Maria Vittoria Barbieri es investigadora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

Maria Vittoria Barbieri es investigadora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

Ciencia

Una investigadora del CSIC avisa: "Hemos detectado por primera vez plastificantes en el pescado congelado"

Congelar carne o pescado son prácticas domésticas muy habituales, pero los envases que utilicemos tienen que mantener la misma seguridad.

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Las claves

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Un estudio del CSIC detecta por primera vez plastificantes migrados desde envases plásticos al pescado congelado en condiciones domésticas.

La investigación analizó salmón, atún y merluza almacenados en diferentes envases, incluyendo bandejas de poliestireno y bolsas de congelación.

Se halló que la transferencia de compuestos tóxicos, como bisfenoles y ftalatos, depende del tipo de pescado, envase y tiempo de contacto.

En algunos casos, la migración de contaminantes superó los umbrales de seguridad europeos, especialmente con bisfenol A en merluza congelada en bandeja compostable.

Congelar pescado en casa parece, a simple vista, una de las rutinas domésticas incuestionables: se compra salmón, merluza o atún, se guarda en una bandeja, se envuelve con film o se usa una bolsa de plástico apta para congelación, y asunto resuelto.

El frío, solemos pensar, lo conserva todo de forma segura. Y, sin embargo, hemos estado mucho tiempo equivocados. Así lo sugeriría un nuevo estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, en colaboración con la Universidad de Florencia.

Y es que incluso en la nevera y el congelador, los envases pueden transferir aditivos plásticos al pescado. No es necesario que estos plásticos se encuentren a elevadas temperaturas, como se solía creer anteriormente.

La investigación, que se ha publicado recientemente en la revista Environment International, ha analizado por primera vez qué ocurre en condiciones reales de almacenamiento doméstico.

Es decir, no se ha estudiado un ambiente de laboratorio ideado para forzar la migración de sustancias, sino una situación muy habitual en cualquier cocina española: pescado guardado a 3-4ºC en la nevera durante 48 horas, o bien pescado congelado a -18ºC durante 30 días. Eso siempre y cuando se cumplan los tiempos recomendados, que muchas veces no es el caso.

Por qué son inseguros

En este caso, el equipo de investigadores analizó tres especies habituales en la cesta de la compra, como son el salmón, el atún y la merluza, junto a diferentes materiales de uso común: bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films plásticos y bolsas de congelación. El objetivo era comprobar si algunos compuestos presentes en estos envases podían pasar al alimento.

Los investigadores analizaron cuatro grandes familias de sustancias: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos.

Se trata de compuestos de uso habitual en la industria alimentaria para dar flexibilidad, resistencia o estabilidad a los plásticos; sin embargo, el problema reside en que su uso se ha relacionado con efectos toxicológicos como la disrupción endocrina. Por ello su presencia en los alimentos despierta especial preocupación.

Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es que la migración de estos compuestos no dependería de un único factor, sino de varios: tipo de envase, tiempo de contacto, características químicas del aditivo e incluso las propiedades del pescado.

No sería lo mismo un pescado graso, como el salmón, que otro más rico en agua, como la merluza. De hecho, los compuestos lipofílicos, es decir, más afines a la grasa, migraron con mayor facilidad hacia pescados grasos; por su parte, los bisfenoles migraron más fácilmente hacia pescados con mayor contenido acuoso.

Asimismo, el tiempo también es un factor clave. Cuanto más prolongado es el contacto entre pescado y envase, mayor sería la transferencia. En el caso de compuestos como los bisfenoles, estas tasas de migración llegaron hasta el 100%.

Por su parte, el DEHA, un plastificante alternativo usado para sustituir a los ftalatos, también mostró tasas muy elevadas de migración en todos los pescados analizados, llegando a ser superiores al 95% en el caso del salmón. Estos análisis de riesgo se focalizaron especialmente en el bisfenol A.

Aunque el resto de contaminantes contribuyó de forma mínima al índice de riesgo, el bisfenol A fue el principal responsable de que casi la mitad de los escenarios analizados superaran el umbral de seguridad establecido por las autoridades europeas.

Destacó especialmente el caso de la merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable, con mayor riesgo; por su parte, la refrigeración en bolsas de plástico durante 48 h fue el escenario con menor riesgo de transferencia.

Para finalizar, la directora del IDAEA-CSIC y coautora del estudio, Ethel Eljarrat, advierte de que esta exposición no debe entenderse de forma aislada. Recordemos que el pescado es solo una parte de la dieta, y no solo estamos expuestos a contaminantes mediante la dieta, sino también mediante otras vías como la inhalación o el contacto dérmico.

Por dicho motivo, los autores especifican que no pretenden lanzar una alarma simplista en contra del pescado congelado, sino más bien subrayar la necesidad de evaluar los materiales que usamos para esta conservación alimentaria.