Albañil trabajando en la obra

Albañil trabajando en la obra IStock

Ciencia

José, albañil: "Nunca he trabajado con tanto calor, tenemos que beber agua todo el tiempo o se hace insoportable"

Los albañiles reclaman más pausas, sombra y cambios de horario para reducir los riesgos que provoca el trabajo físico durante los días de calor intenso.

Más información: Roberto Granda, meteorólogo: "Este no es 'el calor de siempre'. Los días de calor en España se han multiplicado"

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

Las altas temperaturas dificultan el trabajo al aire libre, obligando a modificar horarios y parar obras para proteger la salud de los trabajadores.

Albañiles como José y José Antonio destacan que el calor extremo vuelve insoportable la jornada y aumenta el riesgo de deshidratación y golpes de calor.

La normativa española exige a las empresas adaptar medidas como pausas, agua fresca y zonas de sombra durante episodios de calor extremo.

Los trabajadores consideran imprescindible adelantar jornadas, aumentar descansos y suspender tareas físicas ante riesgos por calor para garantizar la seguridad.

Las altas temperaturas se han convertido en uno de los mayores desafíos para quienes trabajan al aire libre.

En el sector de la construcción, cada jornada de calor extremo obliga a extremar las precauciones, modificar horarios e incluso detener las obras cuando la salud de los trabajadores está en juego.

José, albañil con experiencia en obras de rehabilitación, reconoce que nunca había afrontado unas condiciones tan duras.

Según explica, el calor hace que completar la jornada resulte cada vez más complicado y obliga a mantener una hidratación constante para poder seguir trabajando. "Estamos bebiendo agua constantemente porque, si no, se hace insoportable", afirma el operario.

Para él, los extremos nunca son buenos, aunque admite que prefiere trabajar con frío antes que soportar temperaturas que convierten cualquier esfuerzo físico en un auténtico riesgo.

"Así no se puede trabajar"

La situación también la comparte José Antonio, otro albañil que decidió paralizar una obra cuando el termómetro superó los 36 grados. "Así no se puede trabajar, tenemos que parar y mañana será otro día", asegura, convencido de que la seguridad debe situarse siempre por encima del calendario.

Aunque reconoce que la lluvia suele ser uno de los mayores inconvenientes para el sector de la construcción, considera que el calor extremo resulta aún más difícil de gestionar.

Cuando las temperaturas se disparan, el agotamiento físico aparece rápidamente y cualquier tarea exige un esfuerzo mucho mayor.

Trabajar durante horas bajo el sol incrementa notablemente el riesgo de sufrir deshidratación, golpes de calor y otros problemas relacionados con el estrés térmico.

Además, la exposición continuada a la radiación solar también puede favorecer daños en la piel y acelerar su envejecimiento. Ante este escenario, la normativa española obliga a las empresas a adoptar medidas específicas cuando se producen episodios de calor extremo.

Si las condiciones meteorológicas representan un riesgo para la salud y no pueden garantizarse unas condiciones seguras, determinadas tareas deben suspenderse temporalmente.

El Real Decreto-ley 4/2023 establece precisamente esa obligación, reforzando la prevención en los trabajos desarrollados al aire libre. La adaptación de horarios, el aumento de las pausas, la disponibilidad de agua fresca y la creación de zonas de sombra forman parte de las medidas recomendadas.

Para José Antonio, esta regulación supone un respaldo a una decisión que considera de puro sentido común.

Asegura que continuar levantando muros o realizando trabajos físicos intensos bajo un calor abrasador no demuestra compromiso con el trabajo, sino que puede poner en peligro la vida.

Los propios trabajadores coinciden en que las soluciones pasan por adelantar las jornadas a las primeras horas del día, descansar con mayor frecuencia y mantener una hidratación constante.

En su opinión, detener una obra cuando el calor alcanza niveles extremos no es una excepción, sino una medida imprescindible para proteger la salud.