Pescadería de Mercadona.

Pescadería de Mercadona.

Actualidad gastronómica

Mercadona cierra para siempre sus pescaderías tradicionales: insiste en que así mejora la calidad alimentaria del pescado

La cadena, que cuenta con más de 1600 supermercados en España, redefine su modelo de venta de pescado fresco.

Más información: Ya es oficial: Mercadona baja los precios de aceite, leche, galletas, yogures, patatas y hasta 100 productos en 2026

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Comer pescado al menos dos o tres veces por semana no es un capricho de nutricionistas, es una de las recomendaciones más firmes de la Organización Mundial de la Salud, que sitúa este alimento como pilar de cualquier dieta equilibrada por su aporte de proteínas de alto valor biológico, omega-3, vitamina D y minerales esenciales.

Sin embargo, en España comemos cada vez menos pescado fresco.

Falta de tiempo, pereza a la hora de manipularlo, colas en el mostrador de la pescadería y el eterno miedo a que se quede seco al cocinarlo han ido alejando a muchos consumidores de la sección de venta de pescado fresco. Mercadona lo sabe. Y acaba de mover ficha.

Mercadona cierra la pescadería

La cadena valenciana ha confirmado lo que llevaba meses gestándose en forma de rumor y proyecto piloto: el mostrador tradicional de pescadería desaparece de todos sus supermercados.

En su lugar, todo el pescado pasa a venderse en bandejas refrigeradas de autoservicio, limpio, cortado (en filetes, rodajas o piezas enteras) y listo para cocinar.

El cambio forma parte de la implantación progresiva de las llamadas Tiendas 9, el nuevo formato con el que Mercadona pretende cerrar 2026 con alrededor de 60 establecimientos renovados en toda España.

Desde la compañía aseguran que la decisión no ha sido improvisada. Según su comunicado oficial, detrás hay dos años de análisis en los que se han recopilado miles de datos, resultados de pruebas ciegas, encuestas y opiniones recogidas directamente en tienda.

La conclusión a la que llegaron fue que, aunque la calidad del producto en origen era buena, la experiencia final del cliente en casa no siempre estaba a la altura. Demasiadas manipulaciones, demasiado tiempo entre la compra y la cocina, demasiadas barreras para quien simplemente quiere llegar, abrir y cocinar.

Las razones de Mercadona

El argumento central de la cadena de Juan Roig gira en torno a la frescura. Su objetivo es reducir al máximo el tiempo que transcurre desde que el pescado sale del agua hasta que llega al plato del cliente.

Al centralizar la preparación y envasar el producto en origen, se minimizan las manipulaciones en las tiendas y se mantiene mejor la cadena de frío.

Las bandejas, además, permiten una conservación más prolongada; según la empresa, el pescado envasado puede mantenerse en perfecto estado hasta seis días en la nevera, frente a los dos que suelen recomendarse para el de mostrador.

La mayoría de estos productos pueden congelarse directamente en su envase, salvo cuando la etiqueta indica lo contrario, con la recomendación de consumirlos en el plazo de un mes.

Mercadona también apunta a la reducción del desperdicio alimentario, ya que el formato en bandeja facilita comprar cantidades más ajustadas al consumo real de cada hogar. Y, por supuesto, está el factor velocidad: sin colas, sin esperas y sin tener que explicar al pescadero cómo queremos el corte.

Lo que gana el consumidor (y lo que puede perder)

Sería injusto no reconocer que el nuevo modelo que propone la cadena valenciana resuelve problemas reales.

Para familias con poco tiempo, para quienes no se sienten cómodos pidiendo en un mostrador o para aquellos a quienes limpiar un pescado les resulta una odisea, la bandeja lista para cocinar puede ser el empujón definitivo para incorporar más pescado a su dieta semanal.

La trazabilidad mejora, la higiene se estandariza y la información nutricional queda claramente visible en el etiquetado.

Pero conviene poner sobre la mesa lo que se queda por el camino.

La desaparición del pescadero elimina de golpe el asesoramiento personalizado; ese consejo sobre qué especie está de temporada, cómo preparar una merluza para un niño pequeño o cuántas rodajas pedir para cuatro comensales.

También se pierde la posibilidad de elegir la pieza concreta viendo el brillo de la piel, la firmeza de la carne, el color de las branquias… y pedir un corte a medida. Para el consumidor más experto, esa interacción es parte del valor de la compra.

Luego está la cuestión medioambiental. Aunque Mercadona afirma que las bandejas son reciclables y están fabricadas con materiales reciclados, el volumen de plástico que se genera por unidad de producto con este nuevo sistema aumenta de forma inevitable respecto al papel de parafina del mostrador tradicional.

Las redes sociales llevan meses señalando esta contradicción en un contexto en el que al consumidor se le cobra por la bolsa de plástico mientras se le multiplican los envases en cada compra.

Por último, la percepción de precio. Los usuarios pueden tener la sensación de que el pescado en bandeja sale más caro, al incorporar el coste del envasado y al dificultar la comparación directa de precio por kilo frente al mostrador abierto.

Un cambio que puede crear tendencia

Más allá del debate, lo cierto es que esta decisión marca un antes y un después en la distribución española.

Mercadona no es una cadena cualquiera dentro del panorama nacional; cuenta con más de 1.600 supermercados y una cuota de mercado que ronda el 28%.

Lo que hace Mercadona acaba condicionando, para bien o para mal, los hábitos de compra de millones de familias.

Y, si el nuevo modelo de Joan Roig consigue que más hogares incluyan pescado en su menú semanal, habrá cumplido un objetivo de salud pública nada desdeñable.