Sergio, carpintero mecánico durante su entrevista en 'Sector Oficios Pódcast'.

Sergio, carpintero mecánico durante su entrevista en 'Sector Oficios Pódcast'. YouTube

Ciencia

Sergio, carpintero: "Accidentes con las máquinas, quemaduras y golpes. Tenemos cicatrices que reflejan qué supone este oficio"

El profesional asegura que la exigencia de este trabajo es lo que explica, en cierto modo, el escaso interés que despierta entre los jóvenes.

Más información: Diego, 29 años, albañil: "La primera semana me apretaron tanto que la siguiente semana no podía ni atarme los zapatos"

P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

La falta de relevo generacional amenaza la continuidad de la carpintería metálica, un oficio esencial en la construcción y el mantenimiento de infraestructuras.

Sergio Boj, carpintero metálico en Torrevieja, destaca la dureza física y los riesgos laborales del sector, como accidentes con máquinas, quemaduras y golpes.

El oficio requiere años de aprendizaje, paciencia y especialización, pero resulta poco atractivo para los jóvenes debido a las largas jornadas y salarios poco competitivos.

La tecnología ha mejorado la productividad, aunque no soluciona la escasez de mano de obra cualificada ni la dificultad para formar nuevos profesionales.

La falta de relevo generacional amenaza a numerosos oficios manuales en España, pese a que siguen siendo imprescindibles para la construcción y el mantenimiento de viviendas e infraestructuras.

Entre ellos figura la carpintería metálica, una profesión exigente donde la experiencia se adquiere tras años de aprendizaje, esfuerzo físico y una exposición constante a riesgos laborales.

Sergio Boj, carpintero metálico afincado en Torrevieja, lleva desde la adolescencia vinculado al taller familiar. Su trayectoria le ha permitido conocer de primera mano la evolución del sector y las dificultades que afrontan quienes deciden dedicarse a este oficio.

El profesional sostiene, en una entrevista concedida al Sector Oficios Podcast, que la dureza del oficio explica, en buena medida, el escaso interés que despierta entre los jóvenes.

A su juicio, la combinación de largas jornadas, exigencia física y salarios poco competitivos dificulta atraer nuevos trabajadores a una actividad que requiere paciencia y especialización.

Lesiones que dejan huella

Boj recuerda que sus primeros pasos estuvieron marcados por la curiosidad. Cuando todavía no le permitían utilizar la soldadora, esperaba a quedarse solo para practicar.

Aquellos intentos improvisados acabaron convirtiéndose en una escuela donde los errores se traducían en pequeñas lesiones y valiosas lecciones profesionales. Con el paso de los años comprendió que la técnica solo representa una parte del trabajo.

La precisión, la concentración y la capacidad para anticipar cualquier fallo resultan imprescindibles cuando se manipulan herramientas de corte, equipos de soldadura y maquinaria capaz de provocar lesiones importantes.

Su experiencia le lleva a afirmar que prácticamente todos los profesionales acumulan cicatrices. "Quemaduras, golpes y accidentes con las máquinas" forman parte de una realidad que, según explica, les recuerda constantemente lo que supone este oficio.

Pese a los riesgos, el carpintero continúa disfrutando especialmente del trabajo dentro del taller. Allí fabrica cada pieza con calma antes de trasladarla al lugar de instalación, una fase que considera más estresante porque implica tratar con el cliente y garantizar acabados impecables.

Paradójicamente, la demanda de este tipo de trabajos continúa siendo elevada. Sin embargo, Boj asegura que mantener una plantilla resulta complicado debido al incremento de los costes y a unos márgenes que, en muchas ocasiones, impiden contratar nuevos empleados.

Ante esa situación, la tecnología ha adquirido un papel protagonista. El profesional explica que muchas máquinas actuales simplifican procesos que antes requerían mayor intervención manual, permitiendo aumentar la productividad.

Esto no resuelve el problema de fondo relacionado con la escasez de mano de obra cualificada. La ausencia de aprendices constituye, para él, una de las mayores amenazas para el futuro de la carpintería metálica.

Considera que numerosos jóvenes optan por ocupaciones menos exigentes físicamente y con condiciones económicas similares, dejando sin relevo a un sector esencial para la construcción.

Boj también lamenta que enseñar correctamente el oficio requiera tiempo, algo difícil de compatibilizar con el ritmo diario del trabajo. Formar a un aprendiz implica supervisar cada paso, corregir errores y transmitir conocimientos que solo pueden adquirirse mediante la práctica continuada.