Imagen de archivo de una vivienda en alquiler.

Imagen de archivo de una vivienda en alquiler. El Español

Ciencia

La psicología dice que las personas que no pueden pagar alquiler o hipoteca arrastran los efectos 15 años después

No termina al pagar la deuda: la psicología relaciona los impagos de vivienda con peor salud años después.

Más información: Es oficial: las galletas cambian sus normas de calidad en 2026 tras más de 40 años con los mismos requisitos

Publicada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores
LO ESENCIAL
Generado con IA

Un estudio con 7.673 adultos revela que no poder pagar el alquiler o la hipoteca en la juventud afecta a la salud y bienestar hasta 15 años después.

Las dificultades económicas con la vivienda se asociaron a largo plazo con peor salud física percibida, mayor ansiedad, dificultades financieras continuas y peor valoración de la vida.

El efecto persiste incluso tras desaparecer la deuda, formando un proceso de desventaja acumulativa que afecta a los ahorros, la estabilidad y genera un estrés prolongado.

Los autores destacan la importancia de actuar antes de que los impagos causen inseguridad residencial grave, mitigando consecuencias psicológicas y económicas futuras.

No poder pagar el alquiler o la hipoteca puede parecer un problema económico limitado a un momento concreto de la vida. Sin embargo, sus consecuencias pueden prolongarse mucho más de lo esperado. Un nuevo estudio longitudinal realizado en Estados Unidos ha encontrado que las personas que tuvieron dificultades para afrontar los pagos de su vivienda durante la juventud adulta presentaban peores indicadores de salud y bienestar hasta 15 años después.

La investigación, publicada en septiembre de 2026 en el American Journal of Epidemiology, analizó a 7.673 adultos pertenecientes al National Longitudinal Study of Adolescent to Adult Health, conocido como Add Health. Los investigadores utilizaron información recogida en tres momentos diferentes de la vida de los participantes para comprobar si los problemas económicos relacionados con la vivienda dejaban una huella a largo plazo.

El punto de partida fueron los datos recopilados entre 2008 y 2009, cuando los participantes se encontraban en la adultez temprana. Los investigadores distinguieron dos situaciones: no haber podido pagar el alquiler o la hipoteca por falta de dinero y haber tenido dificultades para abonar facturas de suministros como electricidad o gas.

Después observaron qué había ocurrido con esas mismas personas aproximadamente 15 años más tarde, utilizando información recogida entre 2022 y 2025. En total, analizaron 36 indicadores diferentes de salud, bienestar psicológico, relaciones sociales, comportamiento y situación económica.

Los resultados mostraron un patrón amplio. Haber tenido problemas para pagar la vivienda durante la juventud se asociaba años después con peores resultados en diferentes ámbitos, entre ellos la salud física percibida, la ansiedad, la valoración de la propia vida y las dificultades económicas. También aparecieron asociaciones con algunos comportamientos relacionados con la salud, como fumar.

El problema puede continuar cuando la deuda ya ha desaparecido

Uno de los aspectos más importantes del estudio es precisamente su duración. Los investigadores no se limitaron a analizar qué sucede durante una crisis económica o inmediatamente después de un impago, sino que comprobaron si esas dificultades seguían relacionadas con la vida de las personas más de una década después.

Para reducir la posibilidad de que las diferencias se debieran únicamente a problemas anteriores, el análisis tuvo en cuenta numerosos factores sociodemográficos y también los valores previos de los indicadores estudiados, utilizando información recopilada varios años antes de las dificultades de pago.

Incluso después de estos ajustes, la incapacidad para pagar alquiler o hipoteca continuó asociándose con peores resultados en diferentes dimensiones.

Eso no significa que dejar de pagar una mensualidad provoque necesariamente ansiedad o peor salud 15 años después. Se trata de un estudio observacional, por lo que permite detectar asociaciones, pero no demostrar que exista una relación directa de causa y efecto.

Los autores plantean, sin embargo, que las dificultades para pagar una vivienda pueden formar parte de un proceso de desventaja acumulativa. Una crisis económica puede provocar deuda, reducir los ahorros, limitar las posibilidades de cambiar de vivienda o generar nuevos problemas financieros que posteriormente afecten a otros ámbitos de la vida.

La nueva investigación encaja con trabajos anteriores. Un estudio publicado en 2025 siguió a jóvenes que habían experimentado inseguridad residencial entre los 18 y los 26 años y comprobó sus resultados aproximadamente 15 años después. Quienes habían pasado por estas situaciones presentaban más síntomas depresivos y mayores dificultades materiales en etapas posteriores de la vida.

Entre las mujeres también se encontró una mayor carga alostática, un indicador que intenta reflejar el desgaste fisiológico acumulado asociado a la exposición prolongada al estrés. En ese trabajo, los efectos fueron especialmente visibles entre quienes habían sufrido inseguridad residencial durante las primeras etapas de la edad adulta.

Otros estudios realizados en Europa han observado consecuencias más inmediatas. Una investigación basada en datos longitudinales del Reino Unido encontró que los problemas para afrontar los pagos de la vivienda estaban asociados con un aumento de 2,5 puntos porcentuales en el riesgo de sufrir un trastorno mental común y de alrededor de 2 puntos en el riesgo de presentar problemas de sueño. Los efectos eran mayores entre los inquilinos y los adultos jóvenes.

Una revisión sistemática publicada en 2026 llegó también a una conclusión parecida después de analizar investigaciones realizadas con inquilinos de países de la OCDE: la inseguridad residencial relacionada tanto con la asequibilidad como con la inestabilidad de la vivienda aparece repetidamente asociada con peores resultados de salud mental.

El nuevo estudio amplía ahora ese horizonte temporal. Sus resultados indican que una etapa en la que resulta imposible afrontar el alquiler o la hipoteca no siempre termina cuando vuelven a pagarse las facturas.

Las consecuencias económicas y psicológicas pueden mantenerse vinculadas a la trayectoria de una persona durante años. Por eso, los autores consideran que actuar antes de que las dificultades de pago terminen convirtiéndose en una situación de inseguridad residencial grave o pérdida de la vivienda puede tener beneficios que van mucho más allá de resolver una mensualidad pendiente.