Hombre instalando un aire acondicionado.

Hombre instalando un aire acondicionado. Freepik

Ciencia

Marruecos da una lección a España: combate el calor extremo con agua inteligente y menos aire acondicionado

El calor extremo obliga a Marruecos a cambiar de estrategia urbana: reutilizar agua y plantar sombra para aliviar calles cada vez más calientes.

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Las claves

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Marruecos está apostando por soluciones pasivas y basadas en la naturaleza para combatir el calor extremo, como la reutilización de aguas residuales tratadas para regar zonas verdes.

Ciudades como Marrakech y Agadir implementan planes climáticos que incluyen la creación de corredores verdes y la plantación de árboles nativos para reducir el efecto isla de calor.

El enfoque marroquí prioriza el uso eficiente del agua y la adaptación urbana, en lugar de depender exclusivamente del aire acondicionado, para refrescar espacios públicos y mejorar el confort térmico.

Este modelo requiere inversiones en tratamiento de aguas residuales y aceptación social, pero supone un cambio significativo frente a estrategias basadas solo en mayor consumo energético.

Marruecos está empezando a mirar el calor extremo como un problema urbano, sanitario y energético. En ciudades sometidas a sequía, turismo y crecimiento, la respuesta ya no puede limitarse a encender más aparatos de aire acondicionado.

El giro tiene sentido en un territorio especialmente vulnerable. World Weather Attribution concluyó que la ola de calor de abril de 2023 en España, Portugal, Marruecos y Argelia habría sido “casi imposible” sin el cambio climático causado por el ser humano.

Aquel episodio dejó temperaturas anómalas para la primavera y llegó en plena sequía regional. En Marruecos, el calor extremo volvió a mostrar su gravedad en julio de 2024, cuando se registraron hasta 48 ºC y al menos 21 muertes en Beni Mellal.

El aire acondicionado puede salvar vidas en interiores, pero no enfría calles, plazas ni paradas de autobús. Además, la Agencia Internacional de la Energía recuerda que ventiladores y aire acondicionado ya consumen casi el 20% de la electricidad usada en edificios.

Ahí aparece el verdadero cambio de enfoque. ONU Medio Ambiente defiende que las soluciones pasivas, eficientes y basadas en la naturaleza pueden cubrir parte de las necesidades de refrigeración sin disparar emisiones ni sobrecargar las redes eléctricas.

La clave es reutilizar

Marrakech ofrece un ejemplo muy claro. La reutilización de aguas residuales tratadas permite regar campos de golf, zonas ajardinadas, el palmeral y 26 jardines y parques urbanos, reduciendo la presión sobre los recursos convencionales de la cuenca del Tensift.

El matiz es importante: no se trata de gastar más agua para refrescar la ciudad, sino de usar mejor la que ya ha pasado por el sistema urbano. Esa lógica convierte un residuo en recurso climático.

La vegetación regada con agua reutilizada puede dar sombra, mejorar el confort térmico y hacer más soportable el espacio público. Un estudio sobre ciudades marroquíes señala que la estructura urbana y las zonas verdes influyen en las temperaturas superficiales.

El concepto de “agua inteligente” va precisamente por ahí. No consiste en llenar la ciudad de fuentes sin control, sino en reutilizar, regar mejor, elegir especies adaptadas y crear corredores verdes capaces de enfriar sin despilfarrar.

Marrakech también intenta llevar esa lógica a la planificación. Su Plan Territorial del Clima busca reforzar la resiliencia frente a olas de calor, escasez de agua e inundaciones, además de integrar el clima en las políticas urbanas.

La misma idea aparece en Agadir. Su Plan de Acción de Ciudad Verde incluye plantación de árboles nativos y corredores verdes para mejorar la calidad del aire, apoyar la biodiversidad local y mitigar el efecto isla de calor.

La comparación con España es evidente. Aquí también se está comprobando que el aire acondicionado no basta cuando fuera hay aceras sin sombra, barrios mineralizados, noches tropicales y centros urbanos que acumulan calor durante horas.

El reto marroquí, aun así, no es menor. Reutilizar aguas residuales exige tratamiento adecuado, inversión, mantenimiento, control sanitario y aceptación social. Pero el enfoque marca un cambio de mentalidad frente a una adaptación basada solo en consumo eléctrico.

En plena crisis climática, el confort urbano no puede depender únicamente de máquinas. Las ciudades que mejor resistan el calor serán las que aprendan a enfriar antes el espacio público: con agua reutilizada, árboles adecuados, sombra y suelos menos duros.