El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press

Ciencia

España cambia las normas del oro urbano: recupera plata y cobre de la basura electrónica para reducir nuevas minas

El oro urbano gana peso en la estrategia española: reciclar móviles y aparatos electrónicos puede reducir la presión sobre nuevas minas.

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Las claves

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España impulsa el reciclaje de basura electrónica para recuperar metales valiosos como plata y cobre, en línea con el nuevo Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2025-2035.

El proyecto RC-Metals, liderado por el CENIM-CSIC, utiliza tecnología metalúrgica avanzada para extraer metales de interés de residuos electrónicos.

La Unión Europea busca que para 2030 al menos el 25% de las materias primas estratégicas provengan del reciclaje, reduciendo la dependencia de terceros países.

A pesar de estos avances, el reciclaje documentado de basura electrónica sigue siendo bajo en comparación con el crecimiento de los residuos generados.

España empieza a mirar la basura electrónica como algo más que un problema ambiental. Móviles, ordenadores, placas, cables y pequeños electrodomésticos esconden metales valiosos que ahora se han convertido en una pieza estratégica para la industria.

El giro encaja con el nuevo Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2025-2035, aprobado por el Gobierno para orientar la política de residuos, corregir deficiencias y mejorar los resultados ambientales durante la próxima década.

Dentro de ese plan, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos tienen un papel propio. El Ministerio para la Transición Ecológica señala objetivos más ambiciosos para preparar estos residuos para la reutilización y mejorar su gestión.

La clave está en cambiar la mirada. Los RAEE ya no son solo “chatarra tecnológica”: contienen cobre, plata, oro, platino, paladio y otros materiales presentes en circuitos, conectores, soldaduras, baterías y componentes electrónicos.

Recuperarlos permite reducir parte de la presión sobre nuevas minas y aprovechar metales que ya están dentro de la economía. No elimina la extracción, pero sí ayuda a que cada móvil abandonado deje de ser un recurso perdido.

Bruselas busca depender menos de terceros países

La Unión Europea también ha marcado el camino. El Reglamento de Materias Primas Fundamentales fija que, para 2030, la capacidad de reciclado europea pueda producir al menos el 25% del consumo anual de materias primas estratégicas.

El objetivo no es menor. Bruselas busca depender menos de terceros países, reforzar su autonomía industrial y cerrar una brecha que afecta a sectores como baterías, electrónica, renovables, defensa, automoción y redes eléctricas.

España ha sumado a esa estrategia una pieza tecnológica con gancho. El CENIM-CSIC lidera el proyecto RC-Metals, una planta piloto destinada a recuperar metales de interés a partir de residuos electrónicos mediante tecnología metalúrgica avanzada.

La imagen es casi la de una mina urbana en miniatura. En lugar de abrir una montaña, el proceso trabaja con placas y residuos electrónicos en un horno de lanza sumergida, diseñado para fundir y separar materiales valiosos.

La percha científica está en la metalurgia. A temperaturas superiores a 1.200 ºC, los materiales se separan por sus propiedades físicas y químicas, de modo que una placa electrónica puede transformarse en fuente secundaria de cobre, plata o platino.

No es magia, sino ingeniería aplicada a un problema creciente. El Global E-waste Monitor 2024 calcula que el mundo generó 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022 y que podría alcanzar 82 millones en 2030.

El mismo informe advierte de que el reciclaje documentado no crece al mismo ritmo que los residuos. En 2022, solo el 22,3% de la basura electrónica fue recogida y reciclada formalmente, según el sistema europeo RMIS.

España no está al margen de esa ola. Paneles fotovoltaicos, baterías, móviles, ordenadores y pequeños aparatos irán engordando un flujo de residuos tecnológicos que exige mejores puntos de recogida, trazabilidad y plantas especializadas.

La comparación con la minería tradicional es inevitable, pero conviene hacerla con cuidado. El reciclaje puede aliviar la demanda y reducir impactos, aunque la transición energética seguirá necesitando materias primas y nuevas decisiones industriales difíciles.

La novedad está en cambiar la pregunta. Ya no se trata solo de dónde abrir minas, sino de cuánto metal estamos tirando cada año en cajones, puntos limpios mal usados o circuitos que nunca llegan a tratamiento adecuado.