Una mujer con un gato.

Una mujer con un gato. istock

Ciencia

La psicología dice que las personas que viven con gatos no necesitan rodearse de gente para sentirse acompañadas

Aunque no todos necesitamos el mismo nivel de socialización, es cierto que se suele asociar a los dueños de gatos con la soledad o la introversión.

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Las claves

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Los gatos ofrecen compañía tranquila y respetan la independencia de sus dueños, lo que resulta atractivo para quienes valoran el silencio y la autonomía.

Un estudio con más de 4.500 personas mostró que los amantes de los gatos suelen puntuar más bajo en extroversión y más alto en apertura a la experiencia que los amantes de los perros.

La convivencia con gatos es compatible con personalidades que no buscan una interacción social constante, sino que prefieren compartir el espacio sin necesidad de palabras.

El estudio señala tendencias, pero no establece una relación causal entre la personalidad y la preferencia por gatos o perros.

Aunque poseer una mascota suele implicar la necesidad de atención y cuidado por parte de su dueño, los gatos en particular pueden pasarse horas en la misma habitación que su dueño sin reclamar atención constantemente.

No necesita salir a pasear, no celebra cada regreso como si lleváramos meses fuera de casa y, en ocasiones, parece administrar el afecto según sus propias reglas. Y, a pesar de esto, la presencia de un gato puede llenar una casa.

Quizá por eso muchas personas que se identifican como amantes de los gatos valoran especialmente esta forma de compañía tranquila, compatible con el silencio y la autonomía. En definitiva, esta "independencia" de los gatos es lo que más llama a sus dueños, en cierto modo.

Esta idea tiene cierto respaldo científico, como sugirió un estudio publicado en la revista Anthrozoös.

En este caso, los investigadores analizaron la personalidad de 4.565 voluntarios, los cuales completaron un cuestionario basado en el modelo de los "cinco grandes rasgos": extroversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia.

Después, cada participante se definió como amante de los perros, amante de los gatos, amante de ambos animales o bien de ninguno.

Cómo son los dueños

Según los resultados del estudio, aquellos que se consideraban amantes de los gatos obtenían, de promedio, una puntuación más baja en extroversión que quienes preferían a los perros.

Asimismo, también puntuaban más alto en apertura a la experiencia, un rasgo relacionado con la curiosidad intelectual, la imaginación, la sensibilidad estética y la disposición a explorar ideas poco convencionales.

Por su parte, los que se definieron como amantes de los perros presentaban niveles más altos de amabilidad y responsabilidad. Estas diferencias eran independientes del género de los participantes.

Cabe puntualizar que una puntuación baja en extroversión no es sinónimo de timidez o de ser alguien antisocial o solitario. La extroversión describe, entre otras características, cuánto busca una persona la estimulación social, la actividad grupal y las interacciones frecuentes.

Una persona más introvertida puede disfrutar profundamente de sus relaciones, pero suele preferir grupos pequeños, conversaciones con contenido y periodos regulares de tranquilidad.

Desde esta perspectiva, convivir con un gato parece encajar especialmente bien con quienes no necesitan una sucesión continua de planes y reuniones para sentirse conectados.

Los gatos ofrecen esta cercanía sin exigir una interacción permanente: acompañan mientras alguien lee, trabaja, cocina o descansa. No eliminan la necesidad humana de relacionarse, sino que introducen otra modalidad de vínculo: compartir el espacio sin tener que llenarlo de palabras.

Por su parte, también cabe puntualizar que el estudio en sí mismo no demostró que vivir con un gato reduzca la soledad ni que los gatos puedan sustituir a las personas.

De hecho, los autores no estudiaron exclusivamente a propietarios, sino que preguntaron con qué animal se identificaban más los participantes, conviviesen o no con el animal con el que se identificaban.

Tampoco es posible establecer una relación de causalidad: no sabemos si ciertos rasgos de la personalidad conducen a preferir gatos, si la convivencia con ellos influye en la personalidad o si ambas cosas dependen de otros factores.

Además, aunque las diferencias encontradas fueron estadísticamente significativas, fueron pequeñas o moderadas. Por tanto, son tendencias estadísticas y no compartimentos cerrados.

También existen personas extraordinariamente sociables que adoran a los gatos y amantes de los perros cuyo plan perfecto de fin de semana es estar en casa sin salir a relacionarse con nadie.

A pesar de todo, el trabajo nos ayuda a entender por qué el gato puede resultar atractivo para determinados tipos de personalidad. Se trata de un animal cuya compañía respeta las distancias, admite la independencia y no convierte el silencio en una ausencia.

Para algunas personas, sentirse acompañado no consiste en estar rodeado de gente constantemente o necesitar hablar de forma continua; tan solo con saber que, en el otro lado del sofá, existe una criatura respirando tranquilamente, puede ser más que suficiente.