Productos de un mercado medieval
La feria medieval ideal para visitar hasta el 9 de septiembre: un castillo templario de 8.000 m2 y una mina de oro romana
Ponferrada viaja a la Edad Media del 4 al 9 de septiembre junto a una fortaleza templaria de 8.000 metros cuadrados.
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El comienzo de septiembre todavía permite encontrar algunas ferias medievales con las que alargar un poco más las escapadas de verano. Una de las más llamativas se celebra en Ponferrada, una ciudad que no necesita demasiados decorados para recordar su pasado medieval: sobre ella se levanta una de las mayores fortalezas templarias del noroeste peninsular.
El Mercado Medieval de la Encina 2026 abrirá sus puertas el viernes 4 de septiembre y continuará hasta el miércoles 9. El Ayuntamiento de Ponferrada ha situado los puestos en la avenida de España, con horario de 11.00 a 14.30 horas y de 17.30 a 22.30 horas.
Durante esos seis días habrá artesanía, alimentación y actividades pensadas para transformar la zona en un pequeño escenario medieval. El programa incluye demostraciones de herrería y soplado de vidrio, talleres de escribanía y letra de época, música, cuentacuentos, malabares y personajes inspirados en el imaginario medieval.
La celebración forma parte de las Fiestas de la Encina, las grandes fiestas tradicionales del municipio. El 8 de septiembre está dedicado a la Virgen de la Encina, patrona del Bierzo, mientras que el día 9, conocido como la Encinina, es fiesta local en la ciudad.
La gran ventaja para quien quiera aprovechar la visita es que Ponferrada posee patrimonio medieval real a pocos minutos del mercado. El ejemplo más evidente es el Castillo de los Templarios, convertido en uno de los símbolos de la capital berciana.
Una fortaleza de más de 8.000 metros cuadrados
Sus dimensiones explican parte de su espectacularidad. El Portal Oficial de Turismo de Castilla y León cifra el recinto en más de 8.000 metros cuadrados, rodeados por un complejo sistema de murallas, barbacanas, torres y patios. Durante la Edad Media llegó a ser una de las mayores fortalezas del noroeste de España.
Su relación con los templarios tampoco es únicamente una denominación turística moderna. En 1211 Alfonso IX llegó a un acuerdo con la Orden del Temple y le entregó Ponferrada; en 1226 los caballeros ya habían fortificado la villa. Permanecieron vinculados a ella hasta comienzos del siglo XIV.
El edificio que puede verse actualmente es, sin embargo, el resultado de diferentes etapas constructivas. Los templarios dejaron una parte fundamental de su historia, pero posteriores señores ampliaron y transformaron la fortaleza durante los siglos siguientes.
La escapada puede continuar después bastante más atrás en el tiempo. A aproximadamente 25 kilómetros de Ponferrada se encuentra Las Médulas, un paisaje que parece natural hasta que se conoce la historia que esconde detrás de sus enormes paredes rojizas.
Los romanos comenzaron a explotar allí los depósitos de oro durante el siglo I d.C. y mantuvieron los trabajos durante alrededor de dos siglos. Para obtener el mineral construyeron una enorme infraestructura hidráulica capaz de transportar y acumular agua antes de utilizar su fuerza para deshacer literalmente partes de las montañas.
El sistema es conocido como ruina montium. Canales excavados a lo largo de grandes distancias conducían el agua hasta depósitos desde los que posteriormente se liberaba. La presión fracturaba los terrenos auríferos y permitía separar después el material que contenía oro.
La escala resulta difícil de imaginar. La UNESCO señala que la principal zona de explotación de Las Médulas supera los 10 kilómetros cuadrados y que la red de canales construida para alimentar el sistema alcanzó al menos 100 kilómetros.
El resultado fue el paisaje de picachos rojizos, galerías y enormes cortados que todavía puede recorrerse en la actualidad. Su conservación llevó a la UNESCO a incluir Las Médulas en la lista del Patrimonio Mundial en 1997, calificándolas como un ejemplo excepcional de la tecnología minera desarrollada por Roma. Ponferrada permite así plantear una escapada que recorre prácticamente dos mil años de historia en pocos kilómetros.