Bomberos combatiendo el fuego

Bomberos combatiendo el fuego EFE

Ciencia

Julio Prieto, agricultor: “Cuando desaparece la agricultura, el fuego tiene camino libre para cabalgar kilómetros”

Los cultivos también pueden frenar incendios: viñedos, olivares y pastos rompen la continuidad del matorral seco.

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Las claves

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Julio Prieto, ingeniero agrónomo y viticultor, advierte que el abandono agrícola facilita la propagación de incendios forestales.

La actividad agrícola genera paisajes discontinuos que dificultan el avance del fuego, a diferencia de los terrenos abandonados cubiertos de matorral seco.

Estudios científicos confirman que el abandono de tierras aumenta la cantidad y continuidad del combustible vegetal, elevando el riesgo de incendios.

Organizaciones como WWF proponen recuperar mosaicos agroforestales y gestionar estratégicamente cultivos y pastos para reducir la propagación de incendios y revitalizar el medio rural.

Julio Prieto conoce el campo desde una doble perspectiva. Es ingeniero agrónomo y viticultor, y lleva años estudiando cómo las decisiones agrícolas transforman el paisaje. Su advertencia durante los incendios de este verano apunta a una causa menos visible que el calor: el abandono de los cultivos.

Prieto lo explicó en Hora 25, de la Cadena SER. Allí defendió que la agricultura puede ayudar a prevenir o reducir el impacto de los grandes incendios.

La frase resume dos ideas consecutivas del agrónomo: cuando hay actividad agrícola, el fuego encuentra más obstáculos; cuando llega a zonas donde la agricultura casi ha desaparecido, tiene “camino libre para cabalgar durante kilómetros”.

Su explicación se basa en la discontinuidad del paisaje. Una comarca con viñedos, olivares, pastos, caminos, campos labrados y pequeñas masas forestales ofrece al fuego combustibles distintos y numerosos cortes. No es lo mismo arder en mosaico que avanzar por una alfombra continua de matorral.

Prieto pone como ejemplo la vid. Durante el verano, las cepas están en pleno ciclo vegetativo y contienen mucha agua. Una viña trabajada suele combinar plantas separadas, calles despejadas y suelos con menos vegetación seca que un monte abandonado.

El abandono aumenta la carga

Eso no significa que una viña sea incombustible. Un incendio de enorme intensidad puede abrasar cepas, dañar madera y destruir la cosecha. La diferencia está en que resulta más difícil que el fuego salte de una planta verde a otra como lo hace entre matorrales secos y conectados.

Por ese motivo, los cultivos pueden funcionar como áreas de oportunidad para la extinción. Si baja la continuidad del combustible, también pueden reducirse la altura de las llamas y la velocidad de avance, facilitando puntos desde los que intentar frena el frente.

La investigación científica encaja con esa idea. Una revisión publicada en Landscape Ecology señala que existe acuerdo en la literatura sobre cómo el abandono de tierras favorece la acumulación de combustible y paisajes más homogéneos, elevando el riesgo o alterando el régimen de incendios.

El mismo trabajo recuerda que, en el Mediterráneo, muchos estudios se concentran precisamente en la península ibérica. En fases tempranas de abandono, la vegetación más inflamable puede hacerse dominante y aumentar la conectividad del combustible, permitiendo que el fuego se propague más.

Otro estudio centrado en áreas agropastorales mediterráneas llegó a una conclusión similar mediante simulaciones: el abandono aumenta la carga y la continuidad del combustible, mientras agricultura y pastoreo bien gestionados pueden reducir propagación, intensidad y eficacia del incendio.

El problema no consiste solo en que crezcan árboles donde antes había campos. Tras el abandono suelen aparecer hierbas, zarzas y matorrales. En verano, parte de esa vegetación se seca y crea una capa fina, rápida y muy inflamable.

El cambio climático agrava el escenario. Temperaturas más altas, sequías prolongadas y baja humedad extraen agua de la vegetación y amplían los periodos en los que puede arder. Si ese clima coincide con un territorio continuo y sin gestionar, el incendio puede superar la capacidad de extinción.

WWF lleva años defendiendo los llamados paisajes cortafuegos. Su informe advierte de que el cese de actividades tradicionales ha contribuido a perder mosaicos de cultivo y a que zonas antes cultivadas o pastoreadas estén hoy cubiertas por matorrales, bosques jóvenes o masas monoespecíficas.

La organización propone recuperar mosaicos agroforestales, con ganadería y agricultura extensivas, aprovechamientos forestales y selvicultura preventiva. Según WWF, estos paisajes son más resilientes frente a grandes incendios y también generan actividad económica en el medio rural.

Prieto admite, sin embargo, que imaginar el regreso de la agricultura tradicional a todas las comarcas abandonadas sería ingenuo. Muchas explotaciones desaparecieron porque eran duras, poco rentables o incapaces de garantizar ingresos suficientes a las familias.

La alternativa sería reproducir estratégicamente algunos de sus efectos. El agrónomo plantea crear corredores con vides u otras especies resistentes, mantener franjas cultivadas, recuperar determinados pastos y diseñar discontinuidades allí donde puedan ayudar a contener un gran incendio.

La agricultura tampoco elimina por sí sola el riesgo. La maquinaria puede generar chispas, algunos campos mal gestionados acumulan restos secos y un fuego extremo puede atravesar carreteras o cultivos. La clave no está en presentar al agricultor como un cortafuegos automático.

La advertencia de Prieto habla de una transformación acumulada durante décadas. Cuando desaparece una explotación no solo se pierde producción de alimentos: también se pierden manos que labran, podan, desbrozan, vigilan caminos y mantienen abierto el paisaje.

Ese hueco no queda vacío. Lo ocupa la vegetación, primero baja y seca, después más alta y conectada. Y cuando llegan el calor, el viento y la sequía, aquello que antes era un mosaico puede convertirse en combustible continuo para que el fuego corra durante kilómetros.