Pasqual Maragall mira la portada de un diario junto a su amiga y ex jefa de prensa Àngela Vinent.

Pasqual Maragall mira la portada de un diario junto a su amiga y ex jefa de prensa Àngela Vinent. Facebook

Salud

Pese al alzhéimer, Maragall aún "recuerda algunas cosas" de Barcelona 92

"Él todavía, cuando ve noticias de los Juegos, recuerda algunas cosas, aunque es imposible saber qué. No acaba de entender tampoco la celebración de los 25 años", asegura a EL ESPAÑOL Cristina Maragall, la hija del alcalde que trajo los JJOO a la Ciudad Condal.

"Me duele el alma 25 años después. Pero, a nuestra manera, esta tarde nos hemos reído con el Cobi (sic) subido a la Sagrada Familia de la portada del suplemento de ayer de El Periódico". Con estas palabras y una emotiva imagen en la que se ve a Pasqual Maragall mirando la portada del suplemento que el diario catalán publicaba con motivo de las bodas de plata de Barcelona 92, Àngela Vinent, la que durante muchos años fuera su jefa de prensa, quiso tener un gesto con el amigo con el que ahora, una vez a la semana, pasea por Barcelona. Con el alcalde que consiguió los Juegos Olímpicos para la Ciudad Condal.

Este martes se cumplen 25 años de la inauguración del acontecimiento deportivo que cambió para siempre la historia de Barcelona. Su principal artífice e impulsor hoy recuerda muy poco de aquello. "Él todavía, cuando ve noticias de los Juegos, recuerda algunas cosas, aunque es imposible saber qué. No acaba de entender tampoco la celebración de los 25 años", cuenta al otro lado del teléfono Cristina Maragall, hija del político.

Hace 10 años, el 20 de octubre de 2007, con 66 años, el ex alcalde anunciaba en una rueda de prensa multitudinaria y con toda la entereza del mundo que padecía una grave enfermedad. "Hicimos los Juegos Olímpicos, aprobamos y refrendamos el Estatuto y ahora iremos a por el alzhéimer", dijo durante su visita al Hospital Sant Pau de Barcelona. "En ningún sitio está escrito que la enfermedad sea invencible", apostilló.

Desde entonces, Maragall lucha contra el olvido; contra un mal que, según las últimas cifras, afecta a más de un millón de españoles y a un 13% de los mayores de 65 años. Poco queda del carácter de aquel político que sorprendió al mundo durante aquel verano con su carisma, tenacidad y compromiso. Según relata su hija, en la actualidad, Maragall se encuentra en una fase "tranquila" de la enfermedad. "Ha tenido una evolución lenta. Se mueve mucho, come bien y suele estar de buen humor. Es un enfermo bastante fácil", cuenta con unas palabras que desprenden un cariño infinito.

Un giro de 180 grados

Sin embargo, lo cierto es que, pese a su buen ánimo, el alzhéimer supuso un durísimo golpe que, inevitablemente, cambió su vida para siempre desde el mismo momento en el que le fue diagnosticado. "Esta enfermedad es muy compleja y él es dependiente en muchísimas cosas. Para empezar, porque desde el comienzo empieza a perder y a olvidar ciertas cosas. Esto se ha ido agravando con el tiempo. Necesita ayuda para muchas tareas, no puede estar solo y sale siempre acompañado", explica Cristina.

El día a día de Maragall transcurre ahora con relativa calma, anclado a una rutina minutada que le ayuda a sobrellevar el trastorno. "Él se levanta relativamente temprano, acude a un centro de estimulación cognitiva, pasa un buen rato allí y baja andando hasta casa, dónde come". Por la tarde sale a pasear con su cuidadora habitual -su secretaria, que sigue estando con él- o algún amigo como Àngela. Y disfruta de los paseos. Pero, sobre todo, de la música.

Durante esos paseos, Maragall ya no entiende por qué le para la gente. Por qué quieren hacerse fotos con él. Por qué lo saludan. "Le incomoda un poco. Necesita tranquilidad. Rodearse de gente conocida. Los enfermos de alzhéimer viven perdidos en su realidad, no reconocen a su entorno y esto empieza a ser muy incómodo", reconoce su hija.

La música como aliado

Así, George Brassens, Bach y algunos de los autores clásicos y contemporáneos más importantes de la música se han convertido en sus más fieles aliados. "Se sabe todas las canciones de Brassens y las canta; es muy curioso, todo en esta enfermedad es sorprendente". La música, tal y como relataba la propia Cristina Maragall hace unos meses en una entrevista a EL ESPAÑOL, se ha convertido en su salvaguarda.  

Distintos estudios han demostrado que su uso para tratar enfermedades neurodegenerativas provoca en los afectados una mejora de las áreas cognitivas, emocionales e incluso físicas. De hecho, la memoria musical y la capacidad de sentir emociones son los últimos atributos que se pierden en un cerebro herido por el alzhéimer.

La Fundación Pasqual Maragall, que investiga la prevención del alzhéimer y que fue creada por el ex presidente de la Generalitat poco después de que le fuese diagnosticada la enfermedad, realiza una labor reconocida a nivel internacional en éste y otros ámbitos. "Él quiso manifestar públicamente que estaba afectado por esta enfermedad y planteó poner en pie esta Fundación con el objetivo de profundizar en la investigación. Llevamos 10 años en activo y en este momento hemos consolidado un proyecto que está teniendo repercusión y alcance en todo el mundo", explica Cristina, portavoz de la institución.

Pasqual Maragall junto a Adolfo Suárez Illana en un acto ante los medios de comunicación.

Pasqual Maragall junto a Adolfo Suárez Illana en un acto ante los medios de comunicación. Fundación Pasqual Maragall

Paradojas de la vida, es la propia enfermedad de Maragall la que le impide comprender los logros que se están realizando gracias al impulso que él mismo le dio. "No sé hasta qué punto es consciente de lo que se está logrando, pero hemos conseguido un proyecto muy dinámico y profesional. Para él siempre fue importante. Seguro que estaría muy orgulloso".

Estos días, la familia vive el 25 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 con la misma "tranquilidad" con la que vive el otrora líder del PSC, pero con una mezcla inevitable de emociones. "Estamos felices porque se recuerde a mi padre, pero también nos embriaga cierta tristeza por que él no pueda disfrutarlo". Su familia y amigos tratan por todos los medios de que el alcalde de aquella irrepetible Barcelona del 92 disfrute, de alguna forma, de los retazos de una época dorada que deslumbró a todo el mundo, con el objetivo de que Pasqual Maragall no caiga, pese a la enfermedad, en el olvido.