Una tortuga nadando entre residuos plásticos.
Suiza da una lección a España: advierte del mineral de origen humano que ya contamina el océano más remoto
La firma química del zinc apunta a combustión de combustibles fósiles y producción de metales no férreos transportados miles de kilómetros por la atmósfera.
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La contaminación industrial ya no se queda junto a fábricas, puertos o grandes ciudades. También ha llegado al Pacífico Sur remoto, una de las regiones oceánicas que durante años se ha usado casi como sinónimo de mar intacto.
Un estudio liderado por investigadores de ETH Zúrich y GEOMAR ha detectado zinc de origen humano en la capa superficial de ese océano. Lo más llamativo es que, en algunas zonas, esa señal ya supera a las fuentes naturales.
El trabajo, publicado en Communications Earth & Environment, analizó partículas marinas recogidas durante la campaña GEOTRACES GP21. Los científicos usaron isótopos de zinc para distinguir si el metal procedía de procesos naturales o de emisiones humanas.
La conclusión es incómoda. La firma isotópica del zinc hallado en el Pacífico Sur remoto encaja con aerosoles atmosféricos generados por actividades industriales, especialmente combustión de combustibles fósiles y producción de metales no férreos.
Dicho de otra forma: partículas emitidas en tierra pueden viajar miles de kilómetros por la atmósfera, caer sobre el océano y modificar la química de una región situada muy lejos de los grandes focos industriales.
Contaminación global
No hablamos de plásticos visibles flotando en la superficie ni de un vertido costero, sino de una contaminación mucho más invisible: polvo metálico transportado por el aire hasta mar abierto.
El zinc no es un metal cualquiera en el océano. Es un micronutriente esencial para muchos organismos marinos, incluido el fitoplancton, que lo utiliza en procesos biológicos básicos. El problema aparece cuando su origen y su ciclo natural se alteran.
ETH Zúrich subraya que, en la capa superior del Pacífico Sur remoto, las trazas de zinc natural apenas se distinguen frente al zinc de origen humano. Esa dominancia convierte el hallazgo en una señal clara de contaminación global.
El estudio también ayuda a resolver un enigma químico. Desde hace tiempo, los investigadores observaban una señal de zinc isotópicamente “ligero” en aguas superficiales de baja latitud, pero no estaba claro si procedía de procesos oceánicos o humanos.
La nueva investigación apunta con fuerza a la segunda opción. Al comparar partículas marinas y aerosoles atmosféricos, el equipo encontró una coincidencia que conecta esa anomalía con emisiones industriales transportadas a larga distancia.
Eso cambia la manera de mirar el Pacífico Sur. Una región considerada remota, oligotrófica y relativamente prístina aparece ahora atravesada por una huella química industrial que no necesita barcos cerca ni ciudades en la orilla.
La importancia científica va más allá del zinc. El hallazgo demuestra que los océanos más alejados pueden recibir contaminantes por rutas atmosféricas difíciles de percibir, pero capaces de alterar ciclos biogeoquímicos fundamentales.
Los autores no afirman que el ecosistema del Pacífico Sur haya colapsado por esta causa. Lo que plantean es más sutil y quizá más inquietante: un metal esencial para la vida marina está circulando con una procedencia alterada por la industria humana.