Paula Nuévalos, agricultora.

Paula Nuévalos, agricultora. German Agrolife (YouTube). YouTube.

Ciencia

Paula Nuévalos, agricultora: "Vivir del campo es duro, pero en cuanto me pongo a podar siento paz mental"

La joven agricultora defiende que la vida en los pueblos ofrece comunidad, tranquilidad y un bienestar difícil de encontrar en la ciudad.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Paula Nuévalos, agricultora valenciana, encuentra paz mental y bienestar cada vez que trabaja en sus cultivos.

Tras estudiar Ingeniería Mecánica y trabajar como ingeniera, decidió regresar a su pueblo y hacerse cargo de la explotación agrícola familiar.

Destaca las dificultades del trabajo en el campo, como la inestabilidad económica y las inclemencias meteorológicas, pero valora la calidad de vida rural y el contacto con la naturaleza.

Para Paula, la vida en el campo proporciona equilibrio y tranquilidad que no encuentra en la ciudad, y considera fundamental la conexión con la naturaleza para el bienestar personal.

Hay quienes buscan el bienestar en escapadas de fin de semana o en técnicas de relajación. Para Paula Nuévalos, agricultora valenciana de 27 años, la calma aparece cada vez que vuelve a sus cultivos.

Aunque reconoce que trabajar en el campo exige esfuerzo constante, asegura que es precisamente allí donde encuentra el equilibrio que necesita. Natural de Utiel, en el interior de Valencia, Paula creció rodeada de viñedos y naturaleza.

Desde pequeña disfrutó de la vida rural y acompañaba siempre que podía a su padre en las labores agrícolas. Aun así, decidió estudiar Ingeniería Mecánica porque era una excelente estudiante y sentía pasión por la mecánica y los vehículos.

Tras completar la carrera y realizar un Erasmus en Alemania para perfeccionar el idioma, llegó a plantearse desarrollar allí su carrera profesional. Sin embargo, el clima, la distancia respecto a su familia y el fallecimiento de su padre cambiaron completamente sus prioridades y la llevaron a regresar a España.

Durante tres años trabajó como ingeniera mecánica en un empleo que también le gustaba. Sin embargo, la explotación agrícola familiar necesitaba atención y comprendió que, sin alguien implicado directamente, era complicado sacarla adelante.

Calma en el pueblo

Decidió entonces dar el paso y regresar definitivamente al campo. Reconoce que no fue una decisión sencilla, ya que existían dudas sobre la rentabilidad del sector. Aun así, siempre pensó que, si las cosas no funcionaban, podría compaginar la agricultura con otro empleo.

Lo importante para ella era volver a vivir en el pueblo, un lugar donde siente que realmente pertenece. Paula destaca que la calidad de vida en un entorno rural resulta difícil de encontrar en una gran ciudad.

Valora especialmente el sentimiento de comunidad, la cercanía entre vecinos y la posibilidad de disfrutar de un ritmo menos acelerado, algo que considera fundamental para su bienestar diario. Cuando habla de su trabajo agrícola, no oculta las dificultades.

Los precios, las inclemencias meteorológicas, el frío, las tormentas o fenómenos extremos forman parte de la profesión. Sin embargo, asegura que esas complicaciones quedan en un segundo plano cuando comienza a trabajar entre los árboles.

Explica que mientras poda o realiza cualquier otra tarea agrícola experimenta una sensación de tranquilidad difícil de describir. Afirma que su mente se despeja, aparecen nuevas ideas y desaparecen las preocupaciones acumuladas durante el día.

Es un momento en el que consigue desconectar completamente del estrés. Para la agricultora, muchas personas viven desconectadas de la naturaleza y eso termina pasando factura.

Considera que el contacto con el entorno natural ayuda a recuperar un estilo de vida más equilibrado y entiende por qué tantos agricultores, pese a las dificultades económicas, continúan eligiendo permanecer en el campo porque allí encuentran una paz que no cambiarían por otra profesión.