Pablo Romero

¿Se imagina una pastilla que pueda localizar un problema en su intestino, sea capaz de dosificar un medicamento directamente en la lesión y que después se disuelva de forma inocua?

Las píldoras inteligentes llevan mucho tiempo con nosotros. Por ejemplo, las que se usan para realizar endoscopias poco invasivas. Suelen incluir una cámara, un pequeño LED para iluminación, un mini procesador, un transmisor y, naturalmente, una batería. No obstante, su utilización encierra riesgos: estos dispositivos, diseñados para ser ingeridos y resistentes en principio al proceso de la digestión, podrían quedar atascados en el organismo, resultar dañados y liberar componentes tóxicos.

Algunos investigadores buscan la manera de integraren estos dispositivos fuentes de energía comestibles para eliminar los riesgos. El investigador Christopher Bettinger de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU) explora cómo ciertos minerales presentes en la dieta normal, o incluso pigmentos de la piel o los ojos, se podrían utilizar en bioelectrónica.

Actualmente, los dispositivos ingeribles que se utilizan son alimentados por baterías con componentes como el litio y electrolitos tóxicos que funcionan bien pero no son biocompatibles.

Jugos gástricos como pilas

Bettinger plantea la posibilidad de desarrollar una batería segmentada que use los propios líquidos gástricos como electrolitos. Ya hace un año presentó el desarrollo de un prototipo de batería de ión-sodio que usaba la melanina de la tinta de la sepia para el ánodo y un cátodo de óxido de manganeso. Todos los materiales de la batería se descomponen en componentes no tóxicos dentro del cuerpo.

Según su último informe, publicado en la revista Trends of Biotechnology, algunos laboratorios ya han demostrado que elementos electrónicos construidos con este método pueden desintegrarse en un plazo de entre dos y tres meses.

"El riesgo principal es la toxicidad intrínseca de los materiales electrónicos de este tipo de dispositivos, aunque éste es un riesgo conocido", afirma Bettinger, ingeniero y profesor de ciencia de los materiales. "El desayuno que uno toma por la mañana permanece en el intestino grueso durante aproximadamente 20 horas, por lo que sólo se necesita una batería que funcione durante ese periodo de tiempo y que luego, simplemente, se degrade".

El estudio identifica ciertos materiales -magnesio, zinc, cobre, molibdeno, manganeso, hierro y selenio, e incluso oro, platino y plata- que, en niveles aceptables en una dieta saludable, pueden actuar como electrodos y otros materiales en baterías o componentes de mini antenas o diminutos biosensores.

En cuanto a su rentabilidad, el autor del estudio propone un uso muy concreto de este tipo de pastillas digeribles enfocados a medicamentos caros que requieren una dosis muy precisa, de modo que el uso de una píldora electrónica pueda optimizar la dosificación y, por tanto, reducir la cantidad de medicamento necesario.