Imagen de archivo de un muro marítimo.
Italia desafía a España: levanta un muro marítimo de 70 megabloques para barcos de más de 400 metros de eslora
Génova desafía a los grandes puertos europeos con una obra mar adentro: 6,2 kilómetros de rompeolas sobre fondos de hasta 50 metros.
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Italia quiere devolver a Génova al mapa de los grandes puertos europeos con una obra difícil de ocultar: una nueva Diga Foranea de 6,2 kilómetros, levantada mar adentro y apoyada sobre fondos que alcanzan los 50 metros.
No es un simple muro contra las olas. El proyecto se concibe como una barrera offshore, separada de la costa, capaz de redibujar los accesos marítimos del puerto y ampliar el espacio de maniobra para los grandes buques.
La clave está en el tamaño de los barcos que podrán entrar. La documentación técnica de Webuild señala que el nuevo rompeolas permitirá recibir portacontenedores de más de 400 metros de eslora y 60 metros de manga.
Ahí aparece el pulso con España. Webuild recuerda que el rompeolas de Algeciras figura como una gran referencia europea por su profundidad, con unos 40 metros, pero Génova aspira a alcanzar los 50 metros.
La comparación no es menor, porque los puertos ya no compiten solo por posición geográfica. En el comercio marítimo actual pesan también la profundidad, los canales de acceso, la seguridad de maniobra y la capacidad de recibir gigantes flotantes.
Una referencia para el Mediterráneo
La escala de la obra explica por qué se habla de megabloques. La nueva barrera se está construyendo con cajones celulares de hormigón, piezas prefabricadas que flotan, se transportan al mar y después se hunden en posición.
Cada cajón puede alcanzar dimensiones propias de un edificio: hasta 33 metros de alto, 30 metros de ancho y 67 metros de largo, según la información técnica del proyecto. No son bloques; son estructuras completas.
El avance ya es visible. Webuild informó el 28 de abril de 2026 de la instalación del cajón número 20, un hito que llevó la estructura construida a unos 900 metros de longitud.
La operación resume la dificultad del proyecto. Detrás hay más de 500 días de trabajos submarinos y una flota de 60 barcos coordinados para fabricar, mover y colocar estas piezas en pleno Mediterráneo.
La parte más delicada está bajo el agua. Antes de colocar los cajones, el fondo marino debe prepararse como una enorme cimentación sumergida, con material rocoso, compactaciones y trabajos de precisión en un entorno cambiante.
La lectura económica también es clara. El Banco Europeo de Inversiones aprobó en septiembre de 2025 una financiación aproximada de 300 millones de euros para una obra cuyo coste total se estima en 937 millones.
El BEI justifica la inversión por su impacto en la maniobrabilidad y la seguridad marítima. La ficha del proyecto habla de canales de acceso más amplios, más espacio de giro y entrada para buques de mayor tamaño.
La dimensión ambiental entra en la obra con cautela. Webuild asegura que se aplican controles acústicos y visuales durante los traslados de cajones, con registros de cetáceos y fauna marina dentro del seguimiento del proyecto.
Génova busca así algo más que protegerse del oleaje. Italia está construyendo una infraestructura para ganar peso logístico en el Mediterráneo, competir con los grandes nodos europeos y adaptarse a barcos cada vez más grandes.