Una hogaza de pan de pueblo.

Una hogaza de "pan de pueblo".

Nutrición

El pan de pueblo no existe: así es realmente la hogaza más popular de España

No hay ninguna normativa que determine qué características e ingredientes debe llevar un pan etiquetado bajo este reclamo. La nueva norma del Gobierno tampoco lo establece.

El pan es, desde hace mucho tiempo, uno de los alimentos más consumidos en nuestro país. Y eso es un problema. Así lo advirtió en una entrevista con este mismo medio Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, en España tomamos este alimento por encima de nuestras posibilidades. "El pan blanco es un gran problema en la alimentación en España porque la población adulta tiene mayoritariamente obesidad o sobrepeso", decía el investigador.

La industria alimentaria ha sabido ingeniárselas durante mucho tiempo para colarnos variedades de pan blanco con reclamos como "rústico", "artesano", "100% natural" o "con masa madre". Unos términos que parecen elevar el producto a una categoría mayor o que, incluso, pueden llevarnos a pensar que estamos ante un alimento con unas mejores propiedades. En realidad, se trata de una hábil estrategia marketiniana que llevamos años zampándonos sin darnos cuenta. La triste realidad es que, desde el punto de vista legal, estos términos no significan nada. 

Así, de entre todos los panes, el que tal vez goza de una mayor popularidad entre el común de los mortales es el "pan de pueblo". El término apela directamente a nuestro estómago y es fácil imaginar una hogaza elaborada a la antigua usanza, por un maestro panadero, en un horno de leña, con masa madre y los mejores ingredientes. Nada de esto ocurre. No al menos con el pan industrial que encontramos en el supermercado, que está elaborado con harinas refinadas y que es vendido bajo este reclamo.

Cómo distinguir un buen pan

En realidad, tal y como ya hemos contado alguna vez, el único elemento que nos va a permitir distinguir si este producto es una opción saludable es la lista de ingredientes. De esta forma, el pan, por muy de pueblo que sea, no será nunca una buena opción si no contiene una elevada cantidad de harina integral. El pan integral, elaborado con grano entero (esto es: incluyendo el germen y el salvado), es un alimento mucho más recomendable para nuestra salud porque incluye el cereal al completo.

El germen y el salvado favorecen nuestra salud intestinal debido a que aportan a nuestro organismo un elemento fundamental: la fibra. Este nutriente presente en los cereales beneficia nuestra salud intestinal, ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad o enfermedades tan graves como el cáncer de colon. "La fibra es tan importante porque evita el desarrollo de diabetes tipo 2, cáncer de colon y ayuda a controlar el colesterol", explicaba María Luján, presidenta del Colegio de Nutricionistas de madrid a EL ESPAÑOL.

Uno de los últimos estudios que confirmó las bondades del consumo de grano entero fue publicado el pasado año en la revista médica The BMJ. Este metaanálisis concluía que llevar una dieta con una elevada ingesta de alimentos ricos en fibra reduce un 17% la posibilidad de padecer enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer de colon o diabetes.

La nueva norma sobre el etiquetado del pan, que entrará en vigor el próximo 1 de julio y sustituirá a la anterior, pretende acabar con las engañifas al consumidor que se dan en el etiquetado. Así, entre otras medidas, se establece que sólo aquel pan que esté elaborado al 100% con harina integral podrá etiquetarse como tal. La norma también establece qué pan podrá ser etiquetado "artesano" y cuál no, concretará la definición de masa madre, y redefinirá qué variedades de pan con cereales pueden etiquetarse como tal.

¿Y qué pasará con el pan de pueblo? ¿La nueva norma establece alguna medida para regular el limbo legal en el que se encuentra y no confundir al consumidor? Lo cierto es que no. No quedará más remedio que seguir atentos al listado de ingredientes. Así lo explica Marián García (aka Boticaria García) en su nuevo libro, El jamón de York no existe. "Que un pan se llame "de pueblo" o "rústico" no lo convierte en mejor opción. Son adjetivos que se utilizan como reclamo, pero no es necesario que se cumpla ningún requisito para poder llamarse así”.

Tal y como explica García, "el pan rústico no tiene por qué estar fabricado siguiendo ningún protocolo tradicional ni el pan de pueblo tiene que haberse fabricado en un pueblo. Pero es más, en el caso de que así fuera, tampoco tiene por qué ser mejor opción: un pan de pueblo puede ser un pan poco saludable".

[Más información: La gran mentira del pan llega a su fin: así será a partir de ahora el del 'súper']