Un bocadillo de jamón y queso.

Un bocadillo de jamón y queso. iStock

Nutrición

Elimina el bocadillo de jamón de York de tu dieta: estas son las tres razones médicas

A pesar de que el jamón de York ha sido considerado como un alimento sano para las dietas blandas y de adelgazamiento, es una carne procesada.

2 diciembre, 2022 02:22

Los bocadillos son el plato estrella para las noches en las que no sabes qué cenar. O en los días en los que haces un viaje, o de merienda o, incluso, de aperitivo. La verdad es que en España se trata de una receta —probablemente, la más básica— que nos encanta y que repetimos con frecuencia. Por desgracia, los bocadillos no son una opción saludable y deberíamos tener cuidado con su consumo; además, los más populares suelen ser los que se hacen con embutido porque son muy sencillos de preparar.

Aunque nos encantan, todos los embutidos son considerados como carnes procesadas y, por lo tanto, aumentan nuestro riesgo de sufrir cáncer colorrectal. Esto es lo que afirmó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2015 cuando emitió un informe que recogía datos de varios estudios en este sentido. "La carne procesada se refiere a la carne que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, al ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación", explican en su página web.

Ahora bien, dentro de las carnes procesadas existen algunas que son peores que otras: normalmente, se ponen como ejemplo el jamón ibérico y las salchichas frankfurt. El procesamiento de la primera carne es menos dañino que el de la segunda, pero a pesar de ello no se debe recomendar un consumo habitual. "En principio, si tu dieta en general es saludable y te comes una o dos lonchas de jamón al día, probablemente no te afecte. [...] Cuando los sanitarios o los políticos damos un consejo a la población general no podemos meternos en los casos específicos, así que el mensaje claro debe ser 'carne procesada: cuanta menos, mejor'", explicó Lucía Martínez, dietista-nutricionista en este artículo de EL ESPAÑOL.

Fama de saludable

Pero, ¿qué pasa con otras carnes con fama de saludables, como el jamón de York? Lo mismo. Se trata de una carne procesada que se debe consumir de manera esporádica y hay que evitarla como parte de nuestra dieta diaria. El jamón de York, sin embargo, ha sido siempre un alimento típico de las dietas de adelgazamiento y también de las dietas blandas cuando duele el estómago. Por esta razón, hemos pensado que se trataba de un alimento saludable, pero en su elaboración se llevan a cabo procesos que lo hacen poco recomendable.

De todas formas, existen dos principales tipos de lo que conocemos como jamón de York: el jamón cocido extra y el fiambre. El primero de ellos es el que se considera el mejor desde el punto de vista gastronómico y nutricional. Se elabora seleccionando un trozo de carne de cerdo que se inyecta con una salmuera y algunos aditivos —entre ellos, un nitrito que le da su color rosa característico—, se masajea durante unas diez horas y luego se compacta y cuece. Se produce, por tanto, un intenso procesado y aún así se trata de la mejor opción.

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El fiambre de jamón se reconoce fácilmente en el supermercado cuando consultamos la lista de los ingredientes. Lo que más llama la atención de él es que el contenido de carne se sitúa en torno al 55%, aunque algunos tienen más que otros. Pero, ¿qué lleva la otra mitad de la loncha que te comes? Pues agua, almidones, dextrosa de maíz, sal, proteínas de soja y aromas. Este tipo de jamón de York recibe, por lo tanto, un procesado más agresivo y, de hecho, el porcentaje real de carne es menor. Este, en concreto, hay que evitarlo en especial.

El pan más frecuente

Vamos, que el jamón de York tampoco es una buena elección para rellenar nuestro bocadillo, pero no es el único problema que este bocado presenta. El pan más popular en España es, sin duda, el pan blanco, que está elaborado a partir de harina de trigo refinada. Se trata de un pan suave y delicioso, pero que no es saludable. Sobre todo, tal y como lo consumimos en nuestro país porque solemos abusar de él en las comidas. De hecho, los días que nos comemos un bocadillo también solemos tomar pan en el resto de comidas o en el desayuno.

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Las harinas refinadas son aquellas en las que se ha retirado la capa de salvado del grano de trigo antes de molerlo. Con esta capa, se pierde una gran cantidad de la fibra y de los minerales que contiene este cereal de manera natural. Una de las peores consecuencias de quitar el salvado es que el índice glucémico del pan se eleva: es decir, después de comerlo sus almidones se transforman rápidamente en azúcares simples y penetran en el torrente sanguíneo. Los alimentos con un alto índice glucémico se relacionan con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares e, incluso, de posibles resistencias a la insulina.

Por esta razón, es mejor hacer nuestros bocadillos con pan integral, que contienen una buena cantidad de fibra que reduce el índice glucémico y, además, cuenta con beneficios más allá de la mejora del tránsito intestinal. Los días que comemos un bocadillo no deberíamos tomar más pan a lo largo del día porque podemos estar desplazando otros alimentos que son necesarios en nuestra alimentación.

Un extra poco saludable

El bocadillo con sólo jamón de York se hace un poco insulso para muchos consumidores e, inspirados por el sándwich mixto, le añaden unas lonchas de queso. El jamón y el queso son una mezcla inseparable desde hace décadas, sin embargo, no todos los productos del supermercado que parecen queso lo son realmente. Este es el caso de los tranchetes, unas lonchas de queso especiales para hacer bocadillos que tienen una textura parecida al queso fundido.

Sin embargo, estos tranchetes suelen estar elaborados con grasas vegetales, almidón, colorantes, espesantes, sales fundentes y otros ingredientes que no se parecen en nada a los que lleva un verdadero queso. ¿Y cuáles son estos? Los quesos más saludables del supermercado sólo llevan leche, cuajo, fermentos lácticos y sal.