Un gato en un jardín.

Un gato en un jardín. Istock

Ciencia

Los veterinarios coinciden: la memoria de los gatos está determinada por la frecuencia con la que salen a la calle

El comportamiento de los felinos es significativamente diferente al de los perros, dado que estos son más independientes en sus aventuras.

Más información: Los veterinarios están de acuerdo: dejar que los gatos salgan a la calle de forma supervisada mejora su conducta

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Las claves

Las claves

La memoria de los gatos se desarrolla en función de la frecuencia con la que salen a la calle y exploran entornos variados.

El acceso al exterior enriquece el entorno del gato, permitiéndole interactuar con más estímulos, lo que favorece su bienestar y memoria espacial.

Un ambiente doméstico pobre y monótono puede causar estrés, aburrimiento e inactividad en los gatos que no salen nunca.

Salir a la calle aporta beneficios pero también riesgos, por lo que la mejor opción depende del entorno y de la adaptación individual de cada gato.

La memoria de un gato no es una simple lista de recuerdos. De hecho, en gran medida, se construye a partir de los lugares que recorre, los olores que reconoce, los sonidos que anticipa y las rutinas que repite.

Por eso, cuando veterinarios y expertos en comportamiento felino hablan sobre el bienestar de los gatos domésticos, existe una dieta que se repite constantemente: el ambiente en el que viven condiciona su conducta, su actividad y su forma de relacionarse con el mundo.

Y salir o no salir a la calle cambia esa exposición ambiental, como sugirió la revisión publicada el pasado año 2005 en Applied Animal Behaviour Science, donde se analizaron las necesidades de alojamiento de los gatos domésticos mantenidos en el hogar.

En esta revisión, a cargo de Irene Rochlitz y sus colegas, se intentó discernir cómo deben vivir los gatos de compañía.

Lejos de los anteriores estudios, realizados en laboratorios, refugios o criaderos, en este caso el estudio se focalizó en los gatos domésticos y se valoraron cinco grandes factores de bienestar: alimentación y agua adecuadas, un entorno apropiado, atención sanitaria, posibilidad de expresar conductas normales y protección frente al miedo y el estrés.

Interactuar con entornos variados

Dentro de este marco del bienestar, el acceso al exterior es un punto clave.

Un gato que sale a la calle encuentra un entorno mucho más complejo que una vivienda: más estímulos visuales, olores cambiantes, sonidos diversos, superficies, rutas, escondites e interacciones con otros animales, además de zonas que puede explorar o evitar.

La exposición repetida favorece que el animal construya mapas de su entorno. No se trata de pensar que un gato tiene mejor memoria porque sale más, sino que realmente su memoria espacial y su repertorio de respuestas se alimentan de la frecuencia con la que interactúa con entornos variados.

Esta revisión nos recuerda que la vida de un gato confinado en interiores es inevitablemente más escasa que la de un gato que es libre de deambular libremente.

Los gatos que viven dentro de casa necesitan también una calidad superior en sus interacciones; no basta con tener metros de vivienda disponibles, sino también estructuras verticales, plataformas, estanterías, ventanas, zonas de descanso, escondites y lugares desde los que observar.

Es lo que puede ampliar su "territorio mental" dentro de la vivienda. El problema, en este caso, aparece cuando el gato que vive en interiores habita en un interior pobre, monótono y predecible.

Los investigadores señalan que, frente al exterior, el ambiente doméstico puede ser relativamente empobrecido y favorecer tanto el aburrimiento como el estrés y la inactividad.

En estas condiciones, el gato tiene menos oportunidades de explorar, jugar, acechar, trepar o marcar; no son conductas caprichosas, sino que forman parte de su biología. Un gato que rasca, olfatea, observa desde las alturas o persigue objetos está ejercitando mecanismos básicos de la conducta felina.

Por eso, la frecuencia con la que un gato sale a la calle puede influir en lo que aprende y recuerda de su entorno. Si un gato sale de forma diaria tiene más ocasiones de actualizar rutas, reconocer olores, identificar zonas seguras y detectar amenazas.

Por contra, un gato que no sale nunca dependerá de que su vivienda le ofrezca alternativas: si un hogar está bien preparado, muchos gatos pueden adaptarse adecuadamente a esta vida de interior, especialmente si se han criado así de pequeños; pero, si han tenido acceso al exterior durante años, un cambio brusco puede resultarles difícil.

Esta revisión también evita dar una lectura simplista: salir no siempre es mejor. El exterior ofrece los mencionados estímulos, pero no carece de riesgos, como los potenciales atropellos, peleas con otros gatos, enfermedades infecciosas, ataques de otros animales, intoxicaciones, robos o incluso la pérdida del animal.

En cambio, el interior protege de muchos de estos peligros, aunque a su vez puede asociarse a sedentarismo, obesidad, aburrimiento o problemas de conducta si no se gestiona adecuadamente.

Como vemos, no existe una respuesta universal, ni hay una opción mejor que otra; dependerá de la relación entre propietario y gato, y de la seguridad del ambiente al que pueda exponerse.