Plaga de la langosta del desierto.

Plaga de la langosta del desierto.

Ciencia

Marruecos cambia de estrategia: drones y biopesticidas para frenar una plaga que devora 80 toneladas de vegetación al día

La langosta del desierto vuelve a poner en alerta a Marruecos: un enjambre puede devorar 80 toneladas de vegetación al día.

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Las claves

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Marruecos enfrenta la plaga de la langosta del desierto, capaz de devorar hasta 80 toneladas de vegetación al día, con nuevas tecnologías como drones y biopesticidas.

Expertos recibieron formación en Agadir sobre pulverización precisa con drones y uso de biopesticidas, dentro de una iniciativa regional apoyada por la FAO.

El enfoque preventivo busca localizar rápidamente los focos y tratar zonas específicas para evitar que pequeños brotes se conviertan en grandes invasiones.

La estrategia promueve la profesionalización y la cooperación internacional, ya que la langosta del desierto puede cruzar fronteras y afecta a varios países del Magreb.

Marruecos está probando una nueva forma de luchar contra una amenaza antigua. La langosta del desierto, una de las plagas migratorias más destructivas del mundo, vuelve a poner en alerta al noroeste de África tras meses de lluvias.

Lo cierto es que es tan grave por lo que consumen estos animales, hasta 80 toneladas al día enjambres concretos: unos 40 millones de langostas pueden consumir una enorme cantidad de vegetación en una jornada.

La FAO explica la clave: cada langosta adulta puede comer su propio peso diario y un enjambre de un kilómetro cuadrado puede reunir entre 40 y 80 millones de insectos, con impacto directo sobre cultivos y pastos.

Por eso Marruecos no se enfrenta solo a una molestia agrícola. Cuando la langosta entra en fase gregaria, se mueve en masa, avanza con el viento y puede convertir una zona verde en terreno arrasado muy rápido.

El giro reciente está en Agadir. Del 1 al 7 de junio de 2026, expertos en control de langosta recibieron formación en nuevas tecnologías de pulverización, desde drones hasta biopesticidas, dentro de una iniciativa de cooperación Sur-Sur.

Pequeños enjambres y grupos adultos podían seguir entrando

No se trata solo de fumigar más, sino de fumigar mejor. La FAO defiende una estrategia preventiva: localizar antes los focos, intervenir rápido y evitar que pequeñas infestaciones se conviertan en invasiones capaces de amenazar cosechas y medios de vida.

La formación fue impulsada por la CLCPRO, la comisión regional de la FAO para el control de la langosta en la región occidental. El objetivo era crear expertos capaces de replicar después el entrenamiento en sus países.

El momento no es casual. En marzo, la FAO avisó de que el brote seguía activo en el Sáhara Occidental y el sur de Marruecos, con grupos adultos moviéndose hacia el norte y reproducción en varias zonas.

La organización también advertía de que pequeños enjambres y grupos adultos podían seguir entrando en Marruecos y Argelia, donde la reproducción podía generar nuevos grupos de ninfas y bandas si no se mantenían vigilancia y control.

El país ya estaba actuando sobre el terreno antes de esta nueva fase tecnológica. El boletín de la FAO recogió que Marruecos había tratado 39.042 hectáreas en enero, frente a 7.161 en Mauritania y 1.155 en Senegal.

El problema se gestó con una combinación peligrosa: lluvias, vegetación disponible y condiciones favorables para la reproducción. La langosta no se vuelve devastadora de golpe; primero aparecen adultos dispersos, luego grupos, bandas de ninfas y enjambres.

Ahí entran los drones. Su ventaja no es sustituir por completo a aviones o equipos terrestres, sino llegar a focos concretos, mapear zonas, ajustar dosis y aplicar tratamientos con más precisión en territorios difíciles.

CABI ha estudiado el uso de drones contra la langosta del desierto con biopesticidas. Sus ensayos apuntan a que la tecnología puede ser prometedora si se aplican protocolos claros y una altura óptima de vuelo.

Ese detalle técnico importa mucho. El estudio de CABI observó que volar por debajo de 10 metros podía sobredosificar el producto, mientras que hacerlo por encima podía aplicar demasiado poco y reducir la exposición de las langostas.

Los biopesticidas son la otra pieza del cambio. CABI destaca productos basados en Metarhizium acridum, un hongo que ataca langostas y saltamontes, con menor impacto sobre otros organismos que muchos insecticidas convencionales.

El matiz es que estos productos no funcionan como una bomba inmediata. Suelen encajar mejor en estrategias preventivas o fases tempranas, cuando las bandas juveniles aún son más vulnerables y no se han transformado en grandes enjambres voladores.

La estrategia marroquí, por tanto, no consiste solo en tener más herramientas, sino en profesionalizar su uso. La FAO plantea formar especialistas capaces de planificar, supervisar tratamientos y aplicar estándares técnicos, sanitarios y ambientales.

Esa dimensión regional importa mucho. La langosta del desierto no entiende de fronteras: puede reproducirse en Mauritania, avanzar hacia el Sáhara, entrar en Marruecos y seguir hacia otras zonas del Magreb si las condiciones acompañan.

Por eso la respuesta no puede ser solo nacional. La FAO recuerda que los enjambres pueden cubrir áreas enormes, alcanzar zonas remotas y exigir coordinación transfronteriza, lo que complica mucho cualquier operación de control.