Imagen de archivo de la playa de Boa Viagem, en la ciudad de Recife (Brasil).

Imagen de archivo de la playa de Boa Viagem, en la ciudad de Recife (Brasil). Diego Nigro EFE

Ciencia

Los científicos coinciden: la corriente atlántica se acerca a un punto de no retorno y serán irreversibles las consecuencias

El clima europeo depende significativamente de la corriente del Atlántico Norte; sin embargo, su ralentización progresiva está llegando a un punto casi irreversible.

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Las claves

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La corriente atlántica AMOC se está debilitando y podría alcanzar un punto de no retorno, con consecuencias irreversibles para el clima global.

Este sistema transporta calor desde los trópicos al Atlántico Norte, manteniendo el clima templado en Europa; su colapso provocaría inviernos más fríos y alteraciones climáticas.

El deshielo de Groenlandia y el aumento de agua dulce en el Atlántico Norte dificultan el hundimiento del agua, poniendo en peligro el funcionamiento de la AMOC.

Los efectos posibles incluyen enfriamiento regional en Europa, subida del nivel del mar en Norteamérica, cambios en lluvias y monzones, y mayor frecuencia de fenómenos extremos.

Europa disfruta de un clima relativamente templado por una razón que rara vez aparece en las conversaciones del día a día: una gigantesca cinta transportadora oceánica que mueve el calor desde las zonas tropicales hacia el Atlántico Norte.

El sistema, conocido como AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation en sus siglas inglesas), lleva décadas debilitándose y ralentizándose. Y ahora, según varios informes científicos, el asunto se está volviendo cada vez más serio, rozando el "punto de no retorno".

No se trata de ciencia ficción, ni se producirá un colapso repentino que pueda recordarnos a películas como 'El día de mañana', sino más bien de algo más progresivo.

Y, a su vez, el resultado será potencialmente irreversible durante siglos o incluso milenios. Una vez cruzado cierto límite, la maquinaria oceánica podría reorganizarse de forma abrupta y no recuperar su estado previo hagamos lo que hagamos.

El "motor térmico" del clima del norte de Europa

La AMOC es similar a un inmenso circuito oceánico: transporta agua cálida y salada desde el trópico hasta el norte del Atlántico. Allí, el agua se enfría, aumenta su densidad y se hunde hacia las profundidades, regresando lentamente hacia el sur.

Ese intercambio tan "simple" ayuda a redistribuir enormes cantidades de calor y ayuda a estabilizar el clima global. Sin él, ciudades europeas situadas a la misma latitud que Canadá tendrían inviernos mucho más extremos.

El problema es que el enorme sistema depende de delicados equilibrios de temperatura y salinidad.

El deshielo acelerado de Groenlandia y el aumento de precipitaciones están dando lugar a grandes cantidades de agua dulce en el Atlántico Norte, y esa agua dulce es la misma que dificulta el hundimiento que mantiene en marcha todo el circuito. En consecuencia, el océano está perdiendo fuerza.

Durante años, el consenso climático consideró improbable un colapso completo de la AMOC antes del año 2.100. Sin embargo, recientes investigaciones sugieren que los modelos habrían infravalorado su fragilidad.

De hecho, un informe publicado por instituciones nórdicas durante el presente año 2026 advierte de que los países del norte de Europa deben prepararse para escenarios de debilitamiento severo de esta circulación atlántica, incluyendo alteraciones climáticas abruptas, impactos en la agricultura, pesca, infraestructuras y seguridad energética.

Recordemos que el lenguaje científico suele ser prudente, por lo que es especialmente significativo que aparezcan términos como "tipping point", "loss of stability" o "irreversible transition" en artículos científicos; cuando se da el caso, es momento de preocupación.

De hecho, aunque suene paradójico, un planeta más cálido podría llegar a provocar inviernos más fríos en estas zonas de Europa; a su vez, un debilitamiento extremo de la AMOC alteraría patrones atmosféricos y las lluvias de ambos hemisferios.

Los modelos apuntan a posibles efectos como:

- Enfriamiento regional del norte de Europa.

- Subida acelerada del nivel del mar en la costa este de Norteamérica.

- Cambios en las lluvias tropicales y alteraciones de los monzones.

- Reducción de productividad marina y pesquera.

- Mayor frecuencia de fenómenos extremos.

La AMOC no es solo una corriente marina, sino que forma parte de una red global de intercambios de calor, carbono y nutrientes. Su debilitamiento puede amplificar otros desequilibrios climáticos ya en marcha.

Pero, aunque esté ahora mismo en el centro del debate científico, la gran incógnita sigue siendo cuándo y cómo se producirá el teórico colapso, dado que algunos modelos climáticos sostienen que la circulación aún seguirá debilitándose sin llegar a colapsar durante este siglo.

En contraposición, otros trabajos sí detectan señales de pérdida de estabilidad, llegando a sugerir un posible umbral crítico entre 2037 y finales de siglo si continuamos con las emisiones de carbono actuales.

Sin embargo, nadie puede afirmar con certeza cuándo ocurrirá, a pesar de que el consenso científico actual sugiere que cuanto más se caliente el planeta, mayor será el riesgo de empujar el sistema fuera de su equilibrio actual.