Cabra en el campo.

Cabra en el campo. Freepik

Ciencia

Francisco José Castillo, ganadero: “Las cabras se convierten en aliadas contra los incendios forestales”

Las cabras vuelven al centro de la prevención forestal: comen matorral, reducen combustible y ayudan a frenar incendios en la Sierra de Segura.

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Las claves

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Francisco José Castillo utiliza un rebaño de 160 cabras en la Sierra de Segura (Jaén) para prevenir incendios forestales mediante el pastoreo.

Las cabras ayudan a reducir el riesgo de incendios al alimentarse de matorral, pasto seco y vegetación baja que actúan como combustible en el monte.

El sistema incorpora collares inteligentes con geolocalización y sensores, permitiendo controlar el rebaño y gestionar el pasto mediante vallados virtuales.

El proyecto, llamado Pastores Digitales contra el Fuego, integra tecnología y ganadería extensiva para mantener cortafuegos y reducir la acumulación de biomasa en los montes.

La imagen de un rebaño pastando en el monte puede parecer antigua, casi ajena a la innovación. Pero en Jaén, esas cabras se han convertido en una herramienta moderna contra uno de los grandes problemas del verano: los incendios forestales.

El protagonista es Francisco José Castillo Martínez, ganadero a tiempo parcial junto a sus hermanos en la Sierra de Segura. Su explotación cuenta con unas 160 cabras que pastan entre Torres de Albanchez y Benatae, en pleno entorno forestal.

La frase que sostiene el titular la pronunció en El País: las cabras evitan pasar 15 horas seguidas en el campo y, además, se convierten en aliadas contra los incendios. La clave está en unir oficio antiguo y tecnología.

El sistema forma parte del silvopastoralismo pírico, una modalidad de ganadería extensiva que integra el pastoreo con la gestión forestal. Su objetivo es reducir vegetación en cortafuegos, áreas estratégicas y zonas de alto riesgo antes de que llegue el fuego.

Dicho de forma sencilla: las cabras comen parte del combustible que podría alimentar un incendio. Matorral, brotes, pasto seco y vegetación baja dejan de acumularse como una alfombra inflamable en el monte mediterráneo.

Reduce desplazamientos

La novedad del caso jiennense es que el pastoreo ya no depende solo del ojo del ganadero. Una veintena de cabras lleva collares inteligentes con geolocalización, sensores y conexión a sistemas que registran movimiento, posición y actividad.

Esos collares permiten saber dónde está el rebaño y qué zonas utiliza más. También facilitan el uso de vallados virtuales: desde una aplicación, el ganadero delimita áreas de pasto sin instalar cercas físicas en el monte.

Cuando una cabra se acerca al límite marcado, el collar emite un aviso que el animal aprende a reconocer. No sustituye al pastor, pero reduce desplazamientos, mejora el control y hace más viable una actividad cada vez más difícil.

El proyecto se llama Pastores Digitales contra el Fuego y se desarrolla en Andalucía. Según la plataforma AKIS, combina sensores, imágenes satelitales, inteligencia artificial y herramientas digitales para ordenar el pastoreo en zonas forestales.

La idea responde a un problema estructural. El abandono de usos tradicionales ha dejado muchos montes con más biomasa acumulada. En verano, esa vegetación seca puede facilitar incendios más rápidos, intensos y difíciles de controlar.

Las cabras tienen una ventaja clara frente a otros animales: aprovechan matorral y vegetación arbustiva con mucha eficacia. Por eso resultan útiles en zonas donde una máquina trabaja peor o donde el desbroce convencional resulta caro.

La ciencia ya había apuntado en esa dirección. Un estudio difundido por SINC comprobó que el ganado caprino podía lograr resultados similares al desbroce mecanizado, con una ventaja añadida: el mantenimiento continuo de los cortafuegos.

Ese detalle es importante. Limpiar una franja una vez no basta, porque la vegetación vuelve a crecer. Si el rebaño regresa de forma periódica, el monte se mantiene más abierto y el fuego encuentra menos continuidad.

El proyecto también busca reconocer un servicio ambiental que durante años se pagó poco o nada. El ganadero no solo produce carne o leche: también gestiona paisaje, reduce riesgo, conserva razas autóctonas y mantiene vida rural.