Una joven tomándose unos frutos secos en el gimansio.

Una joven tomándose unos frutos secos en el gimansio. iStock

Salud

Confirmado por los científicos: hasta un 20% de las personas no pierden peso pese a que hagan dieta y ejercicio correctamente

Un estudio ha demostrado por qué hay algunas personas que, lejos de perder peso, llegan a ganarlo aunque hayan seguido una rutina de forma disciplinada.

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Las claves

Hasta un 20% de las personas no logran perder peso pese a seguir correctamente dieta y ejercicio, según un estudio canadiense.

Factores como genética, estrés, perfil hormonal y características metabólicas influyen en que algunas personas sean "no respondedores" a los programas de pérdida de peso.

El organismo de algunos individuos reduce su gasto energético y aumenta el apetito ante la restricción calórica, dificultando la pérdida de peso incluso con disciplina.

Expertos sugieren que es necesario personalizar las estrategias para perder peso, adaptándolas al perfil metabólico, psicológico y social de cada persona.

Cuando una persona con obesidad se dispone a perder peso y no lo consigue, o incluso llega a ganar grasa en el proceso, se suele pensar que existe una falta de disciplina en sus intentos. Pero no siempre es así.

Así lo sugiere un estudio, publicado en la revista Nutrients y llevado a cabo por investigadores canadienses de la Universidad Laval en colaboración con la Universidad de Guelph: hasta un 20% de las personas que intentan perder peso serían "no respondedores" a los cambios de hábitos, a pesar de mantener una buena disciplina.

La obesidad no es solo la consecuencia de comer en exceso y moverse poco; hoy en día se sabe que esta enfermedad está influenciada por multitud de factores ambientales y variantes genéticas que dan lugar a un balance energético positivo, muchos de ellos fuera del control individual de cada persona.

Tradicionalmente, el fracaso en la búsqueda de la pérdida de peso se achacaba a la falta de adherencia o la falta de disciplina por parte de la persona que llevaba a cabo un protocolo de pérdida de peso.

No perdemos peso por igual

Sin embargo, como describe este nuevo trabajo, la respuesta a estos fracasos es mucho más compleja. De hecho, se ha demostrado que existiría un porcentaje significativo de personas que muestran una respuesta ineficaz, no llegando a perder peso, e incluso una respuesta adversa, llegando a ganar peso en el intento.

Según algunas investigaciones realizadas en gemelos, incluso controlando el nivel de actividad física y déficit energético, es decir, mediante una restricción diaria de calorías muy calculada, se han llegado a observar rangos de pérdida de peso entre 1 y 8 kg tras el paso de más de tres meses.

Por otro lado, otros trabajos donde se ha controlado de forma estricta el entrenamiento físico, teniendo en cuenta factores como la intensidad en base a la frecuencia cardíaca y el VO2Max, donde no había cabida a la falta de adherencia, se han observado que entre un 8% y un 13% de los participantes presentarían cambios contraintuitivos en los biomarcadores metabólicos.

De hecho, hasta un 7% de los participantes llegaron a experimentar un empeoramiento de su perfil cardiovascular en lugar de una mejoría como era de esperar. Al analizar qué características se asociarían a los "no respondedores", se han visto algunos factores que se repetirían entre ellos:

  • Un peso corporal inicialmente superior.

  • Mayores niveles de estrés percibido.

  • Una mayor frecuencia cardíaca en reposo.

  • Una mayor restricción dietética previa al programa de pérdida de peso.

  • Una peor regulación del apetito durante el programa de pérdida de peso.

  • Cambios hormonales menos favorables durante el programa de pérdida de peso.

  • Una potencial influencia genética en la respuesta al tratamiento.

En estas personas no parece existir un comportamiento diferente a los que sí responden al programa de pérdida de peso habitual, es decir, no hay una "falta de disciplina".

Sin embargo, lo que se ha observado en diversos estudios es que existen adaptaciones fisiológicas diferentes frente a este tipo de cambios de estilo de vida: ante un déficit energético, algunas personas experimentarían una reducción del gasto energético basal mayor de lo esperado.

Su organismo consumiría muchas menos calorías en reposo de lo esperable.

Asimismo, de forma simultánea, se producirían cambios en la regulación del hambre y la saciedad, dando lugar a un aumento del apetito y una menor sensación de plenitud, además de diversas alteraciones en las respuestas hormonales orientadas al control energético.

En conjunto, todos estos mecanismos actuarían como una forma de "defensa" del organismo, el cual sentiría como un peligro el hecho de reducir el consumo alimentario para perder peso, y dando lugar a serias dificultades para llegar a dicha pérdida.

En conclusión, los investigadores sugieren que sería necesario plantear otras estrategias en la búsqueda de la pérdida de peso. Existen personas que responden adecuadamente a los cambios de estilo de vida, pero también un porcentaje significativamente elevado que no responden, o que incluso empeoran, más allá de su fuerza de voluntad.

Sabiendo esto, en el futuro, los investigadores plantean la necesidad de focalizarse en la medicina de precisión, donde se deberían realizar intervenciones adaptadas al perfil metabólico, psicológico y social de cada persona, en lugar de aplicar los mismos cambios de estilo de vida a cualquiera de forma generalizada.