Xavier Guix, psicólogo.

Xavier Guix, psicólogo. El Español

Ciencia

Los psicólogos españoles están de acuerdo: "La necesidad de ser uno mismo surge a los 40 años y ahí es cuando llega la crisis"

En esta etapa de la vida es cuando aparece una crisis que lejos de ser un fenómeno superficial, responde a una tensión interna acumulada.

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P. G. Santos
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Las claves

Las claves

La crisis de los 40 es considerada por psicólogos como un proceso psicológico natural y no un mito, vinculado a la evolución personal.

Durante la infancia y la adolescencia, la identidad está en construcción y marcada por la insatisfacción y la búsqueda interna.

A partir de los 25 años, las personas priorizan la estabilidad social y profesional, postergando cuestiones profundas sobre el yo.

La necesidad de ser uno mismo suele emerger alrededor de los 40 años, generando una crisis que puede entenderse como una oportunidad de reajuste vital.

La idea de que la crisis de los 40 no es un mito, sino un proceso psicológico con base evolutiva, gana peso en el discurso del psicólogo Xavier Guix, quien sitúa en esa etapa un punto de inflexión clave.

Según el experto, el desarrollo personal no sigue una línea uniforme, sino que atraviesa distintas fases marcadas por necesidades cambiantes. Cada etapa responde a presiones internas y externas que moldean la identidad y la percepción que cada individuo tiene.

Guix explica, en el pódcast Tranquilla ment de RAC1, que durante la infancia predomina una ausencia de autoconciencia definida. "Cuando somos pequeños, nadie sabe quiénes somos", señala, subrayando cómo en esos primeros años la identidad todavía no se ha consolidado ni diferenciado claramente.

La adolescencia introduce un giro significativo en ese proceso. Es una etapa caracterizada por el conflicto interno y la insatisfacción con uno mismo. "Cuando somos adolescentes, no nos gusta quiénes somos", afirma el psicólogo, describiendo un periodo de búsqueda constante.

Una transformación a los 40

A partir de los 25 años, cuando el cerebro alcanza su desarrollo completo, emergen nuevas prioridades. En ese momento, los individuos tienden a centrarse en construir su vida social, profesional y familiar, buscando estabilidad y reconocimiento dentro de su entorno inmediato.

"Tenemos que demostrar nuestra valía en el trabajo, empezamos a formar una familia, empezamos a ahorrar", detalla Guix, describiendo una fase marcada por la acción y la integración social, donde la identidad queda en segundo plano frente a las responsabilidades.

Sin embargo, esta etapa de construcción no resuelve necesariamente las preguntas más profundas sobre el yo. Más bien, las pospone. La presión por cumplir expectativas sociales puede silenciar aspectos personales que no encajan en ese modelo de vida establecido.

Es alrededor de los 40 años cuando, según Guix, emerge una necesidad distinta. "No es hasta los 40 años cuando surge la necesidad de ser uno mismo", explica, apuntando a una transformación interna significativa.

En ese momento aparece la conocida crisis de la mediana edad. Lejos de ser un fenómeno superficial, responde a una tensión interna acumulada. "Una parte de mí empieza a querer salir a la luz", describe el psicólogo sobre ese proceso.

Esa parte reprimida comienza a presionar con fuerza. "Empieza a decir: 'Yo también quiero formar parte de esto'", añade Guix, reflejando el conflicto entre la identidad construida socialmente y la identidad más auténtica que busca expresarse.

La crisis, por tanto, no depende estrictamente de la edad cronológica. Puede aparecer a los cuarenta o a los cincuenta, pero su origen es el mismo: la necesidad de reconciliar las distintas dimensiones del yo tras años de adaptación a expectativas externas.

Este enfoque rompe con la visión estigmatizada de la crisis como un signo de debilidad. En cambio, la presenta como una oportunidad de reajuste vital, donde el individuo puede replantearse sus prioridades y alinear su vida con sus valores personales.

"Las etapas de nuestra vida sí importan, tienen sus propios ritmos", concluye Guix, destacando que este momento crítico no es una anomalía, sino una fase natural del desarrollo humano que invita a una reflexión profunda sobre quiénes somos realmente.