Imagen de archivo de la actriz Viola Davis en un 'photocall'.

Imagen de archivo de la actriz Viola Davis en un 'photocall'. EFE

Ciencia

Viola Davis, 60 años, actriz: "Fui uno de los 17 millones de niños que no sabían de dónde vendría su próxima comida"

La actriz, nacida en 1965, sufrió en sus propias carnes la pobreza extrema, por lo que ha colaborado con campañas que luchan contra esta causa.

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Las claves

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Viola Davis compartió su experiencia personal de infancia marcada por la pobreza y la inseguridad alimentaria en Estados Unidos.

Durante el almuerzo Power of Women en 2014, la actriz relató cómo el hambre condicionó su niñez, llegando a buscar comida en contenedores y sentir vergüenza por su situación.

Su implicación en la campaña contra el hambre infantil "Hunger Is" nace de su propia historia y del deseo de dar visibilidad a quienes sufren en silencio.

Davis subrayó la importancia de erradicar el hambre infantil y de romper el silencio y la vergüenza asociados a la pobreza.

Corría el año 2014 cuando la conocida actriz Viola Davis subió al escenario en el almuerzo Power of Women organizado por la revista Variety, con el objetivo de ser distinguida por su colaboración en la campaña contra el hambre infantil Hunger Is de Estados Unidos.

Sin embargo, a pesar de que subió pensando que se celebraría un reconocimiento habitual con una copa de champán, apenas empezó a hablar, también empezó a llorar: "No esperaba venir aquí y llorar", como les dijo a los asistentes.

Posteriormente, no se produjo el habitual discurso de agradecimiento de una estrella de Hollywood, sino el testimonio descarnado de una niña que creció sin saber realmente si tendría algo para comer al día siguiente.

Davis participó en esa campaña para no olvidar cómo fueron sus orígenes, y no por pura moda.

La actriz, nacida en 1965 y convertida posteriormente en una de las intérpretes más prestigiosas de su generación, explicó en este almuerzo que su implicación en esta campaña dedicada a combatir el hambre infantil en EEUU no nació del deseo de adoptar una causa de moda.

Tampoco para presentarse como una salvadora: "No me uní a la campaña Hunger Is para salvar el mundo; me propuse salvarme a mí misma".

Infancia en la pobreza

Davis pasó parte de su infancia en Central Falls, Rhode Island, formando parte de una familia numerosa y golpeada por la pobreza extrema. Aunque conserva recuerdos felices de aquellos años, la realidad es que el hambre condicionó su manera de relacionarse con el mundo.

Una de las frases más duras de su discurso fue precisamente la siguiente: "Fui uno de los 17 millones de niños en este país que no sabían de dónde vendría su próxima comida".

De hecho, la necesidad la llevó a situaciones que durante mucho tiempo estuvieron acompañadas de vergüenza: robó alimentos, buscó comida en grandes contenedores de basura infestados de gusanos y trató de entablar amistad con niños cuyas madres cocinaban tres veces al día.

Como ella misma explica, "sacrifiqué una infancia por la comida y crecí con una vergüenza inmensa". Pero precisamente estas palabras nos permiten comprender cómo la inseguridad alimentaria no consiste tan solo en pasar hambre durante horas.

Cuando la búsqueda de alimento se vuelve la principal preocupación de un niño, necesidades como el juego, el aprendizaje y la sensación de seguridad que deberían caracterizar a la infancia quedan desplazadas.

Asimismo, no debemos olvidar la potencial huella emocional que puede producirse, y que en ocasiones persiste de por vida: miedo, culpa, humillación y la necesidad de ocultar lo vivido.

Por eso Davis quiso reivindicar en su discurso el valor de contar aquello que suele permanecer escondido: "Creo que el testimonio de todo el mundo debería decirse, creo que la vergüenza de todo el mundo debería decirse".

Precisamente nombrar el hambre significaba para ella romper el silencio y devolver dignidad a quienes habían aprendido a sentirse culpables por sufrir la pobreza.

Además, durante su discurso, la actriz evocó la fotografía más antigua que conserva de ella misma: una niña, sonriente, con un pequeño afro y una coleta improvisada por su madre con uno de los alambres utilizados para cerrar las bolsas de pan.

Esa niña, explicó, sigue hablándole cada mañana. Es el recuerdo de lo que sufrió, pero también la razón por la que decidió transformar su herida en servicio.

Finalmente, Davis también explicó que quedó especialmente cautivada con una palabra empleada por la campaña: "erradicar". No se trata de reducir el problema un 20, 30 o un 50%, sino de acabar totalmente con el problema.

Porque, como ella misma explicó, ningún niño debería intercambiar su infancia por un plato de comida: "Servir es amar y creo que servir es sanar también mi vida"