celebró con un brindis y se lo llevó a palacio para servirlo el día de Navidad.

Era una práctica habitual que el salmón capturado por el monarca durante sus jornadas en el río Alta terminara directamente en la cocina del palacio para las cenas privadas de la Familia Real.

La profunda vinculación de Harald con el río Alta y los pescadores que lo acompañaron queda también reflejada en gestos como el que tuvo tras el fallecimiento, en 2014, de uno de los guías y acompañantes habituales del monarca en sus jornadas de pesca.

En aquella ocasión, Harald envió un mensaje personal de condolencia a la familia del fallecido, un detalle que, según quienes conocen de cerca estas expediciones, demuestra el aprecio y el respeto del rey por sus amigos locales. Para ellos, la muerte del monarca supone el fin de una era.