Unos trozos de pollo tostándose en una sartén antiadherente.

Unos trozos de pollo tostándose en una sartén antiadherente. Pixabay

Nutrición Seguridad alimentaria

Aviso sanitario: algunos utensilios antiadherentes pueden tener riesgos para la salud

Los PFAs son sustancias químicas presentes en multitud de productos, pero se sabe poco sobre sus posibles efectos adversos sobre la salud humana.

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El uso de cazuelas o sartenes antiadherentes se ha popularizado en relativamente poco tiempo. Hasta ahora se han considerado como utensilios seguros, aunque poco a poco algunos estudios han sugerido que los materiales usados para su fabricación podrían tener efectos hasta ahora desconocidos sobre la salud humana.

Por ejemplo, un trabajo publicado en 2018 aseguró que los PFAs, sustancias usadas para formar el recubrimiento antiadherente, impediría perder peso a los individuos que intentan mejorar su alimentación.

Ahora, una nueva investigación encargada por la Foods & Drugs Administration (FDA), la máxima autoridad sanitaria de los Estados Unidos, aseguraría que los PFAs pueden ser nocivos para la salud.

¿Qué son los PFAs?

Se trata de una familia de 5.000 sustancias químicas sintéticas, conocidas como "químicos para siempre", dada su extremadamente larga vida médica, y su persistencia en el medio ambiente y en el cuerpo humano.

Se trata de una abreviatura de 'sustancias perfluoroalquilicas y polifluoroalquilicas', e incluye a varias familias de sustancias, como los PFOS, PFOA y GenX. Todas ellas son sustancias que comparten enlaces de flúos y carbono, enlaces fuertes y difíciles de descomponer en el medio ambiente.

¿Qué daños pueden provocar?

Estos productos, los PFAs, pueden migrar fácilmente hacia el aire, el polvo, los alimentos, el suelo y el agua, y acumularse en el cuerpo humano. Por el momento se sabe que, a determinadas concentraciones, pueden provocar daños en el hígado y la glándula tiroides, e incluso se han relacionado con problemas de fertilidad, colesterol elevado, obesidad, alteraciones hormonales y cáncer.

En el organismo humano los PFAs se depositan principalmente en la sangre, riñones e hígado. De hecho, durante el pasado año 2007, un estudio llevado a cabo por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos llegó a la conclusión de que los PFAs podían detectarse en la sangre del 98% de los individuos.

¿Para qué sirven?

Estas sustancias también se usan en diferentes industrias, dada su capacidad para repeler el aceite y el agua. Se llevan utilizando desde la década de 1940, y forman parte de productos antiadherentes, pinturas, productos de limpieza, envases e incluso espumas anti-incendios.

Ahora, en la nueva investigación de la FDA, cuyos resultados iniciales se han presentado en la 29ª Reunión Anual Europea de la Sociedad de Toxicología y Química Ambientales celebrada el pasado mes de junio en Helsinki, se ha llegado a sugerir que los PFAs pueden encontrarse en 1 de cada 9 alimentos, aunque en niveles seguros para la salud humana.

¿Cómo llegan a la comida?

Para el estudio, se analizaron muestras de agua de una granja lechera donde se usaban espumas contra incendios que contenían PFAs. Según sus hallazgos, en dichas muestras existían 35 veces más cantidad de PFAs de lo que debería detectarse, un nivel que actualmente se establece en 70 partes por trillón.

Se analizaron hasta 13 muestras diferentes en la misma granja, a parte de agua, también se analizaron muestras de alimentos para animales y muestras de leche. En todas las muestras existían niveles detectables de PFAs, susceptibles de haberse originado en las espumas contra incendios. De hecho, la FDA llegó a determinar que existía una cantidad de PFAs excesiva y potencialmente peligrosa para la salud humana, descartando toda la leche de dicha granja.

La misma agencia señaló que, incluso después de que las vacas no estén expuestas al agua o a los alimentos contaminados, los PFAs pueden permanecer en ellas. Solo con haber consumido alimentos y agua contaminados durante 30 días, se precisaría el paso de 1.5 años para que la vaca quede libre de los compuestos en su sistema orgánico.

Además de este caso específico, la FDA también analizó muestras de productos agrícolas de granjas cercanas a una planta de fabricación de PFAs. De 20 muestras analizadas, 16 eran verduras de hoja verde y en 15 de ellas había niveles detectables de PFAs. Sin embargo, en este caso, no existían niveles suficientemente altos como para declararlos problemáticos para la salud, según la FDA.

Finalmente, la FDA también analizó hasta 91 muestras de alimentos recolectados como parte del Estudio de Dieta Total 2017, donde la misma agencia controló cerca de 800 contaminantes y nutrientes típicos de una dieta promedio de los Estados Unidos. En este caso, se detectaron PFAs en 10 de las 91 muestras, a niveles inferiores y no problemáticos para la salud humana.

Por el momento, la FDA se ha comprometido a investigar más a fondo el papel de los PFAs en los alimentos. De momento han establecido un grupo de trabajo interno para este año.

[Más información: Si quieres perder peso, deja de usar sartenes antiadherentes]