Muchas personas no saben reconocer lo ocurrido durante una discusión.

Muchas personas no saben reconocer lo ocurrido durante una discusión. iStock

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Inmaculada De la Hera, psicóloga: "Existen personas muy inteligentes que son incapaces de admitir un error"

La dificultad para reconocer fallos no depende solo de la inteligencia, sino de la forma en que cada persona gestiona su autoestima y sus creencias.

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Las claves

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Personas muy inteligentes pueden tener dificultades para admitir errores, según la psicóloga Inmaculada De la Hera.

La inteligencia no garantiza humildad intelectual; reconocer un fallo depende de cómo se interpreta el error y no solo del conocimiento.

Confundir "me he equivocado" con "soy un fracaso" dificulta la corrección de errores por miedo a perder valor personal.

El egocentrismo psicológico influye en la dificultad para aceptar errores, pero la humildad intelectual puede desarrollarse escuchando y aceptando otras opiniones.

Todos conocemos a alguien al que admitir que se ha equivocado le parece misión imposible.

En una conversación de pareja, una discusión familiar o incluso en el trabajo, hay personas que defienden su postura hasta el final, aunque sepan que no tienen razón.

Muchos piensan que este comportamiento está relacionado con la falta de inteligencia. Sin embargo, la realidad es que algunas de las personas más brillantes son las que más dificultades tienen para reconocer un error.

Así lo explica la psicóloga Inmaculada De la Hera a EL ESPAÑOL, quien asegura que existe una diferencia importante entre ser inteligente y tener humildad intelectual.

"Existen personas extraordinariamente inteligentes que son incapaces de admitir un error. Del mismo modo, encontramos individuos con capacidades cognitivas normales que muestran una enorme apertura mental y una gran disposición a aprender", detalla la experta.

Y es que mientras la inteligencia está relacionada con capacidades como el razonamiento, la memoria o la resolución de problemas, la humildad intelectual tiene que ver con la capacidad de cuestionar las propias creencias y aceptar que uno puede estar equivocado.

De la Hera se centra en que reconocer un error no siempre depende de cuánto sabe una persona, sino de cómo interpreta esa equivocación.

Hay quienes entienden que cometer un fallo forma parte del aprendizaje y para ellos, cambiar de opinión no supone ningún problema. Sin embargo, otras personas se toman cada error como una amenaza personal.

Según la especialista, la diferencia está en ser capaces de separar dos conceptos que muchas veces confundimos: "me he equivocado" y "soy un fracaso".

Cuando una persona logra distinguir ambas cosas, puede corregirse sin sentir que pierde valor o prestigio ante los demás.

Sin embargo, tal y como aclara la experta, en este bloqueo también influye el egocentrismo psicológico.

En estos casos, la persona tiende a observar la realidad desde una perspectiva muy centrada en sí misma. Sus opiniones, experiencias y necesidades ocupan un lugar principal, lo que hace que aceptar puntos de vista diferentes resulte especialmente complicado.

Por eso, en muchas discusiones el verdadero conflicto no gira en torno a quién tiene razón, sino la necesidad de proteger la propia imagen.

Y es que mientras algunas personas pueden pensar que quizá estaba equivocada, otras interpretan la situación como una pérdida de valor personal.

La buena noticia es que la humildad intelectual se puede trabajar. Escuchar con atención, aceptar diferentes opiniones y entender que equivocarse no nos hace menos válidos, son pequeños pasos que ayudan a crecer, según los especialistas.