Imagen de archivo de un menor durmiendo en la cama.

Imagen de archivo de un menor durmiendo en la cama. EFE Ismael Herrero

Ciencia

Los psicólogos avisan: dormir menos de 10 horas en edades tempranas se asocia con una menor función cognitiva

El déficit de sueño ya no es solo un problema individual, sino que se ha convertido en un asunto colectivo, que afecta a familias y escuelas.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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Dormir menos de 10 horas en la infancia triplica el riesgo de baja función cognitiva a los 6 años, según el Informe FAROS del Hospital Sant Joan de Déu.

El sueño infantil es esencial para la consolidación del aprendizaje y la reparación neuronal, siendo clave para el desarrollo físico, psicológico y emocional.

El uso excesivo de pantallas antes de dormir y los horarios escolares tempranos dificultan el descanso adecuado en los niños.

Establecer rutinas de sueño regulares y ambientes propicios es fundamental para prevenir déficits de descanso y promover un desarrollo saludable.

Es evidente que el déficit de sueño tiene un impacto considerable en nuestra salud. Entre las principales consecuencias aparecen las alteraciones del estado de ánimo, pero también puede afectar a las funciones cognitivas, especialmente si se produce en las primeras etapas de la vida.

De hecho, dormir menos de 10 horas en edades tempranas se asocia con un riesgo tres veces mayor de función cognitiva baja a los 6 años, tal y como recoge el último Informe FAROS, elaborado por el Hospital Sant Joan de Déu (SJD) de Barcelona.

Este exhaustivo documento subraya que el sueño infantil no es un estado pasivo. Consiste en un periodo fundamental donde siempre ocurren procesos vitales indispensables para garantizar la correcta consolidación de todos los aprendizajes y la indispensable reparación neuronal temprana.

Las preocupantes cifras actuales nos muestran que un gran porcentaje de menores españoles sufren carencias crónicas de descanso. Los expertos advierten que las alteraciones derivadas impactan profundamente tanto en la salud física como en la salud psicológica y emocional.

Sueño, móviles y atención

El cansancio prolongado deteriora rápidamente la atención sostenida de los más pequeños. Además, afecta negativamente la memoria operativa y la capacidad general para lograr mantener una concentración adecuada frente a cualquier tarea escolar que deban realizar todos los días.

Cuando un bebé o un niño pequeño no descansa suficientemente, ciertas áreas cerebrales vinculadas al procesamiento emocional sufren importantes bloqueos. Estos bloqueos pueden provocar conductas impulsivas, irritabilidad constante y una peligrosa y marcada vulnerabilidad ante la temida ansiedad infantil.

Los pediatras especializados constatan que estas manifestaciones fisiológicas y conductuales suelen malinterpretarse por las familias y los docentes. Con demasiada frecuencia, atribuyen los problemas a trastornos por déficit de atención, ignorando que la verdadera raíz es el terrible agotamiento.

Muchos hábitos cotidianos de la vida moderna están boicoteando las horas necesarias de sueño infantil. El uso excesivo de pantallas digitales luminosas antes de dormir resulta especialmente perjudicial porque inhibe la producción natural de melatonina en todos los niños.

Esta potente luz azul emitida por dispositivos móviles retrasa considerablemente el momento exacto en que los menores logran conciliar el sueño profundamente. Esto termina agravando la gran discrepancia existente entre las horas necesitadas y las realmente dormidas cada noche.

Otro de los grandes retos analizados en la investigación es el desajuste entre los ritmos biológicos infantiles y las exigencias sociales. Los tempranos horarios escolares dificultan enormemente que los jóvenes puedan disfrutar del descanso que verdaderamente necesitan para crecer.

Establecer rutinas muy estables resulta crucial para combatir este importante déficit de manera eficaz. Los mejores expertos aconsejan firmemente acostar y levantar a los niños siempre a la misma hora, incluso durante los ansiados fines de semana totalmente libres.

Mantener unas habitaciones oscuras y silenciosas puede favorecer notablemente una recuperación física completa y adecuada. Estas sencillas prácticas preventivas no son únicamente pequeñas sugerencias sin importancia, sino auténticas medidas imprescindibles para garantizar un saludable desarrollo humano y también mental.

Garantizar un descanso verdaderamente reparador necesita dejar de concebirse como un objetivo utópico inalcanzable. Transformarlo en una firme política sanitaria pública permitirá finalmente salvaguardar el delicado bienestar presente y futuro de todas nuestras próximas y nuevas generaciones.