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    Ideas desfasadas

    La investigación científica en el ámbito nutricional en los últimos años ha ido desmontando algunos mitos sobre alimentación muy arraigados en el ideario colectivo. De hecho algunos aún sobreviven. Desde el perfil de Twitter del Centro de Nutrición Aleris citaban recientemente algunos de estos “antiguos horrores” que todavía hoy están bastante arraigados en España. Por ejemplo: que el desayuno es la comida más importante del día, que para llevar una dieta sana hay que tomar entre dos y tres raciones de lácteos al día o que la base de la dieta deben estar los cereales.

    Pues bien, la ciencia ha ido demostrando que estas afirmaciones no son ciertas. Aún así, algunas de estas ideas desfasadas aún se repiten en algunas guías sobre alimentación, por ejemplo, la clásica pirámide nutricional. Por suerte también existen herramientas más actualizadas, por ejemplo, el Plato para Comer Sano de la Escuela de Salud Pública de Harvard. Además, sus pautas con más fáciles de seguir: no habla de raciones, si no de la composición del plato de cada comida.

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    Cereales en la base de la dieta

    Aún se sigue viendo la tradicional pirámide alimentaria que coloca los cereales, cuyo mayor aporte son los hidratos de carbono, en la base de la alimentación, antes que las frutas y verduras. Así, hay guías que recomiendan entre cuatro o seis raciones al día. “Los cereales tienen un protagonismo que no se merecen. No deben estar en la base de la alimentación. No se puede ingerir seis raciones al día, en todas las ingestas, de hidratos de carbono”, dijo el dietista-nutricionista Aitor Sánchez en una entrevista a EFE en 2017.

    Sin embargo, como señala Boticaria García en el libro El jamón de york no existe, las guías más actualizadas ya han desechado esta idea. El citado Plato de Harvard señala que los granos o cereales integrales deben ocupar un cuarto del plato en cada comida. Y añaden: el tipo de carbohidratos es más importante que la cantidad, porque algunas fuentes de este nutriente como las verduras, frutas, granos integrales, y legumbres, son más saludables que otros.

    Cuando se opte por comer cereales (pan, arroz o pasta), lo mejor para la salud es elegir aquellos integrales, ya que contienen un mayor contenido en fibra, siendo su absorción más lenta, y también aportan más vitaminas y minerales. En cambio, hay que evitar el pan o el arroz blanco o refinados, ya que son hidratos de absorción rápida y se asocian a un mayor riesgo de sufrir sobrepeso, obesidad, diabetes y otras enfermedades. 

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    Lácteos, no son imprescindibles

    La pirámide de alimentación saludable de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) también señala que hay que tomar entre dos o tres raciones de lácteo al día, algo que, como añadió Aitor Sánchez, da a entender indirectamente que son imprescindibles en la dieta, pero que realmente no es así. “Se puede tomar lácteos o no, depende del resto de la dieta”.

    “En España llevamos 30 años con campañas que nos hacen creer que son imprescindibles para la salud ósea y hay estudios que demuestran cómo la salud osea es independiente a los lácteos que hemos tomado en la infancia. Si la población española supiera que el mayor factor de salud ósea es la exposición solar y el deporte, otro gallo cantaría”, expuso el dietista-nutricionista

    Según aclaró Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos, a El Comidista, no hay alimentos imprescindibles, “lo que son necesarios e insustituibles son los nutrientes, y estos los podemos obtener de diferentes fuentes”. O sea, que se pueden obtener de otros alimentos. Por ejemplo, las proteínas, de los huevos o las legumbres, y calcio de algunas verduras, por ejemplo el brócoli, la coliflor o las semillas de sésamo. Así que, se puede vivir sin lácteos.  

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    Desayuno, la comida más importante

    En cuanto al desayuno hemos cometido errores durante años. Empezando por los alimentos que lo componían, desde cereales hasta arriba de azúcar, zumos o galletas, y acabando por darle una importancia que no tiene. De hecho, repetimos durante años que saltarse esta comida puede engordar. Pero ahora sabemos que el cerebro no necesita azúcar a mansalva nada más despertar, de hecho hay que mantener estos alimentos lo más lejos posible, y que no hace falta comer a primerísima hora de la mañana para acelerar el metabolismo. Se puede romper el ayuno horas después de levantarse como hacen las personas que realizan ayuno intermitente.

    Más allá de obsesionarse con desayunar o no, según explicó Daniel Ursúa, dietista-nutricionista, divulgador y autor de Nutrihabits, lo importante es que lo que tomemos para romper el ayuno sea saludable y tenga sentido dentro del resto de comidas del día, o sea, tener unos hábitos de alimentación saludables.

    "Es importante que dejemos de pensar en el desayuno como en una ingesta aislada del resto. Es igual de importante que la comida o la cena, y su composición debe adecuarse al Plato Saludable de Harvard. Bajo esas premisas, la composición dependerá de los gustos, hábitos y necesidades de cada uno", apuntó Ursúa. 

    Los mejores ingredientes para el desayuno: cereales de grano entero, frutos secos, fruta y un yogur natural. 

A.M.