Marruecos busca más sostenibilidad ambiental.
Marruecos marca las normas: recurre a desaladoras portátiles para garantizar el agua potable en plena sequía extrema
La peor sequía de su historia reciente obliga a Marruecos a redefinir su estrategia hídrica para garantizar agua potable a toda su ciudadanía.
Más información: Marruecos apuesta por las desaladoras: invierte más de 12.000 millones de euros para sacar agua potable del mar.
Marruecos está combatiendo como puede una de sus peores sequías. El gobierno del país ha puesto en marcha un plan de emergencia nacional que prioriza la instalación de plantas desalinizadoras móviles y portátiles en su costa sur.
Esta medida busca garantizar el suministro inmediato de agua potable a las comunidades rurales más aisladas y a los núcleos urbanos costeros que sufren un desabastecimiento crítico debido al alarmante descenso en las reservas de sus embalses.
La gran innovación del proyecto radica en su sostenibilidad económica y ambiental. Para contrarrestar el elevado consumo eléctrico que exige el proceso de ósmosis inversa, estas unidades móviles operan acopladas directamente a sistemas de energía solar fotovoltaica.
Este enfoque permite aprovechar el enorme potencial de radiación solar del sur marroquí para abaratar drásticamente el coste de producción por metro cúbico, transformando una tecnología tradicionalmente costosa en una alternativa viable y competitiva.
Más agua potable gracias a desalinizadoras
La iniciativa es una clara respuesta rápida que forma parte de una macroestrategia a largo plazo. El objetivo de Marruecos es que el 60% de su consumo de agua potable provenga de la desalinización para el año 2030.
Para conseguir dicho objetivo, el gobierno compagina el despliegue de estas estaciones compactas de emergencia con la construcción de megaproyectos de infraestructura fija, entre los que destaca la futura planta de Casablanca, proyectada para ser una de las mayores del mundo impulsada por energías limpias.
El plan ya genera un impacto directo en la resiliencia climática de la región. Al independizar el suministro de agua de los ciclos de lluvias, el país no solo estabiliza el consumo humano, sino que también ofrece un balón de oxígeno al sector agrícola, motor clave de la economía local.
El despliegue de estas tecnologías, sumado a otras soluciones como la instalación de paneles solares flotantes en embalses del norte para evitar la evaporación, consolida a Marruecos como un laboratorio de adaptación climática en el norte de África.
Ahora solamente falta por ver si realmente el país logra ejecutar ese plan de 60% de agua potable a través de las desaladoras para dentro de cuatro años. Por ahora, parece que Marruecos está enfocando muy bien su estrategia, pero no es sencillo: es un plan de coste alto y que requiere de una grandísima operativa.
No obstante, es también necesario porque hay muchísimas zonas del sur que no cuentan con la cantidad de agua suficiente como para poder llevar una vida cómoda, por lo que es imprescindible que salga bien para poner fin a la gran crisis del agua.