Un gato y una chica.

Un gato y una chica. Istock

Ciencia

Los veterinarios coinciden: la personalidad de los gatos está condicionada por si los dueños dejan que les muerdan y arañen

Cuando el felino crece, esa costumbre puede volverse más intensa y generar un daño físico considerable, además de una convivencia más tensa.

Más información: Los veterinarios están de acuerdo: la personalidad de los gatos está condicionada por la de sus propios dueños

P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Permitir que los gatos muerdan o arañen a sus dueños durante el juego puede fomentar comportamientos agresivos y difíciles de corregir.

Veterinarios recomiendan no usar manos ni pies como juguetes, ya que esto lleva al gato a percibir a la persona como una presa.

El uso de juguetes externos, como plumas o pelotas, es la mejor opción para canalizar el instinto cazador felino sin riesgos.

Mordeduras y arañazos de gatos pueden provocar infecciones y deteriorar la convivencia si no se corrigen estos hábitos desde jóvenes.

Una escena frecuente en los hogares es ver a tutores jugando con su gato usando las manos. Dejan que muerda sus dedos o brazos. Lo que parece un gesto simpático esconde un peligro importante para la salud de todos.

El veterinario Pablo Olmedo ha publicado un vídeo en su perfil de TikTok advirtiendo sobre esta práctica. Según este profesional, los dueños jamás deben convertirse en juguetes. La naturaleza de estos felinos transforma este inocente pasatiempo en un verdadero instinto de caza animal.

Cuando una persona permite que el felino muerda o arañe partes de su cuerpo, está fomentando que el gato lo perciba como una presa. Este equívoco genera una dinámica negativa que puede traer consecuencias muy graves a largo plazo.

Olmedo insiste en que las manos y los pies son los objetivos favoritos durante estos juegos inapropiados. Si el animal interioriza que atacar a su tutor es correcto, desarrollará comportamientos agresivos y difíciles de corregir en su edad adulta.

Más jóvenes, más vulnerables

Otros expertos en comportamiento felino también apoyan esta visión sobre la interacción doméstica. Señalan que los gatos más jóvenes son especialmente vulnerables a confundir los límites del juego si sus tutores no establecen fronteras físicas claras.

Los especialistas recomiendan utilizar herramientas externas para entretener a las mascotas sin riesgos. Juguetes como plumas, pelotas o cañas permiten que el gato satisfaga su instinto cazador sin vincular la agresión con ninguna parte del cuerpo del ser humano.

El daño físico causado por mordeduras o arañazos de gatos puede ser muy doloroso y peligroso. La boca y las uñas de estos animales contienen bacterias que pueden provocar infecciones severas si logran penetrar la piel de una persona.

A largo plazo, tener un felino que considera al dueño como su presa destruye la convivencia. El miedo a caminar por casa o recibir un ataque sorpresa disminuye drásticamente la calidad de vida tanto del animal como del propietario.

La advertencia de Olmedo es vital en la educación temprana. Corregir ciertos hábitos es sencillo durante las primeras semanas de vida del animal, pero se vuelve extremadamente complejo cuando el ejemplar ya ha madurado y establecido sus rutinas instintivas.

Entender la psicología detrás de las mascotas no solo previene accidentes, sino que garantiza un entorno familiar seguro y un respeto mutuo necesario. Humanizar en exceso a las mascotas genera problemas graves.

Reconocer que un gato actúa mediante su instinto de cazador ayuda a comprender que sus reacciones no son maldad, sino pura supervivencia natural. Adoptar nuevas estrategias de juego evitará visitas médicas indeseadas y promoverá relaciones saludables.

La advertencia de Olmedo pone el foco en una costumbre muy extendida que suele interpretarse como una muestra de confianza entre mascota y propietario. Sin embargo, para el gato la situación puede tener un significado completamente diferente y mucho más instintivo.

Comprender cómo funciona el comportamiento felino resulta fundamental para evitar problemas futuros. Lo que comienza como un juego inocente durante los primeros meses de vida puede convertirse, con el tiempo, en una fuente constante de mordiscos, arañazos y conflictos.