Delta del Okavango, donde el agua se sumerge en las arenas del desierto

Delta del Okavango, donde el agua se sumerge en las arenas del desierto

Ciencia

Botswana cambia las normas: contiene un peculiar río de 1.600 kilómetros que nunca desemboca en el mar

La UNESCO lo protege como Patrimonio Mundial por su delta interior, un sistema único en el que sobreviven cientos de especies.

Más información: Marruecos da una lección a España: restaura un 30% de sus ecosistemas dañados para salvar a aves migratorias

Publicada
Las claves

Las claves

El río Okavango recorre 1.600 kilómetros desde Angola hasta Botswana, donde desaparece en el desierto del Kalahari sin llegar al mar.

Este río forma un delta interior único, considerado Patrimonio Mundial por la UNESCO, en el que solo el 2% del agua sale del sistema.

El delta del Okavango sostiene uno de los humedales más importantes del mundo y alberga una gran diversidad de fauna y flora, incluyendo especies amenazadas.

La cuenca del Okavango atraviesa Angola, Namibia y Botswana, por lo que su conservación depende de decisiones tomadas en varios países.

El Okavango nace lejos del mar y, al contrario que muchos otros grandes ríos, nunca llega a encontrarlo. Recorre unos 1.600 kilómetros por el sur de África antes de desaparecer en el desierto de Botswana.

El río nace en las tierras altas de Angola, donde se conoce como Cubango. Después avanza hacia el sureste, roza Namibia y entra en Botswana para formar uno de los paisajes más singulares del continente.

Su destino no es un estuario ni una costa. El Okavango se abre en abanico dentro del desierto del Kalahari, creando un delta interior donde el agua se reparte entre canales, lagunas, marismas y llanuras inundables.

La UNESCO lo define como uno de los pocos grandes sistemas de delta interior que “no fluyen hacia un mar u océano”. Esa rareza explica por qué el Delta del Okavango es Patrimonio Mundial desde 2014.

La explicación está en la propia cuenca. El agua queda atrapada en una zona endorreica, sin salida marina. En vez de continuar hacia el océano, se evapora, se infiltra en la arena o es absorbida por la vegetación.

La NASA resume el fenómeno con una cifra llamativa: solo el 2% del agua llega a salir del delta. El resto se pierde entre evaporación, transpiración vegetal, humedales y recarga subterránea.

Eso convierte al Okavango en una especie de río al revés para nuestra intuición. No termina en una playa, sino en un oasis que aparece y se reorganiza en medio de uno de los grandes paisajes áridos de África.

El resultado es una paradoja geográfica. Un río que nunca ve el mar sostiene uno de los humedales más importantes del planeta y una de las mayores concentraciones de fauna salvaje del sur africano.

El comportamiento del Okavango es todavía más extraño por su calendario. Las lluvias caen en Angola durante el verano austral, pero el pulso de agua tarda meses en recorrer la cuenca y llegar a Botswana.

Un delta que crece en plena estación seca

Por eso, el delta alcanza su gran inundación cuando Botswana atraviesa la estación seca. La UNESCO señala que esa crecida anual es una “fuerza vital” durante los meses más secos del país.

Mientras otras zonas del Kalahari se secan, el agua del Okavango transforma depresiones arenosas en canales, islas, pastizales inundados y lagunas. La fauna se concentra entonces alrededor de ese sistema cambiante.

La UNESCO identifica en el delta 1.061 especies de plantas, 89 de peces, 64 de reptiles, 482 de aves y 130 de mamíferos. Esa diversidad depende del equilibrio entre lluvia lejana y sequía local.

También viven allí especies amenazadas. El sitio sostiene poblaciones de guepardos, rinocerontes blancos y negros, licaones y leones, además de grandes herbívoros que aprovechan las crecidas estacionales.

Copernicus describe el Okavango como un humedal capaz de reducir el riesgo de sequía. Sus pantanos permanentes cubren unos 15.000 kilómetros cuadrados y pueden expandirse mucho más durante las inundaciones.

El sistema no pertenece solo a Botswana. OKACOM recuerda que la cuenca Cubango-Okavango atraviesa Angola, Namibia y Botswana, con cabeceras en las tierras altas angoleñas y un valor transfronterizo evidente.

Ese carácter compartido lo vuelve especialmente sensible. Lo que ocurra aguas arriba, en Angola o Namibia, puede alterar la cantidad y la calidad del agua que llega después al delta botsuano.

La comisión de cuenca advierte de que futuros desarrollos, como presas hidroeléctricas o grandes regadíos, podrían afectar a los caudales. La conservación del Okavango depende de decisiones tomadas a cientos de kilómetros.

El río también sostiene vidas humanas. La FAO recoge que la cuenca es importante para poblaciones locales, turismo, pesca, recursos vegetales y comunidades que dependen directamente de sus servicios ecológicos.

Botswana no solo contiene un río que no desemboca en el mar. Contiene el final de una cadena hidrológica que convierte agua llegada de Angola en uno de los grandes refugios naturales del Kalahari.