Una pareja observa la puesta de sol

Una pareja observa la puesta de sol Shutterstock

Ciencia

Los psicólogos coinciden: compartir emociones positivas a partir de los 56 años en pareja es la mejor arma contra el estrés

La felicidad y la relajación vividas al mismo tiempo mostraron una relación más clara con la respuesta hormonal que el interés compartido.

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Las claves

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Compartir emociones positivas en pareja a partir de los 56 años contribuye a reducir el estrés, reflejado en menores niveles de cortisol.

Un estudio con 321 parejas de entre 56 y 89 años mostró que cuando ambos miembros se sentían bien juntos, su cortisol disminuía incluso horas después.

La felicidad y la relajación compartidas fueron las emociones más asociadas a un nivel de cortisol más bajo, mientras que el interés no mostró el mismo efecto.

El efecto de las emociones positivas compartidas fue similar en hombres y mujeres, independientemente de la edad o la satisfacción en la pareja.

Una conversación que termina en risa, una canción escuchada juntos o un rato tranquilo al final del día pueden cambiar el ánimo de una pareja. En adultos mayores, sentirse bien al mismo tiempo puede relacionarse con niveles más bajos de cortisol.

Así lo muestra una investigación publicada en Journal of Personality and Social Psychology con 321 parejas de entre 56 y 89 años. Cuando ambos se sentían mejor de lo habitual mientras estaban juntos, su secreción de cortisol era menor.

Esto sugiere que las emociones positivas y los vínculos cercanos pueden ayudar al organismo a regular el estrés. Tomiko Yoneda, psicóloga de la Universidad de California en Davis, encabezó un equipo que reunió tres estudios realizados en Canadá y Alemania.

Participaron 642 personas que convivían en pareja y llevaban juntas una media de 45 años. Durante siete días, cada miembro contestó por separado entre cinco y siete cuestionarios diarios.

Cómo influye la compañía

Indicaba cuánto se sentía feliz, relajado o interesado y, a continuación, recogía una muestra de saliva para medir el cortisol. El seguimiento generó 23.931 registros.

Las parejas se encontraban en el mismo espacio en algo más del 71% de las mediciones, lo que permitió observar cómo coincidían sus emociones durante la vida cotidiana.

Los investigadores consideraron que había una emoción positiva compartida cuando ambos estaban juntos y puntuaban por encima de su propio promedio. La medición no revelaba si hablaban, reían o simplemente compartían el mismo espacio.

Esta coincidencia apareció en el 38% de los momentos que pasaban juntos. La relajación fue la emoción más frecuente, con un 43%, seguida de la felicidad con un 41% y el interés con un 37%.

En esos momentos, cada participante presentaba una media de 1,03 nanomoles por litro menos de cortisol. La diferencia se mantenía incluso al tener en cuenta las emociones positivas que cada persona experimentaba por su cuenta.

El análisis también ajustó la hora del día, la edad, el sexo, la medicación y hábitos capaces de alterar el cortisol. El efecto fue significativo y modesto, ya que explicó alrededor del 0,5% de su variación momentánea.

Al estudiar cada emoción por separado, la felicidad y la relajación conservaron la relación con un cortisol más bajo. El interés no mostró el mismo patrón, lo que sugiere con cautela que la calma y la felicidad pueden tener un papel más claro.

La asociación continuaba en la siguiente medición, realizada unas horas después. El cortisol previo no permitía anticipar que la pareja se sentiría bien más tarde. El orden temporal aporta una pista, aunque no demuestra causalidad.

La relación fue parecida entre hombres y mujeres y no cambió con la edad o la satisfacción de pareja. Dentro de esta muestra, el efecto no quedó reservado a quienes describían las relaciones más felices.

El cortisol cumple funciones esenciales y sigue un ritmo diario, con niveles más altos al despertar. Una lectura puntual más baja ofrece información sobre la activación del organismo, aunque no equivale por sí sola a una mejora clínica.

El equipo partió de la teoría de la resonancia positiva, desarrollada por la psicóloga Barbara Fredrickson. Describe momentos en los que la emoción, los gestos de cuidado y las respuestas fisiológicas se acompasan entre dos personas.

El nuevo trabajo pudo medir la coincidencia emocional, pero dejó fuera las sonrisas, la mirada, el tono de voz o la sincronía biológica. Por eso, captó una parte del fenómeno y no toda la conexión entre ambos.

Una investigación anterior con matrimonios de larga duración encontró que las emociones positivas vividas a la vez se asociaban con una mejor calidad de pareja. La coincidencia emocional aportaba más información que el ánimo individual.

Otro trabajo observó que las respuestas fisiológicas tendían a coordinarse más durante las emociones positivas compartidas. Esa sincronía también se relacionó con interacciones más satisfactorias y mejores valoraciones de la relación años después.

El seguimiento más largo reunió a 154 matrimonios y los observó durante décadas. Una mayor resonancia positiva se asoció con un menor deterioro de la salud durante 13 años y una mayor longevidad a lo largo de 30.

Estos estudios apuntan en la misma dirección, aunque ninguno convierte una tarde agradable en un tratamiento. Tomiko Yoneda habló de «algo singularmente poderoso en compartir esas emociones positivas» con la pareja.

La investigación tampoco propone una actividad concreta. Una comida tranquila, un paseo, una canción o una conversación divertida pueden ofrecer ese contexto, siempre que los dos estén disfrutando de verdad del momento.

Una pareja también necesita espacio para la tristeza, el enfado y las conversaciones difíciles. Buscar momentos agradables resulta más sano cuando no obliga a fingir un entusiasmo que en ese momento no existe.

La muestra reunía a personas relativamente sanas, con un nivel educativo alto y relaciones de larga duración, y casi todas las parejas estaban formadas por un hombre y una mujer. Este perfil limita la aplicación de los resultados a otras formas de convivencia.

Además, los datos proceden de Canadá y Alemania y fueron recogidos antes de la pandemia. Harán falta estudios experimentales y grupos más diversos para saber si crear deliberadamente estos momentos reduce el cortisol.

Cuando el estrés se mantiene, altera el sueño o dificulta la vida diaria, conviene acudir a un profesional. Los momentos positivos en pareja pueden acompañar otros cuidados, pero no sustituyen la atención psicológica.

En estas parejas, el cuerpo parecía registrar los buenos momentos cotidianos. Cuando ambos se sentían mejor de lo habitual, el cortisol aparecía más bajo entonces y unas horas después. Sentirse bien juntos dejó una huella medible durante el día.