En estas fechas caniculares la alimentación cambia drásticamente para soportar mejor el calor que nos azota. El mayor clásico para paliar las altas temperaturas de estos meses es el helado. Se trata de un alimento tiene muchas variedades en distintos aspectos: desde el sabor hasta el momento del día en el que consumirlo, por no hablar del formato (tarrina o cucurucho). Además de esconder muchas calorías, a este producto también le persigue un mito muy extendido: "El helado ayuda a hacer la digestión".

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Si te has puesto tibio a paella y tu cuñado te recomienda "un heladito para bajar la comida", ni caso. Aunque muchas personas piensen que es un alimento óptimo para tener buenas digestiones, la realidad es que el helado en sí no es digestivo, según explica Natalia Moragues, dietista-nutricionista y farmacéutica, a EL ESPAÑOL. "Es más, un helado convencional tiene mucha grasa y mucha nata, por lo que en lugar de favorecer la digestión, la empeora", señala la especialista, que también es la presidenta de la asociación Dietética sin Patrocinadores.

La nutricionista matiza que "los azúcares pueden favorecer la digestión de las grasas, por lo que tomar azúcar después de una comida puede favorecer que las grasas se digieran mejor". Sin embargo, "un helado no sería una buena opción porque tiene azúcar añadido y grasas. Lo mejor sería recurrir a la fruta".

Moragues destaca que se debe diferenciar el helado del sorbete, ya que este último sí que puede ser digestivo debido a que "el cítrico de los sorbetes tiene un efecto colecistoquinético", una función que favorece la contracción del músculo liso de la vesícula biliar, la evacuación vesicular y el proceso de absorción de grasa.

En concreto, la especialista recomienda huir de los helados industriales y, en el caso de que queramos recurrir a este alimento, lo hagamos casero (con frutas congeladas), algo que es "mucho más saludable".

El helado que deberías tomar

La dietista-nutricionista Blanca García-Orea, que también recomienda evitar los helados industriales, propone (en la misma línea que Moragues) una alternativa a los industriales mucho más sana y recomendable. Se trata de helados caseros que solo llevan tres ingredientes: fruta, una tableta de chocolate negro de más del 80% de cacao y aceite de coco (opcional). Para darle forma tan solo se necesitan cinco minutos y un molde para que tenga la forma de uno de los típicos dulces con palo.

La forma de preparación "es sencilla", según explica la nutricionista. El primer paso es coger la fruta que se prefiera, batirla, ponerla en moldes y meterla en el congelador un mínimo de cuatro horas.

Después, habría que fundir la tableta de chocolate negro en la vitrocerámica o en el microondas (con un minuto y medio bastaría). Cuando el chocolate esté fundido "se le puede añadir un poco de aceite de coco para darle una mejor textura, pero no es necesario como tal", explica la especialista, que acumula miles de seguidores en Instagram.

Una vez ha pasado el tiempo para que la fruta esté ya congelada, se sacan los helados del molde y se bañan en el chocolate fundido: "Al entrar en contacto el chocolate caliente con el helado frío automáticamente se solidifica por el cambio de temperatura".

Aunque estos helados se pueden hacer con cualquier fruta (al gusto del consumidor), García-Orea recomienda el plátano "porque tiene una textura cremosa", el mango por ser muy dulce y los frutos rojos mezclados con plátano. Respecto a la manzana, señala que es mejor recurrir a otras frutas porque esta puede cristalizarse y no quedar tan bien.