Un niño realiza un test neurológico. Dreamstime.

Un niño realiza un test neurológico. Dreamstime.

Investigación

Escándalo eugenésico en EEUU: roban datos de más de 20.000 niños para clasificar a las etnias según el cociente intelectual

La información se recopiló para estudiar el cerebro infantil, pero terminó utilizándose para defender la superioridad intelectual de los personas blancas.

Más información: En busca del ADN del 'triunfador': así determina la genética hasta dónde puedes llegar en la vida

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En Estados Unidos, dos grupos de investigadores recopilaron información genética de 21.300 niños del país para llevar a cabo sus estudios, cuyos objetivos se centraban, en gran medida, en analizar el neurodesarrollo desde la infancia hasta la juventud.

Estos datos genéticos, sin embargo, se han terminado utilizando con otros fines, después de que haya habido quienes han podido acceder a ellos para realizar artículos que sirvan como argumento para defender diferencias entre etnias por motivos biológicos.

En uno de ellos se sugiere que las personas negras tienen una predisposición genética a ser menos inteligentes que las blancas, mientras que en otro se clasifican las etnias según el cociente intelectual (CI), situando en última posición una inventada, la de "estadounidense negro".

Los científicos de los estudios originales no sólo se habían comprometido con las familias de los niños que participaron a que los datos se mantendrían bajo estricta vigilancia, sino que hicieron gala de ello a la hora de dar a conocer el proyecto.

En una de las imágenes promocionales se observa el dibujo de un niño junto a un bocadillo en el que se lee lo siguiente: "Me siento bien sabiendo que los científicos del ABCD, para mantener mi información segura, están tomando medidas", que finalmente se burlaron.

Imagen promocional del Estudio del Desarrollo Cognitivo y Cerebral del Adolescente (traducida al español).

Imagen promocional del Estudio del Desarrollo Cognitivo y Cerebral del Adolescente (traducida al español). Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU

Fue a través de un investigador que, a diferencia de los autores firmantes, sí que tenía acceso a los datos pese a que ya estaba siendo investigado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) del país a raíz de otro estudio sobre el cerebro infantil.

Usos estigmatizantes de datos

Aún se desconoce cómo el NIH, considerado el mayor organismo público de investigación del mundo, perdió el control de la información genética de más de 20.000 niños estadounidenses.

Como explica a EL ESPAÑOL Guillermo Lazcoz, investigador posdoctoral en el CIBER de Enfermedades Raras (CIBERER) y experto en derecho biomédico, estos datos no siempre se eliminan porque pueden ser de valor para el desarrollo científico en futuras investigaciones.

El NIH, sin embargo, se caracteriza por tener una elevada permisividad en este sentido, con el riesgo que conlleva, pudiendo caer en manos equivocadas, como ha sucedido de manera reiterada.

Desde el año 2007, algunos de los 28 repositorios de datos genómicos que están bajo la tutela del NIH se divulgaron indebidamente a investigadores, se utilizaron para fines no autorizados o se expusieron al robo durante al menos 63 ocasiones, según ha desvelado The New York Times.

Los del estudio ABCD se encuentran entre ellos, aunque no sólo se ha hecho un uso indebido para apoyar argumentos eugenésicos. En 2024, una persona en China se hizo con ellos pese a que no está permitido para quienes residen en países enemigos.

El investigador en cuestión sorteó la prohibición fingiendo estar afiliado a una universidad estadounidense, como ha informado el citado medio en una publicación a la que ya ha reaccionado desde el estudio ABCD.

En su página web se hace referencia "al acceso no autorizado a datos del NIH por parte de investigadores de ciencias marginales que los han utilizado para promover pseudociencia racista".

"El estudio ABCD está diseñado para promover una investigación rigurosa y ética y se opone a los usos discriminatorios, estigmatizantes o perjudiciales de los datos", defienden.

