La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, durante la sesión de control al Gobierno celebrada en el Senado.

La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, durante la sesión de control al Gobierno celebrada en el Senado. EFE

Ciencia

La psicología dice que las personas que no pueden acceder a una vivienda sufren una "hipoteca emocional"

Esta situación no solo genera una incertidumbre continua, sino que puede llegar a desembocar en cuadros graves de ansiedad y un fuerte desgaste mental.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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La dificultad para acceder a una vivienda digna en España genera una "hipoteca emocional" que afecta negativamente a la salud mental de miles de personas.

El bloqueo en el acceso a la vivienda provoca ansiedad, desmotivación, sensación de fracaso e incertidumbre crónica, especialmente en los jóvenes.

Destinar más de la mitad del salario a la vivienda duplica el riesgo de sufrir ansiedad o depresión, según estudios recientes.

La "hipoteca emocional" afecta tanto a jóvenes como a personas mayores, inmigrantes y familias con bajos recursos, extendiéndose más allá de los menores de 35 años.

La imposibilidad de acceder a una vivienda digna no solo vacía los bolsillos, sino que también erosiona la salud mental y se convierte en una auténtica "hipoteca emocional" para miles de personas en España.

El término resume años de expectativas frustradas: generaciones educadas para emanciparse, construir un hogar y proyectar su vida descubren que, pese a cumplir con los requisitos académicos y laborales, el acceso a un techo propio se vuelve un horizonte cada vez más lejano.

La profesora de Psicología de la Universidad Europea de Madrid Mariola Fernández ha explicado en una entrevista a EFE que este problema va más allá de firmar un contrato de alquiler o una hipoteca.

Y es que lo que está en juego es la posibilidad de tener un hogar, un espacio estable de pertenencia donde guardar afectos, vínculos y memoria, clave para sostener el equilibrio emocional.

Entre fracaso y desmotivación

Cuando esa posibilidad se bloquea de forma sostenida, el impacto psicológico se acumula y aparece lo que la especialista describe como una "pandemia silenciosa".

Se trata de una ansiedad difusa que se mezcla con desmotivación, sensación de fracaso y una incertidumbre crónica sobre el propio proyecto vital. En consulta, Fernández relata que atiende a jóvenes que han perdido el "norte" que guiaba su vida adulta.

Los objetivos clásicos de emanciparse, avanzar profesionalmente y construir una familia se perciben como inalcanzables, lo que alimenta el malestar y la idea de haber hecho "todo bien" sin recompensa.

La evidencia empírica apunta en la misma dirección: estudios recientes muestran que destinar más de la mitad del salario a la vivienda duplica el riesgo de sufrir ansiedad o depresión en población joven, que se ve atrapada entre la precariedad laboral y unos precios disparados.

Ese sobreesfuerzo económico se traduce en noches en vela, miedo a no llegar a fin de mes y la sensación de vivir siempre al borde del desahucio emocional, incluso cuando la persona mantiene un empleo estable y una trayectoria académica que, sobre el papel, debería garantizarle seguridad.

La "hipoteca emocional", advierte Fernández, no se limita a los menores de 35 años: también golpea a personas mayores que encadenan alquileres, a inmigrantes que aceptan viviendas indignas y a familias con pocos recursos que normalizan el hacinamiento como única opción disponible.

Frente a este escenario, la psicóloga propone un abordaje que comienza por devolver a cada individuo la sensación de pertenencia al espacio que habita, trabajando la orientación, el arraigo en su entorno y herramientas para manejar la saturación mental que provoca el bloqueo residencial.

La experta insiste, además, en la necesidad de informarse bien, contrastar fuentes y consultar a profesionales, relegando las redes sociales a un uso lúdico: solo una ciudadanía con opiniones sólidas y datos puede exigir políticas de vivienda que alivien esta hipoteca emocional colectiva.