Investigadores catalanes y vascos han descubierto una asociación entre el potencial inflamatorio de una dieta y el cáncer colorrectal: "Los participantes que siguen una dieta inflamatoria tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, que es el cuarto más frecuente mundialmente", ha explicado la primera autora del estudio, Mireia Obón.

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El trabajo, publicado en Nutrients, ha sido realizado por científicos del Institut d'Investigació Biomèdica de Bellvitge (Idibell), del Institut Català d'Oncologia (ICO), y del Instituto de Investigación Sanitaria Biodonostia (IIS Biodonostia), entre otros, y se ha basado en datos de 12 provincias.

Se trata de un estudio multicéntrico que correlaciona la dieta inflamatoria -con muchos carbohidratos refinados, carne roja y procesada- y la dieta antioxidante -en la que predominan verduras, legumbres, frutas y frutos secos- con el riesgo de padecer cáncer colorrectal y cáncer de mama. Ha incluido 1.852 casos de colorrectal y 1.567 de mama, junto con 3.447 y 1.487 casos de control respectivamente.

"No hemos apreciado un aumento significativo del riesgo en cáncer de mama. Por ello, será necesario llevar a cabo más estudios para comprobar si realmente hay alguna correlación con otros factores", ha añadido Obón, que forma parte del programa de Mecanismos Moleculares y Terapia Experimental en Oncología (Oncobell) del Idibell y el ICO.

El colíder del trabajo Víctor Moreno (Idibell-ICO) ha explicado que se han centrado en el papel de la dieta, y concretamente en su potencial inflamatorio y su capacidad antioxidante, porque "hay evidencia de que tanto la inflamación crónica como el estrés oxidativo influyen en el desarrollo de estos dos tipos de cáncer".

Moreno ha dirigido la investigación junto a la experta del IIS Biodonostia Pilar Amiano, ha explicado en un comunicado este lunes el ICO-Idibell.

De nuevo, la dieta mediterránea

Tener una dieta proinflamatoria y prooxidante es un factor de riesgo muy importante en el cáncer de colon. "La parte positiva es que se trata de un factor modificable y que, por tanto, se puede cambiar", ha dicho Obón, que ha indicado que para prevenir estos cánceres es muy importante seguir las recomendaciones de los organismos oficiales y agencias internacionales.

"Debemos orientar nuestros hábitos alimenticios hacia una dieta Mediterránea, rica en frutas y verduras, frutos secos, cereales integrales y aceites saludables, como el aceite de oliva, y alejarnos de una alimentación más proinflamatoria", ha propuesto.

Implementar estrategias de educación nutricional con la ayuda de profesionales de la nutrición y de la salud, "de tal manera que la población pueda seguir las recomendaciones dietéticas y cambiar sus hábitos", son otras proposiciones.

Para este estudio, los científicos han analizado específicamente la población española con el Índice Inflamatorio Dietético (DII) y la Capacidad Antioxidante No-Enzimática (NEAC), que son dos herramientas útiles y validadas para estimar el potencial inflamatorio y el potencial antioxidante de la dieta.

Los dos líderes del estudio y la primera autora pertenecen al Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), y parte del estudio se ha realizado con financiación de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Un estudio en EEUU lo avala

En el mismo sentido, un estudio recientemente publicado en The American Journal of Clinical Nutrition ha incidido en la relación entre dieta y cáncer colorrectal: la clave estaría en cómo la forma de comer influencia un tipo de microbioma intestinal saludable en mayor o menor medida para el organismo.

El equipo de la dra. Li Jiao, profesora asociada de gastroenterología en el Baylor College of Medicine de EEUU, descubrió que una dieta de alta calidad, tal y como la recomienda la Guía Dietaria Americana y consistente en una gran cantidad de fruta, vegetales y grano entero, y baja en alcohol, azúcares añadidos y grasa sólida, se asocia con una mayor floración de bacterias beneficiosas, en especial las que tienen un efecto antioxidante.

Por otro lado, una dieta de baja calidad se vincula a una mayor cantidad de bacterias potencialmente patogénicas, como las Fusobacterias, que se relacionan con el cáncer colorrectal. "Hay otros factores, como el envejecimiento, la genética o algunas medicaciones, que inciden en el riesgo de sufrir una enfermedad. Pero no podemos modificarlos", explica Jiao. 

"La dieta, por otra parte, se puede modificar y proporciona de este modo una estrategia para desarrollar un microbioma que ayude a tener una vida sana. Debería formar parte de los planes para reducir el riesgo de enfermedades crónicas", concluye la investigadora.