Aleix Hildebrandt es psicólogo especialista en depresión y ansiedad.

Aleix Hildebrandt es psicólogo especialista en depresión y ansiedad. Instagram

Ciencia

Los psicólogos españoles coinciden: "Cuando te pones enfermo en verano no es por el aire acondicionado"

Al relajarnos tanto en un periodo que el cerebro entiende que es de descanso, bajan los niveles de cortisol y el sistema inmunitario baja su guardia.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Los psicólogos españoles descartan que el aire acondicionado sea la causa principal de las enfermedades durante las vacaciones de verano.

El fenómeno conocido como 'enfermedad vacacional' se debe a la relajación brusca del cuerpo tras periodos prolongados de estrés y exigencia laboral.

Los síntomas habituales incluyen resfriados, migrañas, fatiga extrema y problemas digestivos, que suelen aparecer durante los días de descanso.

Expertos recomiendan reducir el ritmo laboral gradualmente y evitar jornadas maratonianas antes de las vacaciones para minimizar el impacto físico y emocional.

Las vacaciones deberían representar descanso, desconexión emocional y alivio físico tras meses de exigencia laboral. Sin embargo, muchas personas terminan enfermando precisamente durante esos días libres.

El psicólogo Aleix Hildebrandt sostiene que el problema raramente nace del aire acondicionado. Según explica el especialista, el organismo mantiene durante semanas niveles elevados de tensión, cortisol y alerta mental.

Cuando finalmente aparece un periodo prolongado de descanso, el cuerpo relaja sus mecanismos defensivos y deja visible un agotamiento acumulado por responsabilidades.

Esa respuesta fisiológica recibe habitualmente el nombre de enfermedad vacacional, un fenómeno descrito desde hace décadas por investigadores europeos.

Los síntomas suelen incluir resfriados, migrañas, cansancio extremo, problemas digestivos o fiebre leve, especialmente durante los días alejados del trabajo.

Cuál es el detonante

Hildebrandt considera que muchas personas interpretan erróneamente estos episodios porque coinciden temporalmente con viajes, cambios climáticos o habitaciones refrigeradas.

Sin embargo, insiste en que el detonante principal suele encontrarse antes, durante etapas prolongadas marcadas por estrés, sobrecarga y fatiga.

El especialista también advierte sobre la costumbre contemporánea de enlazar vacaciones con expectativas desproporcionadas.

Muchas familias intentan aprovechar cada minuto disponible, organizando desplazamientos intensivos, actividades continuas y horarios exigentes. Esa dinámica termina reproduciendo patrones en un contexto de descanso.

Los expertos en salud mental subrayan que el cerebro necesita transiciones graduales para abandonar rutinas prolongadas de presión.

Pasar abruptamente del trabajo intenso a la inactividad completa puede generar alteraciones inmunológicas, trastornos del sueño y una sensación física generalizada.

Para reducir ese impacto, Hildebrandt recomienda introducir pequeños periodos diarios de desconexión antes del comienzo oficial de las vacaciones.

Dormir adecuadamente, disminuir progresivamente la carga laboral y evitar jornadas maratonianas previas al viaje ayudarían a reducir los síntomas posteriores.

El psicólogo rechaza además la idea extendida de que descansar significa permanecer completamente inactivo durante varios días.

A su juicio, actividades moderadas como caminar, nadar o mantener conversaciones relajadas facilitan una adaptación emocional saludable y favorecen un equilibrio progresivo.

Las declaraciones coinciden con diversas investigaciones recientes sobre estrés laboral y funcionamiento inmunológico. Algunos han observado que los trabajadores sometidos a ritmos intensos presentan dificultades para regular hormonas relacionadas con la inflamación cuando interrumpen sus obligaciones habituales.

En España, donde millones de desplazamientos se concentran durante pocas semanas estivales, los especialistas observan un aumento habitual de consultas médicas relacionadas con infecciones leves y agotamiento. Muchos pacientes atribuyen esos síntomas al transporte, las temperaturas o cambios alimenticios.

Sin embargo, Hildebrandt considera importante abandonar interpretaciones simplistas sobre el bienestar físico durante el verano. El verdadero problema, sostiene, aparece cuando las personas convierten el descanso en una obligación competitiva, incapaces de detener realmente sus niveles de autoexigencia emocional.

El experto insiste además en la necesidad de reconocer señales tempranas de agotamiento psicológico antes de alcanzar periodos vacacionales. Irritabilidad, dificultades para dormir, dolores musculares frecuentes o falta prolongada de concentración pueden anticipar una respuesta intensa durante el descanso.

Las conclusiones del psicólogo apuntan finalmente hacia una idea recurrente entre especialistas sanitarios contemporáneos: descansar no consiste únicamente en detener la actividad laboral. También implica aprender a reducir la presión acumulada durante meses para evitar enfermedades físicas posteriores innecesarias.