El sentido que nos permite hacer esto es la propiocepción.

El sentido que nos permite hacer esto es la propiocepción. Gtres

Salud Anatomía práctica

No tienes 5 sentidos, y otros 6 mitos sobre tu cuerpo desmentidos por la ciencia

Ni el calor se nos escapa por la cabeza ni el pelo sigue creciendo después de muertos. Y, desde luego, no usamos solo "el 10% de nuestro cerebro".

A lo largo de nuestra vida habremos escuchado muchas afirmaciones sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo, algunas de las cuáles, trasmitidas por seres queridos y figuras de autoridad desde nuestra infancia, estarán escritas en piedra para nosotros. Sin embargo, pueden haberse popularizado a lo largo de generaciones sin estar refrendadas por ninguna evidencia científica.

Seguro que en alguna ocasión te han recomendado abrigarte la cabeza en invierno porque perdemos más calor por ella, te han asegurado que la habilidad para doblar la lengua es genética o has oído que solo usamos el 10 % de nuestro cerebro. Estos son algunos de los grandes mitos sobre nuestro ser que los investigadores han derribado.

Mito: cuando mueres el pelo o las uñas siguen creciendo

Si aún crees que tus uñas o tu melena crecerán a su aire cuando estés dentro de una caja mortuoria, puedes quedarte tranquilo: no es más que un mito. Para continuar creciendo, tus uñas necesitan glucosa, cuyo suministro se detiene al perecer. Es por ello que dejan de producirse nuevas células de las uñas. Algo similar sucede con el cabello: cuando el corazón deja de bombear sangre rica en oxígeno, la división de células del folículo piloso también se suspende.

Este mito está relacionado con un fenómeno biológico real, según explicaba un estudio publicado en British Medical Journal: cuando fallecemos, la deshidratación y la desecación de nuestro cuerpo provocan que la piel se retraiga, lo que crea la ilusión óptica de que el pelo o las uñas han crecido. Así que no te dejes engañar por la niña de la película The Ring y su larga cabellera.

Mito: pierdes más calor por la cabeza

¿Tu abuela te recomendaba cubrirte la cabeza para que no se te helaran las ideas? ¿Te han aconsejado alguna vez protegerte la mollera para no quedarte completamente congelado? Ahora que llega el invierno, has de saber que lo de que se te escapa más calor por la cabeza que por el resto del cuerpo no es más que un mito, nacido a partir de un antiguo experimento militar en Estados Unidos. Los científicos proporcionaron a unos cuantos sujetos trajes de supervivencia al frío, pero sin gorros, por lo que, obviamente, perdían la mayor parte del calor por ahí.

Una investigación posterior refutaba la creencia: sus participantes pasaron 45 minutos en agua a 17 ºC, algunos con la cabeza sumergida y otros no. Esos sujetos perdieron un 10 % más de calor que el resto. Si tenemos en cuenta que la cabeza supone aproximadamente un 7 % de la superficie corporal, concluimos que no pierde más calor que otras zonas. "Cualquier parte del cuerpo descubierta pierde calor y reducirá la temperatura corporal central proporcionalmente", apuntaban investigadores de la Universidad de Indiana en British Medical Journal.

Taparte la cabeza está bien, pero no pienses que el frío se escapa solo por esa zona.

Taparte la cabeza está bien, pero no pienses que el frío se escapa solo por esa zona. Pixabay

Mito: enrollar la lengua depende de la genética

Probablemente tú también hayas puesto a prueba tu lengua en alguna ocasión para demostrar que eres capaz de doblarla o, por el contrario, que continúas sin saber cómo hacerlo. En 1940, un estudio realizado por el genetista Alfred Sturtevant aseguraba que esa habilidad era genética y se heredaba de padres a hijos. Y así, la creencia quedó arraigada.

Sin embargo, unos años después, los hallazgos de otro genetista derribaron el mito. Tras comparar las habilidades de 33 parejas de gemelos idénticos, y por tanto con los mismos genes, descubrió que, en varios casos, uno de ellos podía doblar la lengua pero el otro no. "Sabemos absolutamente y con seguridad que doblar la lengua no es un rasgo puramente genético", ha explicado John McDonald, investigador de la Universidad de Delaware. Tanto la genética como el entorno influyen en esa habilidad: McDonald pidió a 10 estudiantes que intentaran enrollar la lengua durante unos días, y uno de ellos lo logró.

