Un paseo junto al mar.
Colleen Duncan, veterinaria: “Pasear al perro puede mejorar la salud del animal y la de su dueño en solo 8 semanas”
Pasear al perro deja de ser solo una rutina: una pauta veterinaria de 8 semanas puede activar tanto al animal como al dueño.
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Pasear al perro suele verse como una obligación diaria, una rutina que hay que encajar antes o después del trabajo. Sin embargo, la veterinaria Colleen Duncan lo plantea desde otro lugar: una herramienta sencilla de salud compartida.
La idea procede de un estudio publicado en BMC Veterinary Research por Duncan y otros investigadores. El trabajo evaluó un programa de actividad física prescrito por veterinarios durante ocho semanas, con 59 parejas formadas por perros y dueños.
El dato que sostiene el titular es claro. Tras esas ocho semanas, el programa de caminatas aumentó de forma significativa la actividad física de perros sanos pero poco activos y también la de sus propietarios.
El matiz es importante: no se trataba de perros enfermos ni de un plan extremo de adelgazamiento. El objetivo era comprobar si una receta veterinaria de paseo podía activar a animales y personas insuficientemente activos.
La intervención era bastante sencilla. Los participantes recibieron un plan de caminatas de ocho semanas, con una progresión inicial de tres semanas hasta alcanzar 150 minutos semanales de actividad física, una meta realista y medible.
La frase de Duncan funciona porque resume una idea potente: cuando un veterinario prescribe movimiento para el perro, también puede estar moviendo al dueño. No es solo salud animal ni solo salud humana, sino una intervención compartida.
Barato, accesible y flexible
El estudio encaja dentro del enfoque One Health, que entiende que la salud de personas, animales y entorno está conectada. En este caso, la conexión es muy concreta: una correa, una rutina diaria y varios paseos semanales.
Los resultados apuntaron a algo más que minutos caminando. La frecuencia de hipertensión en los participantes humanos disminuyó significativamente, mientras el peso, la condición corporal canina y el índice de masa corporal humano mejoraron como tendencia.
Ese último punto exige prudencia. El propio estudio reconoce que, al durar solo ocho semanas, no se esperaban grandes cambios biométricos. Aun así, observar señales favorables en tan poco tiempo refuerza el valor preventivo del paseo.
La investigación también probó si los dispositivos de seguimiento canino cambiaban el resultado. Un grupo podía ver datos de actividad en tiempo real mediante un wearable para perros; el otro no tenía ese tipo de retroalimentación.
La sorpresa fue que no hubo diferencias significativas entre grupos. Eso deja un mensaje práctico: no hace falta convertir al perro en un atleta monitorizado para empezar; lo decisivo fue tener una pauta clara y cumplirla.
La caminata tiene ventajas porque es barata, accesible y flexible. No exige instalaciones especiales ni grandes conocimientos técnicos. Para muchos perros, basta con salir más, alargar poco a poco el paseo y adaptar el ritmo.
La Asociación Americana de Medicina Veterinaria recuerda que caminar ayuda a preservar el tono muscular y el movimiento articular del animal. Si el perro tiene sobrepeso, puede ser una forma segura de gastar energía.
El beneficio humano también está documentado. Un estudio en Scientific Reports encontró que los dueños de perros tenían cuatro veces más probabilidades de cumplir las recomendaciones de 150 minutos semanales de actividad física.
Esa diferencia se entiende bien en la vida diaria. Una persona puede saltarse el gimnasio, retrasar una caminata o dejar el ejercicio para mañana. Pero un perro necesita salir, oler, moverse y gastar energía.
El paseo también tiene dimensión mental. Para el perro, caminar no es solo ejercicio: es olfato, exploración, estímulos y regulación emocional. Para el dueño, puede ser una pausa y una forma amable de romper el sedentarismo.
La clave está en hacerlo bien. No todos los perros deben caminar lo mismo ni al mismo ritmo. Un cachorro, un perro mayor, un braquicéfalo, un animal obeso o con artrosis necesita una pauta distinta.
También hay que tener en cuenta el calor. En verano, el paseo saludable puede convertirse en riesgo si se hace a pleno sol, sobre asfalto caliente o con perros vulnerables, así que la receta debe adaptarse.