Javier de Haro, psicólogo.
Los psicólogos están de acuerdo: prohibir las redes sociales a los menores, como quiere hacer el Gobierno, no es suficiente
Muchos expertos alertan de que los adultos también mantienen hábitos digitales poco saludables que terminan copiando niños y adolescentes.
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La intención del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años ha abierto un intenso debate social sobre el papel de la tecnología en la infancia y la adolescencia. Aunque la medida cuenta con apoyos, varios psicólogos consideran que por sí sola resulta insuficiente.
El psicólogo Javier de Haro ha explicado que entiende la preocupación institucional ante los efectos negativos del abuso de pantallas y redes sociales. Sin embargo, advierte de que centrar toda la atención en una prohibición puede provocar una peligrosa sensación de falsa tranquilidad en muchas familias.
El especialista sostiene que la responsabilidad principal sigue estando dentro de casa, incluso aunque existan restricciones legales. Según explica, son los propios adultos quienes entregan el primer móvil a sus hijos y quienes deben supervisar el uso que hacen de internet y las plataformas digitales.
Para De Haro, uno de los mayores riesgos de esta futura normativa es que algunos padres puedan pensar que el problema queda resuelto simplemente porque exista una ley. Esa relajación, señala, podría reducir todavía más la implicación familiar en la educación digital de los menores.
El psicólogo insiste en que las normas externas pueden servir como apoyo, pero nunca sustituir el acompañamiento cotidiano. A su juicio, educar sobre tecnología implica enseñar límites, fomentar el pensamiento crítico y dar ejemplo con los hábitos digitales que los adultos mantienen en casa diariamente.
Ejemplo paterno
Otro aspecto que preocupa al especialista es que la sociedad haya llegado al punto de necesitar prohibiciones para afrontar un problema educativo. Aunque considera razonable limitar ciertos accesos, lamenta que la educación digital continúe siendo una asignatura pendiente en numerosos hogares españoles actualmente.
De Haro remarca que los efectos perjudiciales de las redes sociales no afectan únicamente a niños y adolescentes. También los adultos pueden desarrollar dinámicas poco saludables relacionadas con las pantallas, algo que complica todavía más la tarea de ofrecer un modelo equilibrado y coherente en casa.
En este contexto, el debate no gira únicamente alrededor de la edad mínima para utilizar redes sociales. También pone sobre la mesa la necesidad de reforzar la educación emocional y tecnológica desde edades tempranas, para que los menores aprendan a relacionarse con internet de manera responsable.
El anuncio del Gobierno ha servido para abrir una conversación social más amplia sobre los límites, la supervisión y el uso responsable de la tecnología. Muchos expertos coinciden en que cualquier medida legal solo será verdaderamente eficaz si las familias participan activamente en ese proceso educativo.