La isla de Tabarca.
Parece Grecia, pero es España: una isla de casas blancas rodeada de valiosos fondos marinos protegidos
La única isla habitada de la Comunitat Valenciana se recorre a pie en menos de dos kilómetros y conserva un núcleo amurallado del siglo XVIII.
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Tabarca parece una isla pensada para desmontar el mapa mental del verano. Frente a la costa de Alicante, su núcleo de casas claras, murallas, callejas y mar abierto invita enseguida a compararla con ciertos paisajes griegos.
La comparación funciona por la imagen, pero también por la escala. La isla mide aproximadamente 1.800 metros de largo y unos 400 metros de anchura máxima, según Turismo de Alicante, de modo que se recorre muy bien a pie.
No hace falta coche ni grandes desplazamientos para entender el lugar. Basta caminar entre el caserío, la iglesia, las puertas de la muralla, las calas y el borde marino para notar esa sensación de isla pequeña y cerrada sobre sí misma.
Tabarca, además, no es solo una postal luminosa. La Comunitat Valenciana recuerda que su conjunto histórico tiene origen en el siglo XVIII y conserva partes importantes de la muralla, además de accesos, calles pequeñas y plaza central.
Esa trama amurallada explica buena parte de su personalidad. El blanco de las fachadas, el contraste con el azul del Mediterráneo y la ausencia de grandes volúmenes urbanos refuerzan esa imagen de enclave limpio, casi aislado del continente.
Una reserva de posidonias
Pero el verdadero valor de esta zona está también bajo el agua. La isla dio nombre a la primera reserva marina de interés pesquero creada en España, establecida en 1986 a partir de un estudio de la Universidad de Alicante.
La Moncloa recuerda que la Reserva Marina de la Isla de Tabarca es la más veterana de la red española y protege 1.754 hectáreas alrededor de la isla, frente a las costas de Santa Pola.
No destaca solo porque parezca una isla griega en miniatura, sino porque su belleza superficial depende de un ecosistema submarino protegido desde hace casi cuatro décadas.
Los fondos de la reserva albergan praderas de Posidonia oceanica, una planta marina esencial para la salud del Mediterráneo. El CSIC recuerda que su protección fue uno de los objetivos centrales al crear la reserva.
La posidonia no es un simple decorado submarino. Sus praderas ayudan a oxigenar el agua, dan refugio a peces e invertebrados, estabilizan sedimentos y contribuyen a esa transparencia que muchos visitantes asocian con las mejores calas mediterráneas.
Por eso la isla funciona como algo más que una excursión de baño y arroz junto al mar. Quien hace snorkel o bucea en sus aguas se asoma a un espacio donde turismo, pesca artesanal y conservación llevan décadas intentando convivir.
El Ministerio para la Transición Ecológica destaca que en la reserva se desarrollan actividades de conservación e investigación, y señala que la recuperación de la fauna y la flora submarinas resulta evidente en la zona protegida.
También conserva una singularidad geográfica muy potente. Turismo de Alicante la presenta como la única isla habitada de la Comunitat Valenciana, un rasgo que la distingue dentro del litoral español y refuerza su carácter de escapada especial.