Manglar.
Cuba da una lección a España: restaura manglares y humedales para proteger a 1,3 millones de personas del mar
Cuba cambia el hormigón por naturaleza para frenar el avance del mar: el proyecto Mi Costa busca proteger 24 comunidades vulnerables.
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Cuba ha elegido una respuesta poco espectacular, pero muy inteligente, frente al avance del mar: no levantar solo hormigón, sino recuperar los ecosistemas que ya funcionaban como escudo natural antes de que la costa se urbanizara.
El proyecto se llama Mi Costa y busca reforzar la resiliencia climática del litoral sur cubano mediante manglares, bosques pantanosos y humedales. La actuación cubre 1.300 kilómetros de costa y 24 comunidades vulnerables.
La cifra que explica su dimensión es enorme: 1,3 millones de personas se beneficiarán directamente de esta estrategia de adaptación. No hablamos de una obra aislada, sino de un plan territorial pensado para varias décadas.
La idea de fondo es sencilla: si el mar gana terreno, la costa no puede defenderse solo desde la ingeniería clásica. Cuba apuesta por la adaptación basada en ecosistemas, es decir, usar la naturaleza como infraestructura climática.
El proyecto está apoyado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo Verde para el Clima. La financiación inicial aprobada por el GCF fue de 23,9 millones de dólares para impulsar esta estrategia costera.
Evitará inundaciones
La escala ecológica también impresiona. Mi Costa prevé restaurar 11.427 hectáreas de manglares, 3.088 hectáreas de bosques pantanosos y 928 hectáreas de herbazales de ciénaga en el litoral sur cubano.
Esa recuperación debería mejorar, además, 9.287 hectáreas de pastos marinos y 134 kilómetros de crestas de arrecifes coralinos. Es decir, no se actúa solo en la orilla, sino en todo el sistema costero.
Los manglares no son simples árboles al borde del agua: sus raíces reducen la energía de las olas, retienen sedimentos, frenan la erosión y amortiguan temporales.
Un estudio publicado en Scientific Reports calculó que los manglares evitan más de 65.000 millones de dólares anuales en daños por inundaciones y protegen a más de 15 millones de personas en todo el mundo.
El caso cubano es especialmente sensible porque el problema no llega en abstracto. El Fondo Verde para el Clima describe comunidades con casas demasiado cerca del mar, manglares degradados, inundaciones recurrentes y salinidad en suelos y pozos.
La lección para España no está en copiar el modelo de forma literal, sino en entender el cambio de enfoque. Con tres mares presionados por temporales, urbanización y subida del nivel del mar, la costa ya no es solo turismo.
Mi Costa tampoco se limita a plantar árboles. El programa incluye seguimiento ambiental, sistemas de alerta temprana y trabajo comunitario, con el objetivo de capacitar al 60% de la población de los municipios implicados.
La apuesta cubana tiene algo de regreso al sentido común. Donde antes se talaron manglares o se ocupó terreno demasiado cerca del agua, ahora se intenta reconstruir una defensa viva, lenta, imperfecta, pero coherente.