El casco histórico de Vigo.

El casco histórico de Vigo. Pexels

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La ciudad romana donde desconecta Jesús Cintora: es del siglo II d.C, 300.000 habitantes y poblado de la Edad del Hierro

El periodista elige Vigo como refugio: un enclave con pasado romano, un castro en pleno centro y la ría como escenario perfecto para desconectar entre historia, naturaleza y gastronomía.

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Entre el bullicio contemporáneo y las luces del puerto, Vigo esconde una historia que se remonta mucho más allá de lo que su fachada moderna deja entrever.

Es aquí donde Jesús Cintora encuentra un refugio inesperado: una ciudad que combina anonimato, naturaleza y un legado arqueológico que conecta directamente con el siglo II d.C.

Aunque el titular hable de una "ciudad romana", conviene matizar con rigor que Vigo no fue una urbe amurallada al estilo de Lugo.

En época romana era un vicus, un asentamiento marítimo y comercial cuya actividad giraba en torno a la salazón. Bajo el actual entramado urbano se oculta lo que fue uno de los mayores centros de producción de sal del noroeste peninsular.

El centro histórico de Vigo.

El centro histórico de Vigo. Pexels

Durante el siglo II d.C., en pleno auge del Imperio, la ría se convirtió en un enclave estratégico desde el que se exportaban productos a distintos puntos del mundo romano.

Pero si hay un lugar donde el pasado se hace tangible es en el Monte del Castro. En pleno corazón de la ciudad, este parque elevado alberga la reconstrucción de un poblado castreño de la Edad del Hierro.

Tres viviendas circulares, con muros de piedra y techos de paja, permiten al visitante imaginar cómo era la vida entre los siglos VI a.C. y II d.C. Es precisamente esa transición -del mundo castreño al romano- la que define la identidad de Vigo.

Desde este enclave, además, las vistas se abren a la ría y a las Islas Cíes, un paisaje que invita a la pausa y explica por qué resulta tan fácil "desconectar".

El rastro romano continúa en la Villa romana de Toralla, situada junto a la playa del Vao. Se trata de la única villa romana de Galicia excavada íntegramente y abierta al público.

En ella se pueden recorrer las estancias de una residencia señorial, observar el sistema de calefacción por hypocaustum y descubrir unas termas privadas que evidencian el nivel de sofisticación de la época.

Las calles de Vigo.

Las calles de Vigo. Pexels

A este legado se suma el Centro Arqueológico Salinae, un yacimiento subterráneo poco conocido que permite comprender la magnitud de la industria salinera romana.

Es, de hecho, una de las pocas salinas marinas romanas conservadas y musealizadas del mundo.

Con cerca de 300.000 habitantes, Vigo ofrece hoy una combinación difícil de igualar: la vitalidad de una gran ciudad sin perder la conexión con la naturaleza. Barrios como Bouzas o enclaves como el Mercado de la Piedra completan una oferta gastronómica basada en pescados y mariscos de primer nivel.

En ese equilibrio entre historia, paisaje y vida cotidiana reside el verdadero atractivo de este destino gallego, donde el pasado no solo se visita, sino que se respira.