En el escueto mensaje también se comprometen a ponerse en contacto con los participantes, pues ni desde este ni desde el otro estudio conocido como Cohorte de neurodesarrollo de Philadelphia (PNC)— lo habían hecho porque creían que podría causar más daño que beneficio.

Quién promueve estos estudios

Bryan J. Pesta ha sido uno de los que ha tenido acceso, de manera indebida, a la información genética recogida en ambos estudios. A lo largo de más de una década, ha participado en casi una docena de publicaciones que argumentaban la inferioridad intelectual de las personas negras.

En 2018, cuando era profesor en la Universidad Estatal de Cleveland, presentó una solicitud al NIH para acceder a los datos del PNC porque estaba investigando sobre las diferencias en el tamaño del cerebro y las capacidades cognitivas de hombres y mujeres.

En ningún momento comentó cuáles eran sus verdaderas intenciones. Los registros judiciales han demostrado que otro miembro del grupo, Emil O.W. Kirkegaard, le sugirió que presentara propuestas engañosas para obtener así acceso a los datos: "Si enmascaramos la naturaleza del estudio, podremos salir impunes".

Kirkegaard aparece como autor de varios artículos en Mankind Quarterly, una revista científica fundada en los años 60 y que está financiada, entre otras, por asociaciones de simpatizantes nazis.

En Reino Unido, no se le ha permitido acceder al repositorio de datos genéticos de este país porque, según reveló The Guardian, no fueron considerados como "investigadores de buena fe".

Otro de los colaboradores de Pesta, Jordan Lasker, fue el que realizó las estimaciones de CI por etnia a partir de los datos de niños estadounidenses; una clasificación que ha sido utilizada por él y por otros usuarios de X para afirmar que los blancos tienen cerebros más grandes que los negros.

Los tres, junto con el estudiante de posgrado John G.R. Fuerst, publicaron en 2019 un artículo en la revista Psych, que edita el propio Pesta, en el que aseguran que las personas con mayor ascendencia europea son más inteligentes debido a los genes.

La investigación estuvo financiada por Pioneer Fund, una organización que promueve, desde su fundación en 1937, estudios relacionados con la eugenesia. El entonces presidente, Richard Lynn, llegó a apoyar la prohibición de los inmigrantes "de baja calidad genética".

En 2021, el NIH acusó a Pesta de conducta indebida por el uso que le había dado a los datos solicitados. No le permitió acceder a sus repositorios durante los próximos tres años. Al año siguiente, la Universidad Estatal de Cleveland lo despidió.

Él puso una demanda alegando que había sido víctima de la cultura de la cancelación. Un juez federal la desestimó ya que fue despedido "por su propia conducta indebida", y ni por el contenido de su investigación.

Que su despido no tuviera nada que ver con la legitimidad de su investigación sino con las quejas recibidas por parte de investigadores de otras instituciones demuestra que "la pseudociencia racista puede pasar desapercibida en una universidad durante años".

Así lo sugieren desde el medio especializado The Chronicle of Higher Education, uno de los primeros en informar sobre los enfoques eugenésicos que estaba adoptando Pesta con los datos genéticos de menores.

Cómo aumentar la seguridad

Desde el NIH ya están tomando medidas para proteger los datos del estudio ABCD. Antes de acceder a ellos, los investigadores deben completar una formación sobre el uso responsable.

"Nuestras normas se pensaron para una sociedad de buena fe que en este momento está un tanto mermada", opina Lazcoz. "Este caso no debería hacer reflexionar sobre cómo hemos cambiado".

En España parece complicado que se dé un suceso como el de EEUU ya que "nuestra normativa tiene unos estándares muy altos para garantizar la seguridad de la información genética".

Pese a que "el riesgo cero no existe", la amenaza no se encuentra en las bases de datos, sino en que "han cambiado los consensos respecto a hace 20 años", y ahora hay quienes creen que la inteligencia puede depender de la genética cuando, en realidad, no hay ningún gen para serlo.