Un dogo de Burdeos bebe agua tan ricamente.

Un dogo de Burdeos bebe agua tan ricamente. Drew Angerer Getty Images

Investigación

Tu mascota no es un animal cualquiera: te comprende y es tu 'amigo'

La sociedad es cada vez más sensible hacia los seres que comparten nuestras vidas a la vez que la ciencia demuestra que perros y gatos son compañeros muy especiales.

José Pichel

La sensibilidad hacia los animales está en aumento. Ya no se trata sólo de evitar su maltrato, sino de preocuparse por su bienestar, y mucho más si hablamos de los que comparten a diario caricias y vivencias con el ser humano. Aunque solemos llamarlos mascotas, muchos amantes de los animales rechazan este término, porque en su opinión es despectivo.

Como en otros órdenes de la vida, esta nueva percepción del conjunto de la sociedad se traslada a la legislación, con la propuesta de modificar el Código Civil para que los animales dejen de ser considerados cosas y pasen a ser "seres dotados de sensibilidad", la prohibición de cortar la cola y las orejas salvo que sea por razones sanitarias y la limitación de su uso en publicidad y espectáculos.

Desde el punto de vista de la ciencia, ¿un animal doméstico es distinto a los demás? Para el veterinario y etólogo clínico Alberto Macías, especializado en conducta canina y felina, "mascota es un término que lleva implícita la idea de alteración o modificación no natural". En ese sentido, "la única diferencia entre perros y gatos y cualquier otro animal radica en que en los primeros hemos alterado significativamente sus patrones de conducta", afirma en declaraciones a EL ESPAÑOL.

El origen de esa domesticación ha sido bastante controvertido. Un estudio genético realizado con fósiles y publicado en Science hace pocos meses sugiere que los perros –como animales diferentes al lobo- aparecieron en distintos lugares y en distintas fechas: en Europa hace más de 15.000 años y en Asia unos 2.500 años después.

Sin embargo, "la idea de que algún acto humano puede crear especies nuevas solo es concebible desde un punto de vista profundamente antropocéntrico", asegura el experto. "El perro puede clasificarse, según algunos autores, como una subespecie de lobo y el gato, como subespecie del gato salvaje africano", añade.

Así, desde un punto de vista biológico, "la domesticación engloba cambios morfológicos y conductuales derivados de la convivencia estrecha entre animales y humanos". Por eso, entendemos que un animal doméstico es el que ha pasado por este proceso de forma más intensa, pero en realidad los ratones del garaje y las cucarachas de la cocina no estarían más alejados de esta definición que un gato.

Cuestión de emociones

Por lo tanto, habría que recurrir a otro tipo de factores para explicar la empatía que sienten las personas hacia los animales que han elegido como compañía. "A nivel neurobiológico, procesos como la cognición, la emoción o la memoria son universales, es decir, están presentes en todos los animales con sistema nervioso", comenta Alberto Macías, "todos los animales sienten, pero eso no quiere decir que sientan las mismas emociones que los humanos".

A pesar de todo, un estudio publicado en Science en 2015 demostró que el contacto visual entre los perros y sus dueños aumenta en ambos los niveles de oxitocina, la hormona asociada a las relaciones sociales y al amor.

Además, muchas otras investigaciones sugieren que el ser humano mantiene una unión especial con sus mascotas, sobre todo en el caso de los perros, que distinguen entre nuestras expresiones faciales para saber si estamos contentos o enfadados, que recuerdan lo que hacen sus cuidadores, que nos juzgan y que son capaces de entender lo que les decimos hasta niveles que quizá no imaginábamos.

"El perro lleva conviviendo estrechamente con el humano al menos 10.000 años y a lo largo de este tiempo ha aprendido a interpretar nuestras actitudes, especialmente, a través de nuestra gestualidad facial, a diferencia del lobo, que no es capaz de tales cosas", comenta el veterinario.

Sin embargo, llegar a tal "comprensión" ha supuesto un enorme esfuerzo adaptativo por parte del mejor amigo del hombre. "Ha tenido que aprender a interpretar la conducta humana a expensas de pagar un precio en forma de estrés y ansiedad", asegura el especialista. Solo en los últimos dos siglos el cambio sufrido en los entornos humanos ha sido "extremadamente rápido en comparación con la velocidad natural de adquisición de capacidades adaptativas del perro".

La visión utilitarista

Para el ser humano este fiel compañero siempre ha sido enormemente útil. Incluso los defensores más acérrimos de los animales emplean este argumento con frecuencia para convencernos de su bondad. Ya no se trata de que nos protejan, nos avisen de peligros o cuiden de un rebaño de ovejas. La ciencia no deja de demostrar ventajas sorprendentes, como que tener un perro disminuye el riesgo de mortalidad tras un infarto y puede servir para alertar a los diabéticos ante un cambio en los niveles de azúcar.

Aunque quizá el máximo exponente del uso de animales en beneficio de los seres humanos sean los perros asistentes, que ayudan a las personas con todo tipo de discapacidades, además del tradicional perro lazarillo para los invidentes.

Sin embargo, "los animales domésticos no son herramientas terapéuticas para mejorar nuestra vida", denuncia Alberto Macías, "la visión actual a nivel social es estrictamente utilitarista, es decir, se considera que están al servicio de nuestros intereses, desde el entretenimiento a la búsqueda de afecto".

En muchos casos faltan evidencias del beneficio de esa relación y, además, no se tiene en cuenta lo que implica para el animal. "En mi experiencia profesional, la gran mayoría de las personas con problemas psicológicos a los que se les ha recomendado adquirir un animal no han obtenido el beneficio esperado y además la calidad de vida de dicho animal ha empeorado sustancialmente al ser cuidado por una persona sin las aptitudes necesarias". Por eso, en su opinión, aún hay que concienciar a la sociedad, lo que implica convencerla de que ahogar con una correa a un perro o someterlo a descargas eléctricas no son métodos educativos razonables.

Estudiarlos a ellos

Quizá alguna que otra vez haya que darle la vuelta al modelo y, como en una investigación internacional publicada hace dos años, convertir a los humanos en herramientas para estudiar mejor a los animales de compañía. Los investigadores propusieron a los participantes una serie de juegos que tenían que ejecutar con sus perros y al analizar los resultados extrajeron interesantes conclusiones sobre la mente canina, como que prioriza la memoria sobre el olfato.

"El hecho de convivir con un animal nos recuerda que hay un mundo ahí fuera ajeno a las preocupaciones humanas", afirma el veterinario, "probablemente, este es el mayor beneficio que podamos obtener de ellos, junto a la alegría que supone convivir con un animal que se puede comportar tal y como es".