Mito: solo usamos el 10% de nuestro cerebro

Puede que en alguna ocasión hayas escuchado o leído que solo le sacamos provecho a una décima parte de nuestra capacidad cerebral. El origen de este mito no está claro, pero eso no ha impedido que haya continuado propagándose durante décadas. Sin embargo, la realidad es que los escáneres cerebrales demuestran que nunca hay una zona del cerebro completamente inactiva, ni siquiera cuando dormimos.

"Resulta, sin embargo, que utilizamos virtualmente cada parte del cerebro y que la mayor parte del cerebro está activa casi todo el tiempo", ha explicado el neurólogo Barry Gordon, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. "Pongámoslo de esta manera: el cerebro representa el 3% del peso del cuerpo y utiliza el 20% de su energía".

Mito: tenemos cinco sentidos

La vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato… Todos memorizamos en el colegio que esos eran los únicos sentidos, tal y como los enumeró Aristóteles. Sin embargo, esa lista se ha quedado corta para algunos investigadores. Por ejemplo, ¿a que sabes tocarte la nariz aunque cierres los ojos? Esta facultad se debe a la propiocepción, es decir, la percepción de las articulaciones y movimientos del cuerpo.

Los propioceptores, receptores de la posición y del movimiento de articulaciones o músculos, están asociados a esta capacidad, calificada como un sexto sentido. Recientemente, un estudio publicado en The New England Journal of Magazine apuntaba a que un gen, llamado Piezo2, como responsable de esa conciencia de nuestro cuerpo. La nocicepción (la percepción del dolor) o la termocepción (que nos permite saber si hace calor o frío) también suelen ser considerados como sentidos más allá de los clásicos.

A la hora de enrollar la lengua, la genética no es determinante.

A la hora de enrollar la lengua, la genética no es determinante. Commons

Mito: el vello crece más fuerte y oscuro cuando te afeitas

Afeitarse pronto en la adolescencia para que la pelusa deje paso a una espesa y viril barba o no depilarse demasiado con cuchilla para evitar que el vello engrose son algunas de las advertencias que todos hemos escuchado. Y, sin embargo, no están avaladas por la ciencia.

Un estudio realizado ya en los 70 indicaba que no se podían atribuir al afeitado diferencias en el peso del cabello, su espesor o en la tasa de crecimiento tras analizar los efectos de la depilación repetida de las piernas de varios hombres. Otro análisis publicado en The British Medical Journal incluía esas creencias en la lista de mitos médicos.

"La idea de que el pelo volverá a crecer más oscuro y más espeso es [...] una ilusión, creada por el hecho de que los pelos tienden a estrecharse hacia sus extremos", corroboraba Michael Vagg, profesor de la Universidad de Deakin en Australia. La raíz del pelo es más ancha que el extremo, por lo que, cuando nos depilamos, nos da la impresión de que es más grueso. Ahora bien, otros factores, como los cambios hormonales propios de la pubertad, sí influyen en el grosor del vello.

Mito: el alcohol mata neuronas

Tras una noche de juerga, es frecuente comentar que las copas han destruido muchas de nuestras neuronas. Sin embargo, decir que el alcohol mata nuestras neuronas no es correcto, aunque esto no significa que no pueda dañar nuestro cerebro. En un estudio publicado en los 90 en The Lancet, investigadores daneses estudiaron los cerebros de cadáveres de alcohólicos crónicos y concluyeron que no había una reducción en su número de neuronas, aunque el alcohol sí había afectado a sus conexiones.

Así, el alcohol daña las dendritas (las prolongaciones de las neuronas) lo que dificulta que las neuronas se comuniquen entre sí. "El consumo excesivo [de alcohol] durante periodos prolongados puede dañar las conexiones entre neuronas, incluso si las neuronas no se matan directamente", comentaba hace unos años Nick Dorsch, profesor de la Universidad de Sídney. Es más, un estudio publicado hace unos meses señalaba que incluso la ingesta moderada de alcohol está asociada con un declive de nuestras habilidades cognitivas.