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    No basta con comer pescado

    Llevar una dieta saludable es el principio para prevenir un buen puñado de enfermedades. El pescado es un alimento fundamental (aunque no imprescindible) para conseguirlo, ya que contiene numerosos beneficios para nuestro organismo y nutrientes fundamentales como los conocidisimos ácidos grasos omega-3. Este tipo de grasa poliinsaturada es una firme aliada en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares. De hecho, la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón, según sus siglas en inglés) recomienda ingerir al menos dos raciones de pescado como el salmón, la caballa, el atún, la trucha o las sardinas, ricos en este ácido graso.

    Asimismo, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) aconseja en sus últimas recomendaciones que la población general ingiera tres o cuatro raciones de pescado a la semana, "procurando variar las especies entre pescados blancos y azules". Sin embargo, pese a que tomar pescado siempre es una buena opción, hay algunas variedades que tanto los médicos endocrinos como los nutricionistas recomiendan evitar en la medida que sea posible. El principal problema tiene que ver con el lugar en el que se crían y el perfil nutricional que tienen.

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    Panga

    El panga es uno de los peores pescados que podemos comprar en el supermercado. Desde hace años se ha incluido en muchos menús escolares porque su precio es reducido y apenas contiene espinas. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional no es ninguna gran cosa. "Comparando panga con la merluza, la panga tiene algo menos de proteína (13,4 gramos vs 15,9 gramos por cada 100 gramos) y menos de la mitad de ácidos grasos omega 3)", explica la farmacéutica y nutricionistas Marián García (Boticaria García) en su libro El jamón de York no existe (La Esfera de los Libros, 2019).

    Además, pese a que se trata de un alimento seguro, las condiciones en las que se cría siempre han generado bastante polémica ya que el 90% del panga que se vende en Europa procede de las contaminadas aguas del Mekong, en Vietnam. "Si nutricionalmente la panga no es mejor que los pescados de nuestras costas, ¿tiene sentido abandonar el consumo local por unos durillos? ¿Tenemos que cruzar medio mundo para traer pescados del Mekong? Como decía mi abuela Adela: 'Quien bien bien escoge, del mal que le venga que no se enoje'".

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    Perca

    La perca es un pez originario de Etiopía al que también se le conoce como "perca del Nilo" (aunque el que consumimos habitualmente en España suele proceder del lago Victoria). Con este pescado ocurre prácticamente lo mismo que con el panga: la sobrepesca y la contaminación de este ecosistema hace que no se críe en las mejores condiciones medioambientales posibles. De hecho, aunque su consumo es seguro debido a los controles a los que son sometidos, se trata de otro pescado blanco tan insípido como el panga. 

    Desde el punto de vista nutricional tampoco es un pescado maravilloso. A diferencia de un salmón, por ejemplo, se trata de un alimento con un contenido muy bajo en grasa (una de las principales virtudes del pescado azul), y por lo tanto, un contenido menor también en ácidos grasos omega-3. Su contenido proteico también es mucho más reducido que el de otras especies como el bacalao o el atún. Mientras que la perca aporta unos 11 gramos de proteínas, el bacalao crudo contiene unos 18 gramos y el atún unos 23 gramos. 

    Desde el punto de vista económico, las diferencias no son tan grandes. Mientras que medio kilo de perca cuesta alrededor de seis euros, medio kilo de merluza en filetes cuesta alrededor de siete euros. Si la compramos congelada, es mucho más económica la segunda que la primera. 

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    Tilapia

    Por último, la tilapia es un pescado que, al igual que el panga y la perca, resulta prescindible frente a otros competidores en el supermercado. Su perfil nutricional tampoco dice demasiado si lo comparamos con un salmón, un bacalao o un mero. De hecho, sale claramente perdiendo si lo enfrentamos con un pescado tan modesto (en cuanto a su precio) como la sardina. Al tratarse de un pescado magro de carne blanca, su cantidad de grasa apenas alcanza 1,7 gramos por cada 100, frente a los 7,5 gramos de la sardina o los 12 del salmón. 

    Pero, al margen de su contenido nutricional, todos estos pescados también destacan (negativamente) por su sabor insípido, un aspecto que también conviene tener en cuenta. "Si sólo cocinamos pescados con sabores muy suaves (tilapia, panga), es imposible apreciar los sabores intensos. Lo mismo ocurre si los escondemos en rebozados", dice la Organización de Consumidores y Usuarios. Pero, ¿por qué es importante comer pescados con sabor? Principalmente, en el caso de los niños, para educar el gusto. "Los comedores deberían enterarse de que no todo es panga o tilapia: también hay halibut, bacalao, merluza, atún... La variedad es esencial para repartir los riesgos", finaliza.