Gato naranja.

Gato naranja. Freepik

Ciencia

Elizabeth Stelow, veterinaria: "El color del pelaje puede influir en cómo percibimos la agresividad de un gato negro o naranja"

Los gatos negros y naranjas cargan con estereotipos distintos: misterio, simpatía o caos pueden alterar cómo interpretamos sus señales.

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Las claves

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Un estudio revela que la percepción humana sobre la agresividad de los gatos varía según el color del pelaje, influyendo en etiquetas y estereotipos.

Los dueños reportan mayor agresividad en gatas carey, calicó, torbie, y en gatos blancos, negros y grises, aunque el color no determina el comportamiento real.

Las ideas preconcebidas sobre gatos naranjas y negros pueden alterar la convivencia y la interpretación de sus conductas.

Los expertos recomiendan observar el comportamiento individual de cada gato y no dejarse guiar por prejuicios relacionados con el color del pelaje.

Un gato negro no es más misterioso por ser negro, ni un gato naranja nace necesariamente más simpático por ser naranja. Sin embargo, los humanos seguimos mirando a los gatos a través de ideas, supersticiones y estereotipos muy resistentes.

Elizabeth A. Stelow, veterinaria especialista en comportamiento animal en la Universidad de California Davis, ha estudiado esa relación incómoda entre color de pelaje y agresividad percibida. Su trabajo no dice que el color sea una sentencia.

El estudio, publicado en Journal of Applied Animal Welfare Science, utilizó una encuesta online a propietarios de gatos. Tras aplicar los criterios de inclusión, los investigadores analizaron 1.274 respuestas sobre color, conducta y datos del animal.

Los resultados fueron llamativos, pero exigen prudencia. Los dueños reportaron más agresividad hacia humanos en gatas carey, calicó y torbie, además de gatos blancos y negros y grises y blancos.

El matiz es clave: el estudio no demuestra que el color cause agresividad. Recoge información aportada por propietarios, con todo lo que eso implica de memoria, percepción, expectativas, manejo y forma de interpretar señales felinas.

Caóticos, simpáticos, torpes

El pelaje puede influir en cómo percibimos la agresividad de un gato negro o naranja porque no miramos a los animales de forma completamente neutra: les ponemos etiquetas.

Los gatos naranjas han construido una fama muy particular en internet. Se les presenta como caóticos, simpáticos, torpes o extremadamente sociables. Son memes, sí, pero también moldean expectativas antes de convivir con ellos.

Los gatos negros cargan con otra mochila cultural. Durante siglos han sido asociados a brujería, mala suerte o misterio. Aunque nadie crea literalmente en eso, la cultura popular mantiene la idea de animal distante o difícil.

Esa lectura puede alterar la convivencia. Si una persona espera que un gato sea arisco, quizá interprete una retirada normal como rechazo, un bufido como agresividad excesiva o una mirada fija como amenaza.

Con los naranjas puede ocurrir lo contrario. Si el dueño espera un gato divertido y amistoso, quizá tolere mejor mordiscos de juego, maullidos insistentes o demanda constante de atención porque encajan en un estereotipo simpático.

Otro estudio sobre percepción humana encontró que los participantes atribuían rasgos distintos según el color. Los gatos naranjas y bicolores se asociaban con simpatía, mientras otros colores se interpretaban de forma menos favorable.

Ese dato es revelador porque no mide necesariamente cómo son los gatos, sino cómo los vemos. En adopción, convivencia y visitas veterinarias, la percepción humana puede pesar tanto como la conducta real.

Un gato no necesita ser agresivo para parecerlo. Puede tener miedo, dolor, estrés, poca socialización o un entorno inadecuado. Si además su color activa un prejuicio previo, la etiqueta llega rápido.

La recomendación veterinaria es mucho más práctica: observar al gato concreto. Cómo se acerca, cuándo se aparta, qué le asusta, qué le calma, cómo tolera el contacto y qué señales da antes de defenderse.

La conclusión es sencilla: el color del pelaje puede influir en cómo percibimos a los gatos, pero no debería decidir cómo los tratamos. Cada animal necesita una mirada justa, manejo respetuoso y atención veterinaria.